La
gestación no supone un riesgo alto en trasplantadas renales.
Aunque
el embarazo en mujeres que han sido trasplantadas de riñón no está
exento de peligros para la madre y para el feto, al haber aumentado la
casuística se conocen mejor cuáles son esos factores de riesgo y las
complicaciones más frecuentes, obteniéndose buenos resultados,
especialmente en las mujeres que tienen una buena función renal, sin
proteinuria y sin hipertensión arterial.
Así
lo demuestran tres trabajos de investigación similares llevados a cabo
en hospitales de Murcia, Alicante y Valencia que se han presentado en el
XXXVII Congreso de Urología, organizado por el servicio de esta
especialidad del Hospital de La Arrixaca, de Murcia.
En
la reunión científica dedicada monográficamente a la patología urológica
femenina con exclusión del suelo pélvico, se ha abordado la maternidad
cuando existe un injerto de riñón, puesto que la función renal se
normaliza después del trasplante y las receptoras de injertos en edad fértil
recuperan los ciclos ovulatorios normales y, por tanto, la posibilidad
de embarazo, algo que es muy difícil cuando las pacientes con
insuficiencia renal crónica están recibiendo hemodiálisis.
Si
bien los trabajos llevados a cabo en el Hospital General de Alicante, en
la Fe de Valencia y en La Arrixaca de Murcia parten de metodologías
distintas y estudian series de diversa proporción, llegan a
conclusiones muy optimistas sobre la posibilidad de gestación de
pacientes trasplantadas renales.
En
el Hospital General de Alicante se ha hecho un análisis descriptivo de
13 gestaciones en 11 mujeres, sus complicaciones obstétricas y su
influencia sobre el injerto renal, de entre las 115 pacientes
trasplantadas en edad fértil durante los últimos 14 años.
De
cuatro mujeres con preeclampsia y seis con HTA, cinco dieron a luz de
forma prematura y nueve de ellas lo hicieron con cesárea, pero no se
presentaron episodios de rechazo agudo, aunque hubo dos casos de
disfunción del injerto. También hubo dos abortos espontáneos.
Silvia
Chillón, exponente del estudio, ha subrayado que, aunque haya una
asociación con el incremento de la prematuridad y patología obstétrica,
el embarazo después del trasplante no aumenta el riesgo de disfunción
del injerto siempre que su función previa sea óptima y que hayan
pasado al menos dos años desde que se llevó a cabo el trasplante de riñón.
Casi
idénticas conclusiones son las presentadas por José Miguel Alapont,
del Hospital La Fe: "En nuestra experiencia, la condición de
trasplantada renal no debe suponer una contraindicación para el
embarazo, sobre todo si la madre presenta una función renal normal de
forma mantenida, sin HTA y sin proteinuria, pero se debería advertir a
la futura madre de que existe una tasa elevada de abortos, nacidos pretérmino
y de bajo peso".
Ha
subrayado que la inmunosupresión no ha causado teratogenicidad. En este
caso se ha hecho un estudio retrospectivo de 43 embarazos en 31 mujeres
trasplantadas con función renal normal, excepto dos. Siete tenían
proteinuria previa, quince tomaban medicación antihipertensiva y dos
tenían antecedentes de rechazo agudo.
En
ocho casos hubo deterioro funcional del injerto que llevó a diálisis a
cinco de ellos. En cuanto a parámetros obstétricos, se registraron
nueve abortos y tres embarazos a término con feto muerto, frente a 31
niños vivos sin ninguna malformación.
De
ellos, algo más de la mitad nacieron prematuros, 19 por cesárea y 12
por vía vaginal. También en el Servicio de Urología del Hospital de
La Arrixaca se ha estudiado la evolución de la gestación y aparición
de complicaciones obstétricas junto a la función renal en doce
embarazos de trasplantadas, observándose en la mayoría que el embarazo
no actúa negativamente sobre la función del injerto, aunque en tres de
las pacientes se ha visto un empeoramiento transitorio de la función
renal durante los tres primeros meses del puerperio, según ha dicho
Enrique Cao, coautor de la investigación.
En
esta serie de pacientes no han aparecido complicaciones obstétricas
importantes y sólo ha habido un aborto, aunque todos los embarazos
fueron pretérmino, con niños de bajo peso, sin malformaciones y
nacidos por cesárea. Los autores del estudio concluyen que el embarazo
no tiene por qué presentar complicaciones si la mujer trasplantada
tiene una buena función renal, aunque hay que hacer un seguimiento
multidisciplinar de este tipo de pacientes.