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Epidemiología DISCRIMINACIÓN y SIDA

Lic. Leonardo A. Gorbacz 

*

 El día 1º de diciembre se celebró una vez más el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA.  Ya sabemos que el SIDA es una enfermedad y que es causada por un virus llamado H.I.V. Pero no me voy a referir a eso. También existe alrededor de esta enfermedad un fenómeno que podemos llamar “el imaginario del SIDA” y que está constituido por una infinidad de imágenes e ideas que socialmente giran alrededor del problema en sí y dificultan un abordaje directo y más efectivo de la epidemia.

 La discriminación de los afectados ha existido desde la aparición de esta enfermedad y el conocimiento de las formas reales de contagio no acabó con este fenómeno, con lo cual queda en evidencia que la falta de información no es la causa de la discriminación.

 Más allá de la valorización que se tenga acerca de la discriminación, entiendo que en lo que hace al SIDA debemos entender a la discriminación como una medida de prevención fallida, consistente en suponer que apartándose de un sujeto o grupo de sujetos a quienes se supone infectados, se está a salvo del contagio. Es decir, no sólo se ubica el virus en determinada persona o grupos, sino que se supone que todo el virus esta allí contenido, condensado y que no hay más que eso. Se cree haber atrapado, por así decirlo, todo el virus y es como si se pudiera decir, por ejemplo, “todos los drogadictos tienen el virus y además lo tienen todo, no dejaron nada suelto”. De este modo en lugar de la angustia de no saber quien puede tener el virus, se tiene miedo frente a quien supuestamente lo tendría todo, pero a la vez tranquilidad frente a quien no tendría nada. Así, el que discrimina se constituye en una suerte de epidemiólogo improvisado, que traza un mapa falso de la enfermedad a partir del cual cree poder saber por donde ir y por donde no ir para estar completamente tranquilo.

 Digamos que poder entender la verdadera dimensión del problema del SIDA como una epidemia en progresión y  a la cual todos estamos expuestos, aunque no podamos ver el virus, requiere por un lado aceptar cierta dosis de angustia, y por otro lado, un cierto nivel de abstracción. Vayamos por partes.

 Una cierta dosis de angustia, porque nos confronta con el desamparo y con la muerte. No existe papá, ni mamá, ni ciencia que pueda cuidarnos. Es en ese punto donde asoma la noción de responsabilidad: si no hay otro que nos ampare, depende de uno. La angustia no es el miedo. Angustia es cuando no hay seguridad, no hay saber. Por ejemplo, cuando voy caminando por un callejón oscuro y oigo pasos tras de mí, siento angustia. Pero si me doy vuelta y veo un ladrón que me pide el dinero, ya no siento angustia sino miedo. Ya sé de que se trata. Otro ejemplo: oigo un fuerte estruendo, y enseguida pienso “...explotó una garrafa...”, ¿quién sabe?, tal vez no fue eso lo que pasó. Pero el psiquismo no tolera mucho tiempo el no saber y se apresura en inventar respuestas, para sacarnos de la angustia y llevarnos, a veces, al miedo, que es más soportable. Por supuesto, pagando muchas veces el precio del error.

 Y un cierto nivel de abstracción, porque el virus no se ve a simple vista ni los portadores del mismo vienen con carteles que lo indiquen, de modo que se trata de entender algo que no se puede ver.

 Cuando uno no puede ni tolerar la angustia ni ejercer el pensamiento abstracto, una solución posible es la “imaginarización” o “concretización”, que es una base de la discriminación. Alivia la angustia, trocándola por el par miedo-tranquilidad, como detallamos antes, y además simplifica el pensamiento, como cuando en vez de sumar con signos numéricos usamos palotes o manzanas para poder hacerlo. Si bien es una forma de apropiarse del problema, no deja de ser una forma precaria y limitada.  En lugar de concebir la verdadera dimensión del asunto, la dibujamos en nuestra mente, le ponemos rostros, nombres determinados, lo llevamos a lo concreto: por eso la insistencia de tantos en querer saber quienes son los enfermos, por ejemplo en un colegio, como si no pudieran hacerse a la idea que preconizamos cuando trabajamos en prevención: “todos somos potencialmente portadores, hay que cuidarse siempre”.

 Si uno se detiene a pensarlo, verá que esta demanda contiene en sí misma un prejuicio subyacente, que podría enunciarse así: “todo el que tiene el virus HIV lo sabe”. La verdad es que la mayoría de los que están infectados no lo saben, pero esta verdad que puede ser entendida conscientemente por todos, no termina de ser asumida verdaderamente. Y es que causa horror admitir que el conocimiento es limitado para abarcar la realidad y que hay muchas cosas que el ser humano no conoce de sí mismo, del mismo modo que causa horror aceptar que el conocimiento científico es limitado, lo cual se evidencia con el SIDA. Siempre angustia lo desconocido, y por lo tanto se pretende que todo pueda ser conocido, sabido, en alguna parte. Ante la angustia se apela al saber, ya sea al saber que uno mismo crea bajo la forma de teorías apresuradas o prejuicios, ya sea al saber que se le supone a algún otro, por ejemplo la ciencia. “Si yo no lo sé, lo invento o al menos supongo que alguien lo sabe en alguna parte”. Podemos decir entonces que la discriminación no se resuelve informando sino más bien aceptando que no hay saber que lo abarque todo.  

