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Relación Médico Paciente

 

ANÁLISIS CRÍTICO

TEMA:

LA RELACIÓN MÉDICO PACIENTE  (Las causas de su deterioro a través del tiempo)

Dr. Loiacono Leandro

Keywords:  Acto Médico, Estado Médico

 

Relación Médico Paciente

            Ante la pregunta: Qué debería cambiar para que el acto médico sea eficiente? se plantean un sinnúmero de respuestas. Por ello, vale la pena analizar los factores que estuvieron y están en juego.

Sobre si la prestación pecuniaria es un elemento decisivo para que el profesional ponga en juego su arte y ciencia del modo más eficiente y ágil, está demostrado históricamente que la respuesta es ambigua.

Por un lado la prestación se realiza más rápidamente y generalmente con buen resultado final, lo cual no significa que en todos los casos se haga eficientemente.

Si la prestación es facturada por “acto médico”, la sobreprestación se presenta como un posible desvío.

Si la misma es facturada por módulos, se la acota a lo indispensable para llevarla a cabo, rozando el límite de lo impracticable, y esto puede significar, falencias.

Si es abonada por medio de una cápita, puede llegar a no realizarse la prestación todas las veces que sea necesaria, siendo hecha sólo en casos inpostergables.

Por lo visto, la prestación pecuniaria, adolece de distorsiones que hacen que por sí misma no sea eficaz.

El médico, ha perdido su antiguo Estado Médico, ese Status de persona reconocida por sus servicios a la comunidad, e incluso a pasado a una figura totalmente opuesta a dicho Status, cuestionada y vapuleada.

Sin embargo, el Estado Médico, el cual existe en los libros de Medicina Legal como uno de los elementos atinentes a la profesión y al acto médico en sí, supo en el pasado jugar un rol importantísimo en la  retroalimentación positiva de la prestación.

            Por ello y no siendo lo económico la clave de los problemas, debemos considerar los factores que alteran el acto médico. Los agruparemos según sus actores responsables, en tres, como sigue:

 

Factores Médicos:

 

·       Por diversos motivos, el médico dejó de escuchar al paciente, la incomunicación fue el principio del error y a veces el error en sí mismo. No se favoreció la libre expresión del  ‘motivo de consulta’ o del relato de ‘la historia de mis problemas’. La falta de tiempo, la necesidad de ampliar la cantidad de consultas diarias para llegar a una remuneración decorosa en el ámbito privado y la excesiva carga de consultas en el ámbito público, fueron y son algunos de los elementos condicionantes.

·      El no realizar anamnesis adecuadas, sino incompletas, la no jerarquización de los  signos y síntomas que dejaron de ser correctamente semiografiados fue el segundo factor.    En aras de la explosión tecnológica, se invirtió la inferencia diagnóstica, esto es, se consideró a las prácticas complementarias como elementos fundamentales del diagnóstico y a la semiología y el criterio clínico como elementos complementarios.         Esto contribuyó grandemente a sesgar la relación médicopaciente. Sus causas fueron varias, pero con un común denominador, el rendimiento económico estuvo siempre del lado de la tecnología y no del saber médico.

             Este plano inclinado desfavorable, tentó a la mayoría y arrastró a la minoría  que no deseaba caer en él.  Pasó a ser indecoroso, atender a un paciente y no solicitar antes de revisarlo un estudio de alta complejidad, ya por entonces “pedido por el mismo paciente”.

             La publicidad, con penetración e impregnación en todos los medios, invitaba a los pacientes a ser su propio prescriptor de prácticas de alta complejidad. En conversaciones sociales era distinguido el comentar entre sus allegados el haberse hecho tal o cual estudio.

·      Ligado a lo anterior, la duración de la consulta sufrió a lo largo del tiempo una disminución que transformó el clásico mecanismo de recolección de datos de la secuencia diagnóstica, en una averiguación dirigida a intentar resolver el motivo de consulta sin importar el paciente en su globalidad.

·      A lo anterior se fueron sumando más factores, como el no revisar físicamente al paciente cada vez que asistía a la consulta o se lo veía en la sala. Guiarse sólo por los estudios complementarios o expresiones del paciente sobre su evolución. Si bien en ocasiones puede obviarse la reiteración  del examen físico, nunca se debió haber caído en dicha actitud.

