Busca Personas o escribi una página aqui !! Busca Personas o escribi una página aqui !! Historia Clínica Historia Clínica Cementerio Virtual Sé columnista de Alfinal.com

Buscar por Tema

En la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias. Robert Green Ingersoll
Avisar de ésta página a un amigo Enviar página a un amigo        PUBLICAR UN COMENTARIO DE ESTA PAGINA Envía un comentario sobre éste artículo


 

La Doctrina Truman

 


El imperialismo norteamericano siguió su camino durante todo el período de guerras y entreguerras, y fue reafirmándose a escala mundial cada día más. Así, por ejemplo, la intervención en conflictos de carácter interior (como fue la guerra de Vietnam) generaba una dependencia de los partidos políticos locales de la providencia norteamericana.
 
“La doctrina Truman especificó las condiciones del liderazgo norteamericano a escala mundial, e hizo un esfuerzo para sumar al Congreso a su punto de vista. La esencia de la posición radicaba en el conflicto ideológico y de modos de vida, y a través de ella se hacían los movimientos geopolíticos de su nuevo adversario. Si bien, como Kennan deseaba, el subsecretario de Estado, Dean Acheson aseguró que las intervenciones no sentarían precedentes y se negó a apoyar a Checoslovaquia y a Chiang-Kai-Sek en China. La caída de China, la guerra de Corea y la aparición del marcarthismo eliminarían el sutil margen de maniobras de la política exterior.” (Gonzales Chiaramonte 2003 : 290).
 
Asimismo, la relación directa de los Estados Unidos con organismos internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, hacían más fácil la presión económica en los países desfavorecidos.
 
“(...)Estados Unidos emergió como la única potencia que había desarrollado, y podía sostener, el liderazgo de los países capitalistas. Su fabuloso desarrollo y su capacidad financiera ilimitada hasta le permitieron tener voz dominante en el diseño del mundo económico que seguiría. La experiencia acumulada permitió a los conductores de esta política asegurar el antiguo objetivo de expansión del capitalismo por todo el mundo, quebrando las viejas barreras coloniales y amenazando desbordar a los países que se mantenían fuera de ese sistema.” (Gonzáles Chiaramonte 2003 : 296).
 
De todas maneras, la participación en una guerra, o la provocación de una, debían estar bien fundamentadas, pero sobre todo, debía haber un fuerte apoyo de la sociedad norteamericana. Esta idea de que los Estados Unidos siempre realizaba lo correcto pocas veces entró en duda, pero cuando lo hacía generaba una reestructuración de las políticas norteamericanas acerca de la intervención y la justificación utilizada. La Guerra de Vietnam fue un momento de tensión entre la opinión pública estadounidense y los intereses imperialistas del Estado norteamericano.
 
“Si bien la visión del gobierno estadounidense había logrado legitimar la participación y el envío de soldados y armamentos a Vietnam en la sociedad norteamericana y occidental, hacia 1967 estaba empezando a desintegrarse. Este cambio en la percepción de la guerra por parte de la sociedad norteamericana tenía sus fundamentos en la estructura social y política interna, así como en el eje externo. En el inicio de la década del ’60 Estados Unidos estaba en la cima de la ola de prosperidad, la tasa de ganancia seguía creciendo, el desempleo era un problema sepultado, los salarios seguían elevándose, el acuerdo entre el capital y el trabajo estaban dando sus frutos, la educación se había expandido y se estaba desarrollando plenamente el programa de “Guerra contra la pobreza”, iniciado durante el gobierno de John F. Kennedy y desplegado durante la presidenta de Lindón Jonson.” (Dorado 2003 : 451)
 
El cambio en la percepción de los conflictos por parte de la sociedad norteamericana a partir del conflicto en Vietnam, fue advertido desde la historiografía actual como un hecho significativo:
 
“A partir de 1967, y sobre todo luego de la Ofensiva de Tet de 1968, la sociedad norteamericana empezó a desconfiar respecto al logro de una victoria rápida en el conflicto, y muchos se cuestionaban las posibilidades reales de vencer; al mismo tiempo que se iba generando una sensación de que en esta pelea los norteamericanos no eran los buenos. Se iba desvaneciendo el manto de protector del mundo que tan bien había funcionado como legitimador en la posguerra. Pero a pesar de que ésta era la sensación que iba primando dentro de la sociedad norteamericana, el gobierno de Estados Unidos seguía justificando su presencia en Vietnam y veía como algo imposible y deshonroso abandonar al pueblo sureño de Vietnam” (Dorado 2003 : 451).
 