 Otro mecanismo que condiciona el acto discriminatorio es la “generalización”. Se trata en este caso de tomar la parte por el todo. Consiste en la transposición que se efectúa cuando se pasa de decir o pensar que alguien tiene HIV, a decir o pensar que es HIV. Tener HIV no es lo mismo que ser HIV. Una persona que tiene el virus nunca es lo único que puede tener. Además puede tener hijos, amigos, profesión, gustos, nombre, afiliación política, hobbys, etc. , y todo ello en conjunto va constituyendo lo que ese sujeto “es”. Cuando se discrimina, un solo elemento pasa a ocupar el lugar de todos y se intenta nombrar a una persona a partir de ese único elemento: es un HIV+, como si con eso estuviera todo dicho. Cito como ejemplo de discriminación el brutal asesinato de un hincha de River Plate, el cual todos recordarán. Con seguridad quienes lo mataron sólo vieron en él un hincha de River. No pudieron ver ni un hijo, un estudiante, un afiliado al partido X, un fanático del cine ni ninguna otra referencia que lo describiera.

 Pero a veces esta generalización no la aplicamos solamente con los demás sino también con nosotros mismos. En la medida en que ningún ser humano, por estructura, puede resolver plenamente una pregunta que siempre se encuentra en él subyacente acerca de su propia identidad, es decir, siente que no existen palabras que puedan decir exactamente quién es, a veces se embandera fuertemente en una causa o pertenencia para darle solución a ese problema y quitarse de encima el peso de una pregunta que nunca tendría una respuesta absoluta Por eso el gran psicoanalista francés, Jacques Lacan, decía que cualquiera que creyera con certeza ser Napoleón estaría loco, ¡aún si se tratara del mismísimo Napoléon! Ahora bien, muchos sujetos que tienen el virus HIV hacen de eso su “bandera” y se autodenominan a partir de allí, pretendiendo que esa parte de sí mismos los represente absolutamente ante los otros. Esto genera, claro está, una especie de autodiscriminación.

 También existe una inversa de la discriminación, que podemos llamar “discriminación positiva”, y que a veces se pretende usar como un intento de resolver el tema de la discriminación. Es cuando se proponen mensajes del estilo: “no discrimines porque el enfermo de SIDA necesita de afecto”, “ayudalo”, “abrazalo que no contagia”, etc.  Son mensajes que a mi juicio no dejan de ser la otra cara de la misma moneda. Partir de suponer que un sujeto por ser portador de HIV es despreciable, es tan prejuicioso como partir de suponer que es encantador, o que necesita un abrazo. ¿Quién lo sabe?. ¿Acaso existe una relación directa entre el virus y la necesidad de abrazos, además provenientes de personas desconocidas?

 Los prejuicios siempre son juicios anticipados, apresurados. Es decir, juicios hechos sin elaboración, algo así como si los hubiéramos comprado hechos, como quien compra comida en la rotisería. Si nos presentan a alguien, es natural que abramos un compás de espera, un tiempo de suspenso para poder conocerlo. Y aún así difícilmente pueda llegar el momento en que podamos decir: “ya sé, ya lo conozco totalmente”. Pero muchas veces no nos damos ese tiempo y una serie de ideas anticipadas sobre el otro se nos imponen en nuestra mente y cierran toda posibilidad de incorporación de otras nuevas. Así, si nos enteramos que una determinada persona tiene HIV, puede que a esa idea se le enganchen como automáticamente otras ideas preconcebidas. Desde promiscuo, prostituta, homosexual, adicto, hasta pobrecito, necesita ayuda, debe estar deprimido. En cualquier caso se trata de prejuicios, positivos o negativos.

No descarto la importancia de un saber adecuado sobre las vías de contagio. Pero con eso no basta. Aceptar cierta angustia ante el desamparo y ante lo limitado del saber. No crearnos por eso falsos saberes que nos alivien, aunque nos den miedo. Tampoco suponer que siempre los otros saben todo: ni la ciencia sabe todo, ni el que porta el virus necesariamente lo sabe. Aceptar que cuando no hay otro absoluto que nos proteja de todo, depende de cada uno. Evitar que la palabra SIDA venga enganchada “a paquete cerrado” con otras palabras (prostitución, drogadicción, promiscuidad, etc.). Entender, por fin,  que el HIV es solamente un virus y no una forma de ser, son algunos de los pasos que hay que dar, no solamente por el bien de los que son discriminados sino por el de aquellos que al discriminar se exponen al contagio, porque, insisto,  la discriminación es ante todo una medida de prevención equivocada.

*    Psicólogo. Psicoanalista.

      Ex miembro del Profisida de Ushuaia.


LINKS SUGERIDOS: Todos tienen información general (algunos también información médica).<

http://www.fundamind.org.ar/sida/index.htm (FUNDAMIND)

http://www.huesped.org.ar  (FUNDACIÓN HUESPED)

http://www.hivatis.org/ 

http://hivinsite.ucsf.edu/  (San Francisco -En español y en inglés)

http://www.unaids.org/  (sitio de la onu sobre sida)

http://www.who.org/  (sitio de la oms)

COMENTARIO DE LECTORES

(Miércoles|24|Junio|2009|23:15:50)=este articulo no me gustó xxx email del comentarista=xxx@hotmail.com

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