Homenaje
al Capitán de Ultramar Santiago Farell. (Página 246)
Cuando
los dos hermanos Pérez Companc ofrecieron su patriótica y
desinteresada colaboración, también se comprometieron a dotar al
Santa Micaela con el mejor equipo posible, que incluía un poderoso
radar para reforzar el puente de mando y todas las reparaciones y
reacondicionamiento necesarios para que la nave estuviera en las
mejores condiciones operativas posibles.
Un
rubro al que le prestaron preferente atención fue al de la tripulación.
Todos
fueron seleccionados entre lo mejor de esa compañía e, incluso,
reforzados con otros avezados marinos.
Al
frente de ese experimentado plantel, se puso a un sobresaliente y
prestigioso capitán de ultramar, el señor Santiago Farrell, quién
se convirtió en el verdadero héroe de ese epopéyico viaje hasta Bahía
Margarita.
A
su comando estaba una nave que, por mas que había sido preparada para
una travesía en situaciones harto riesgosas, no estaba ni cerca de
calificar para entrometerse enmares traicioneros, plagados de hielos
flotantes, donde habían fracasado tantos otros navegantes antes que
él.
Conciente
de su responsabilidad y de la patriótica motivación de nuestra
empresa, aceptó el desafío poniendo por delante su pericia marinera
y la eficiencia de sus colaboradores para enfrentar los imprevistos de
los mares antárticos.
El
sabía que estaba expuesto a naufragar ante el menor error o por la
confrontación con factores imponderables para los que el barco no
estaba preparado.
En
varias partes de este libro, hemos mencionado su actuación al frente
del Santa Micaela y su llegada a Bahía Margarita.
Quienes
hemos visto actuar a ese capitán en su puente de mando, quienes
fuimos testigos de su seguridad, de su aplomo y de su seguridad en
momentos difíciles, quienes sufrimos y vivimos con él todas sus
inquietudes y lo vimos solucionar uno a uno todos los problemas que se
le fueron presentando, nunca lo olvidaremos.
Además
de ello, su figura firme y enhiesta en su puesto de comando, luchando
contra la furia embravecida de los mares antárticos como un gladiador
ante enemigos superiores, nos transmitía la seguridad de saber que
estábamos en las mejores manos. Al evocarlo, lo hacemos con respeto y
gratitud y lo saludamos como a un digno sucesor de Piedrabuena,
heredero de sus blasones y de sus virtudes marineras.
Neptuno,
el hijo de Saturno y hermano de Júpiter y de Plutón, le abrió
camino y con él, con sus caballos de doradas crines que arrastraban
su carro sobre las olas de los océanos, el capitán Farrell también
condujo al santa Micaela en un viaje en el que no muchos creían.
Esa
debe haber sido su epopeya más heroica, la que le abrió dignamente
el portal de la historia por donde han pasado los mejores
navegantes.
Varios
años después, al comando de la motonave Petromar, encontró la
muerte en una catástrofe sin precedentes en la historia fluvial
argentina.
Su
barco, cargado de petróleo, fue embestido por otro que, en un día de
espesa niebla navegaba en sentido contrario por el Río Paraná.
El
Petromar ardió como una tea interminable a la vista de los pobladores
ribereños que, impresionados, contemplaron por varios días la
consumación de ese desastre.
La
nave quedó totalmente destruida por efecto de las llamas, se
produjeron ingentes pérdidas materiales y, lo que es mucho peor, la pérdida
de preciosas vidas de honestos trabajadores marítimos, entre los que
se encontraba el capitán de ultramar Santiago Farrell, aquel heroico
marino que llevó al Santa Micaela raudamente hasta el sur del círculo
polar.
Su
cuerpo fue encontrado luego de una larga búsqueda en el puente mando,
semi destrozado por las explosiones que destruyeron la nave que
comandaba y calcinado por el fuego.
El
río, tributario de los mares, cobraba en esa forma la intrepidez del
hombre que había paseado el azul y blanco pabellón de la Patria
entre el azul y blanco de mares y hielos polares.
El
homenaje que en estas líneas le tributo es en nombre de todos los que
nos beneficiamos por su arrojo y determinación.
Capitán
Santiago Farrell usted fue una inspiración motivante para quienes lo
conocimos y le rendimos este homenaje con profundo agradecimiento. Sin
usted al comando de esa barcaza de desembarco, nuestra empresa no
hubiera sido posible y las legiones de antárticos argentinos que nos
siguieron habrían visto postergado el cumplimiento de sus patrióticos
anhelos.
Los
doctores Jorge y Carlos Pérez Companc confiaron en usted y simbólicamente,
le dieron la llave para que abriera las puertas del continente blanco
para nosotros. Sin alardes ni petulancias, sin reclamar merecidos
protagonismos, como sólo lo saben hacer los verdaderos grandes,
cumplió su misión. Todos se lo agradecemos.