 No cabe duda de que el desarrollo del conflicto en Vietnam, y los resultados “poco alentadores” que se sucedieron, produjeron en la sociedad y en el Estado norteamericanos un cambio de perspectiva sobre la guerra.
 
 
4. El mundo del trabajo
 
En pleno siglo XIX, las transformaciones provocadas por la economía capitalista en Europa occidental acarrearon cambios sociales que pusieron de manifiesto grandes desigualdades en la distribución de las riquezas. A partir de esa realidad, quienes trabajaban en minas y fábricas comenzaron a luchar por la defensa efectiva de sus intereses, y así dieron nacimiento al movimiento obrero y posteriormente a una diversidad de movimientos sindicales, por los derechos humanos y luchas de igualdad de género que se desarrollaron con actores y en contextos diferentes. En el seno de la sociedad norteamericana el sindicalismo cobró un sentido especial, pues desde allí se impuso otra idea de “sindicalismo”.
Para ello, se contó con el apoyo de instrumentos como el Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre (AIFLD):
 
“(...) fue fundado por un acuerdo entre el entonces presidente J. F. Kennedy, el secretario general de la AFL-CIO G. Meany, y el empresario J. Peter Grace, y durante sus primeros quince años de vida empleó una variedad de tácticas para promover el modelo sindical y lo que consideraba como “el modelo de vida norteamericano” en América Latina. Sus actividades centrales fueron una intensa propaganda y actividad educativa, combinada con subsidios y diferentes proyectos de “impacto”, como por ejemplo planes de vivienda, préstamos para la construcción de sedes sindicales y dispensarios, y financiamiento para la creación de cooperativas de créditos y bancos sindicales. Uno de los ejes de la labor de la AIFLD fue el entrenamiento y la promoción de lo que consideraba como dirigentes sindicales adictos. Durante la primera década de su existencia más de 19000 sindicalistas latinoamericanos asistieron a los cursos dictados por el AIFLD.” (Pozzi 2003 : 316).
 
Esta impresión de un sindicalismo diferente al europeo, se intentó llevar también al terreno virgen de América Latina:
 
“Desde principios del siglo XX, los dirigentes de la American Federation of Labor (y después de 1954, los del Congress of Industrial organizations) han trabajado en colaboración cercana con gobiernos y sindicalistas en América Latina para extender su modelo sindical y en apoyo de los objetivos de la política exterior de los Estados Unidos.” (Pozzi 2003 : 316).
 
No obstante, la particularidad de la diversidad latinoamericana generó diferentes respuestas a esta iniciativa norteamericana:
 
“En la década de 1940 la preocupación fundamental de la AFL en torno a América Latina era que tanto la Federación Sindical Mundial (comunista) como el CIO tenían una fuerte influencia.” (Pozzi 2003 : 317).
 
Es decir que la mayor preocupación residía en luchar contra las ideas comunistas, las cuales eran una verdadera amenaza para los intereses que Estados Unidos se estaba planteando.
“Debido a esta preocupación una gran parte del programa del AIFLD se dedicaba a combatir la expansión del comunismo.” (Pozzi 2003 : 322).
 
Por ello, cuando había alguna amenaza al sistema económico norteamericanos, no había ningún reparo en acusar a los líderes sindicalista, gobernantes o a los mismos trabajadores que apoyaban una política diferente a la conservadora:
 
“El AIFLD tendía a acusar a sus opositores de castristas o comunistas (...) cualquier cuestionamiento a la penetración económica norteamericana y su control informal sobre América Latina era descrito en estos términos.” (Pozzi 2003 : 323)
 
Este Instituto tenía como ejes principales el desarrollo de un núcleo laboral privilegiado, que podríamos considerar como una moderna aristocracia; la oposición al activismo sindical; y por último, el reemplazo del concepto de lucha de clases por el de armonía entre trabajo y capital.
De esta manera, las características de la “clase obrera” en Estados Unidos fueron muy diferentes de las europeas, llegando a postularse que el caso de Estados Unidos es “excepcional”, debido al éxito obtenido por el capitalismo en ese país. Esta situación desencadenará en la problemática que permita “(...) explicar históricamente la disyuntiva entre relaciones industriales y practicas políticas en Estados Unidos”(Pozzi 2003 : 42).
 
