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¿Qué sentido tiene correr cuando estamos en la carretera equivocada?
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Convertibilidad

devaluación, rebajas de salarios y la productividad?

 
 

    Cuando se hablaba años atrás de instalar la convertibilidad en la Argentina, muchos se oponían. Hoy en día, muchos se oponen a terminar con ella y pasar a un sistema de libre flotación cambiaria. 

    A mediados de 1999 los inversores y empresarios analizaban con preocupación el sostenimiento a ultranza de la paridad 1 peso 1 dólar por parte de los políticos con aspiraciones a la presidencia de la nación. Por esa época, el tema de debate era saber quién y como haría para sacar a la Argentina de la convertibilidad.

    Sería oportuno decir que sin necesidad de salir de la convertibilidad se puede cambiar la paridad 1 a 1. La convertibilidad exige un nivel de  reservas por parte del Banco Central que le permita hacer frente a una eventual corrida cambiaria, o sea que la gente cambie masivamente sus pesos por dólares. Ahora dicho esto, si se mantienen las reservas acorde al circulante monetario, se está manteniendo la convertibilidad. Lo que se cuestiona entonces no es la convertibilidad en sí sino la sobrevaluación del peso.

    Sería necesario entonces cambiar de discusión y analizar la posibilidad de cambiar la paridad cambiaria dejando como en la mayor parte del mundo que la paridad del dólar y el peso sea libre e interactúe con el mercado global?

    Para sostener estrictamente la convertibilidad sólo sería necesario sostener el nivel de reservas acorde al circulante en pesos. Con lo cual el fantasma de la hiperinflación no tendría lugar.

    Asumiendo que la convertibilidad no implica ad-eternun una paridad fija 1 a 1, sino que se puede o debe? dejar una libre flotación,  habría que plantearse que podría suceder con una devaluación del peso.

 Planteo1: si Ud. tiene un crédito en dólares, al día siguiente de una devaluación su salario continuará igual y la cuota de su crédito aumentará, por ejemplo un 20-30%. Su salario sin embargo probablemente por la recesión seguirá igual. Si Ud. tenía una cuota de un crédito por 1000 pesos, tendrá que pagar 200 o 300 pesos más! Agreguemos no sólo las personas han tomado créditos en dólares (incluso para comprar viviendas), sino que también lo han hecho las empresas.

Ante ésta situación el planteo de una devaluación o libre flotación se torna difícil.

 Planteo 2: Es preferible dicen, bajar los costos para que los productos Argentinos sean más competitivos. Pero bajar los costos significa también, rebajas en los salarios, lo cual a los mismos tomadores de crédito les significa en el mejor de los casos 200 o 300 pesos menos de sus ingresos y la cuota de su/s crédito/s continuará igual, esto es 1000 pesos según el ejemplo anterior.

Sin embargo en un análisis muy simple, a pesar de que parecen similares en sus consecuencias ambos planteos 1 y 2, no lo son en realidad.

    En ambos planteos (1 y 2) se mejora la competitivad para los productos argentinos, lo cual serviría para combatir la recesión en que se halla semisumergida la Argentina. Sin embargo, en el planteo 1 tanto las empresas tomadoras de crédito como las personas deberán pagar más en sus cuotas crediticias. En cambio en el planteo 2, sólo los asalariados deberán ajustar sus presupuestos familiares debido a las rebajas salariales. Si las empresas y las personas soportan el peso del planteo 1 (devaluación) y los trabajadores soportan el peso del planteo 2, parece lógico que será menos dura una devaluación repartida entre todos que una rebaja salarial repartida entre los asalariados.

    De todos modos, poco importa, ya que si las reservas de la Argentina por su recesión caen a niveles críticos (la mitad del monto histórico) la convertibilidad ya no será una cuestión de opción dejarla o no, sino que deberá buscarse rápidamente la forma de amortiguar el cimbronazo económico, social y político de tener que devaluar por imperio de una recesión intolerable. 

    En 1999 se opinaba que había dos opciones: los salarios o la paridad cambiaria, a lo que había que sumarle un gasto público congelado hasta lograr crecimiento. Lo que no puede hacerse es no escoger una de ambas. Claro que existe otra posibilidad, no hacer nada y que por milagro el dólar estadounidense se devalúe ante el euro o el yen. Eso mejoraría la competitividad de los productos Argentinos y por ende el nivel de ingresos, pero no mejorará la productividad en forma inmediata. Pero para que hacernos problemas, es tan poco probable que un país con un crecimiento sostenido en los últimos 4 años tenga que devaluar. Además, no hay que desearle cosas malas al prójimo.

    Hoy por hoy, sabemos que la elección se ha tomado por el lado de los salarios y gastos superfluos, pero cuanto dura eso y que costo político tiene? O es que alguien creyó que la muerte de la rana que cae en agua hirviendo es muy diferente a la muerte de la rana que cae en agua que se calienta progresivamente hasta hervir?