“Probablemente la explicación más común sobre el fracaso del desarrollo de una conciencia socialista entre los trabajadores norteamericanos es la que se centra en plantear que es un resultado del éxito del capitalismo (...) Ligado a este éxito también podemos considerar el desarrollo de la tesis de Turner y sus discípulos (...) De acuerdo a esta visión, el excepcionalismo norteamericano se debe a la alta movilidad geográfica y social y a la capacidad del trabajador de adquirir propiedad (...) la frontera permitía un alejamiento de las influencias europeas y llevaba a un desarrollo de la independencia con características particularmente norteamericanas.” (Pozzi 2003 : 42-43).
 
Podríamos decir que, en realidad, lo que Estados Unidos tiene de excepcional es “solamente en el sentido de que todo proceso histórico es excepcional”(Pozzi 2003 :49). Por lo tanto no debemos pensar al mundo del trabajo norteamericano como un mundo totalmente “excepcional”, sino como una realidad más dentro de la diversidad cultural (abarcando aspectos económicos, sociales y políticos) de esta realidad.
 
 
5. La política en los Estados Unidos
A partir de la conformación de dos bloques como resultado de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, cobró auge un conflicto que se denominó Guerra Fría. Este proceso, que llevaba a la cabeza a potencias como los EEUU y la URSS (cada uno con sus respetivos aliados), generó nuevas políticas a nivel internacional. El temor por el estallido de una guerra nuclear y la carrera espacial que se desató fueron algunos de los apartados que mantuvieron vivo este conflicto.
Una vez finalizado este proceso, con la caída del muro de Berlín, y afirmada la preponderancia de los Estados Unidos, la predica de un modelo neoliberal se intensificó.
 
“(...) no es sorprendente que Carter orientara su política exterior, por lo menos desde la retórica, hacia la defensa de la paz, el logro de la justicia económica a nivel mundial, el control de armamentos y la promoción de los derechos humanos.”(Salomón 2003 : 528)
 
Uno de los puntos que comenzó a tener énfasis en este modelo fueron los derechos humanos. Se intentó generalizar una receta para todos los países en condiciones “similares”, pero ninguna sociedad es igual a otra, y cada proceso histórico es excepcional, razón por la cual no dio resultado:

“(...) las herramientas que Estados Unidos utilizaba para promover los derechos humanos no tenían aplicación general a todos los países de Latinoamérica y (...) en última instancia, los costos políticos y financieros eran más importantes que los beneficios del potencial humanitario.”(Salomón 2003 : 536).
 
Con el correr del tiempo, la derechos humanos que tanto estaban alentando las políticas norteamericanas, pasaban a un segundo plano, desplazados por los “derechos” económicos que el país imperial desarrollaba en función de países y regiones más débiles:
 
“(...) en un principio esta política era funcional con el tema de la seguridad nacional (...)Sin embargo, hacia 1979 comenzó a hacerse evidente que en muchos aspectos esta política se contraponía con la seguridad nacional, razón por la cual hubo un cambio de rumbo. De este modo, la anterior funcionalidad de los derechos humanos se transformó en una contradicción
 
Posterior a los cambios Posguerra Fría, y, sintiéndose la crisis económica y de apoyo interno que sufría EEUU, se había comenzado a manifestar una nueva crisis en la estabilidad de la hegemonía norteamericana en el mundo:
 
“La desaparición de la URSS del panorama mundial, la Guerra en el Golfo Pérsico, el ataque a las Torres Gemelas de NY y la recesión económica que sacude a Estados Unidos a fines del 2001, se combinan para reflejar la compleja situación de la deteriorada hegemonía norteamericana durante la última década.” (Pozzi 2003 : 593).
 
Como parte de las respuestas que el Estado norteamericano puso en marcha, la Guerra del Golfo intentó frenar una situación que estaba convirtiendo al orden mundial vigente en “tripolar”. El aumento de la influencia de los países de la comunidad Europea y del Japón, empezó a preocupar a los Estados Unidos, pues eran firmes competidores par los intereses imperiales que los Estados Unidos pretendían desarrollar:
 
“Se trataba, a través del poderío militar, de reordenar el control mundial sobre la reserva de materias primas estratégicas, afirmar el derecho norteamericano de intervenir en las regiones más lejanas, de subordinar no sólo a aliados como Arabia Saudita sino también de reafirmar la debilitada hegemonía sobre Europa y Japón, repartiendo los costos de la crisis capitalista. Queda claro que la presencia permanente de los Estados Unidos en el Golfo le otorga un control sobre los recursos petroleros que a mediano plazo aumenta significativamente su poder de presión sobre países como Japón y Alemania, que importan gran parte de los recursos energéticos indispensables para su crecimiento y fortaleza económica.”(Pozzi 2003 : 594).
 
También se considera que la ofensiva contra Irak haya tenido también la intención de mostrar que a pesar del desacuerdo de la sociedad norteamericana, que había cobrado mucha relevancia a partir del conflicto en Vietnam, era el Estado el que tomaba las decisiones:
 
“La Guerra del Golfo debe ser considerada dentro de la continuidad que implican las guerras de baja intensidad (Afganistán, Nicaragua, Camboya, Angola, Mozambique), las invasiones de Grenada y panamá, y el bombardeo norteamericano de Libia. Es evidente que Estados Unidos han puesto fin al síndrome de Vietnam reafirmando que, a pesar de la intensa oposición interna a la Guerra, están preparados, dispuestos y libres para intervenir militarmente en cualquier parte del mundo.”(Pozzi 2003 : 601).
 
A partir del 11 de septiembre de 2001, una nueva amenaza al orden imperial de Estados Unidos entró en escena como una fuerte relevancia: el terrorismo internacional. Este nuevo momento de rearticulación de fuerzas políticas y, de un escalón más del capitalismo, generaron, dentro de las políticas norteamericanas, una adaptación a esta realidad:
 
“(...) Estados Unidos apunta a reforzar su presencia internacional reorganizando las relaciones mundiales y aclarando su intención de intervenir contra el terrorismo internacional(...)”(Pozzi 2003 : 618).
 
artículo relacionado
 Bibliografía
7.1. Los artículos analizados han sido extraídos del libro:
Nigra Fabio y Pablo Pozzi. 2003. Huellas imperiales. Historia de los Estados Unidos de América. De la crisis de acumulación a la globalización capitalista 1929-2000. Buenos Aires : Imago Mundi.
 
7.2. Bibliografía de consulta y lectura adicional.
 
Bethell, Leslie. 1991. Historia de América Latina. Barcelona : Crítica. Volúmenes 7-12.
Chomsky, Noam.1996. El Nuevo orden mundial (y el Viejo). Las intervenciones estadounidenses en América Latina. Barcelona : Crítica, 62-99.
Foner, Philip. 1975. “¿Por qué los Estados Unidos fueron a la guerra?”, Foner 1975, 354-385.
Foner, Philip. 1975. La guerra hispano/cubana/americana y el nacimiento del imperialismo norteamericano, Vol. I (1895-1898) Madrid : Akal.
Guérin, Miguel Alberto (Ed). 2003. Cuadernos de Documentos para Historia de América. Material de uso interno cátedra Historia de América III. Instituto de Historia Americana. Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de La Pampa.
Hofstadter, Richard. 1968. Los historiadores progresistas, Buenos Aires : Piados.
Kreimer, Juan Carlos y Nerio Tello (ed). 2003. Diccionario de movimientos del siglo XX. Buenos Aires : Longseller.
Montgomery, David. 1997.”El movimiento sindical: historia y perspectivas”, Taller vol. 2, nº 4 julio de 1997.
Roberto Elisalde. 1992. “Conflicto y consenso en la historiografía norteamericana: una historia politizada”, Pozzi et al 1992, 11-28.
Rand, Paul. 2003. “Imagen Corporativa”, Kreimer y otros 2003 : 103-114.
Skidmore T. y p. Smith. 1996. Historia contemporánea de América Latina. América latina en el siglo XX. Barcelona : Crítica.
Thorp, Rosemary. 1991. “América Latina y la economía internacional desde la primera guerra mundial hasta la depresión mundial”, Bethell 1991, 50-72.


[1] “Inclinación de un Estado a poner bajo su dependencia política o económica a otros pueblos. Remite al control o influencia ejercidos sobre otra región, sea o no de forma oficial y manifiesta, e independientemente de que afecte al terreno económico o político. Si bien esta práctica data de varios siglos atrás, el término aparece, en el sentido moderno, recién a fines del siglo XIX.”(Rand 2003 : 103-104).

 

Avisar de ésta página a un amigo Enviar esta página a un amigo
Chiste de hoy

Dos enfermeras comentan al ver pasar a un médico: _ Qué bien que se viste el doctor Perez! Si, y qué rápido!

Artículos sugeridos ARTÍCULOS SUGERIDOS
Suscribite a las Novedades de Alfinal.com Recibi todas las novedades de Alfinal.com



Alfinal.com no se responsabiliza por el contenido de los artículos publicados.
Si el contenido de algun artículo ofende a terceros, comuniquelo a alfinal.com.

visitas desde enero de 2000