    El problema es la toma de decisión y el costo político de sus consecuencias, pero ambas tienen consecuencias. Cuando Menem insistía con la dolarización, lo hacía porque ante una devaluación, ya no habría corrida cambiaria, nadie iría a comprar dólares, ya que el circulante sería esa moneda, no existiría la sobrevaluación del peso. Menem intuía  el futuro e intentó desplegar un paracaídas, que no le fue autorizado. Desde Estados Unidos se comentó que sería poco probable que dicha Nación avalara esa actitud. Todo esto me hace recordar un poco a la resistencia a instaurar la convertibilidad hace muchos años atrás. Pero recordando la receta, la clave está en mejorar la productividad del país, y ni la devaluación ni la rebaja de salarios asegura per se una mejora en la productividad. Mientras los Argentinos continúan con el mismo nivel de productividad, el resto de los países desarrollados la aumenta, y viviendo en un mundo globalizado, aumenta el abismo. La baja productividad, impide que el mercado laboral se amplíe disminuyendo la desocupación que las reformas del Estado requieren.

    Para resolver la baja productividad comparativa con otros paises, Argentina necesita hacer énfasis en la Educación, en la transparencia del Estado y de las Empresas y en una fuerte vocación de que todos los ciudadanos, gobernantes inclusive, respeten las leyes y que las mismas sean iguales para todos. 

Comentario remitido por: Cdor. Daniel Balihaut, 22/04/00

Si bien resulta interesante el planteo reflejado en el artículo de vuestra autoría, quisiera dejar asentadas algunas observaciones con el ánimo de contribuir a la discusión acerca de la (¿trampa?) de la convertibilidad de la moneda en nuestro país.
1) En el análisis de las alternativas se deja establecido (planteo 2)que la rebaja de costos vía aumento de la productividad implica en sí mismo una rebaja del nivel de ingresos del sector asalariado que repercutiría de la misma forma que una devaluación del peso. Creo que no necesariamente una mayor productividad se obtiene a partir de ello. Políticas tales como la capacitación del RRHH, incorporación de nuevas tecnologías y procedimientos, así como la virtual eliminación de la sub-utilización de la capacidad ociosa, devienen inevitablemente en una ganancia en términos de productividad. Prueba de ello fue lo acontecido en el primer lustro de los `90 en nuestro país, en donde el explosivo aumento del PBI fue de la mano con un aumento en el ingreso per cápita.
De hecho, ese fue el argumento que utilizó el ex-ministro Cavallo ante los embates de lo lobbystas empresarios durante toda su gestión cuando se le reclamaba alguna suerte de ventaja en términos de intercambio en relación a sus competidores externos.
2) Por otro lado, ante una eventual devaluación del peso, no debemos desdeñar las implicancias que tiene esta medida en:
2.a) El nivel gral. de precios. Es sabido que una devaluación tiene efectos inflacionarios al interno de una economía, desde que un exportador va a requerir en el mercado interno al menos el mismo valor en pesos que ahora obtiene en el mercado externo.
2.b) La inestabilidad en los términos de intercambio al final de los sucesivos reacomodamientos monetarios. Es decir, resulta lógico pensar que si la Argentina devalúa un 20% Brasil reaccionará en igual o mayor medida que el shock inicial recibido; y así también los demás países que pudieran sentirse afectados en alguna medida ante una variación sustancial en sus propios términos de intercambio. Esto producirá un efecto análogo en un conjunto de economías tal que nada garantiza que la situación al final del cuento termine siendo beneficiosa para el que pegó primero. Dicho de otra manera, existe algún grado de probabilidad de que le salga el tiro por la culata, con el agravante del descrédito internacional producto de este intento "artificial" de mejorar la competitividad. Recordemos que no todos los países actúan de forma tan ingenuamente neutral como el nuestro ante la devaluación de la moneda brasilera, un shock externo que nos costó una pérdida posición cambiaria en relación a los "Cardozo´s boys" de casi un 40%.
Como verás, la situación no resulta tan sencilla, desde mi modesto modo de ver, como puede demostrarnos la experiencia brasilera del último año.
La ganancia de competitividad resulta esencial en los tiempos de economía mundializada que nos toca vivir, con lo cual volvemos al comienzo de la discusión cuando te planteaba el tema de la trampa de la convertibilidad en nuestra economía.
Coincido plenamente contigo en que la paridad 1 a 1 es ciertamente innecesaria y que de a poco se deben ir buscando los mecanismos (y los momentos políticos) para ir escapando de la rigidez del esquema, aunque ciertamente no soy optimista en el corto plazo.

 

 

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Chiste de hoy

50 años no es nada.... Dos viejitos estaban en el patio de su casa tomando mate y de pronto la viejita le pega un sopapo fenomenal al viejito que lo tira al piso, le hace volar la gorra, los anteojos y el mate. El viejito, arrastrándose, va juntando cosa por cosa y, balbuceando, ensaya una pregunta: _ Pero vieja... ¿por qué hiciste esto? A lo que la viejita responde: _ Por 50 años de mal sexo! Siguen tomando mate y al rato el viejito, que se había quedado pensativo, le encaja un bofetón a la vieja que la desparrama por el piso, se le cae el mate, la pava, la yerbera, pierde los anteojos, se le sale la dentadura y mientras va recogiendo todo pregunta: _ Y ahora vos viejo, ¿por qué me pegas? El viejito, sin mirarla, le contesta: _ Donde aprendiste la diferencia vieja de mierda?

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