·      El no ver los análisis o estudios complementarios no relacionados con la  especialidad del profesional, fué otro de los pasos de la incomunicación. Los médicos, devinieron inevitablemente en especialistas, lo fueran o no. Evitaban leer los resultados de estudios no relacionados directamente con su área, a veces por desconocimiento y otras por considerarlo innecesario. Esto visto desde el paciente, que deseaba una opinión del profesional en quién confiaba, era sentido como una falta de interés en su persona.

·      La presencia y aspecto del profesional, también sufrió un deterioro, pareciéndose más a un obrero que a la imagen de sus predecesores.

·      Las luchas gremiales en que se vió envuelto el profesional, lo colocaron en un contexto,  el cual  no lo había aprehendido en la Universidad. Ésta lo preparaba para un rol, la realidad le deparaba otro y en ese desfasaje, el Estado médico no se insertaba adecuadamente.

 

Þ  Factores del Paciente:

 

·       Comenzaron a incrementarse las conductas agresivas de los pacientes, que generalmente se adoptaban antes de la consulta y luego se vertían en ella. Apareció el fenómeno de pacientes con bajos niveles de comprensión y de tolerancia ante las dificultades inherentes de un acto médico. LLegaban a la consulta  con altas montas de agresividad volcándola en ella. Éste fenómeno, raro antes, pero mejor manejado por entonces gracias a la ausencia de los factores médicos mencionados, pasó a tener relevancia.

·       La andanada de información médica en los medios de difusión jugó un rol decisivo. La falta de un desarrollo pedagógico de la información, la falta de análisis de las necesidades reales de información, la falta de criterios de formación de una cultura sanitaria en la población, fueron deformando la misma.

            La información sacada de contexto por parte de los pacientes y levada al plano de discusión con el médico, pasó a ser moneda común. Cada técnica nueva pasaba a considerarse como superadora y descalificadora de las anteriores, como así también de los profesionales que no la conocían en profundidad o no la aplicaban en el primer peldaño del algoritmo diagnóstico - terapéutico.

            La gran diversidad de métodos, técnicas y aparatología, sumada a la espúrea, hacía imposible a cualquier profesional conocerla.

            El auge creciente desde hace más de una década que vienen teniendo las  ‘medicinas alternativas’, fuertemente defendidas desde fuera de ámbitos profesionales, vino a complicar aún más la situación.

            Como si hubiera sido poco haber tenido que lidiar con colegas inescrupulosos y  malformados, había que enfrentar también a los nuevos prestadores de salud, los que sin ser profesionales aplicaban medicinas alternativas, a veces en connivencia con profesionales. Esto condicionó fuertemente la atención y acotó el margen de acción médica, como así también la credibilidad.

·      En una visión diferente a lo anterior, la falta de información - formación adecuada de la conciencia sanitaria de la población, se reveló como uno de los problemas cruciales. Debía elevarse el nivel cultural pero no apuntando a la tecnología de punta, sino haciendo hincapié en lo más elemental. Había y hay gente que no se cura, no porque no se aplique la más avanzada tecnología, sino porque no sabe o no entiende cómo administrarse la medicación, por mencionar uno de los errores más frecuentes.

            Nunca los medios  insistieron realmente en lo cotidiano, que es lo que más dificulta el accionar médico y lo que más fracasos ocasiona. No hubo campañas que insistieran   sobre los valores del examen médico y difundir -nuevamente- lo que significa el “Acto Médico”, palabra olvidada.

            Hoy por hoy, es increíble ( particularmente para quienes lo vivieron de otro modo ), ver que los pacientes ven con desinterés, soslayan o rechazan, que un profesional lo ausculte, lo percuta o lo palpe. Lo sienten como una demora innecesaria para acceder a la tecnología. La fantasía de las películas futuristas de un aparato mágico que en segundos arroja un diagnóstico y/o tratamiento, se cierne sobre los pacientes del hoy.

 

Þ  Factores del Sistema:

 

·      El deterioro progresivo de la figura del Médico de familia en beneficio de las especialidades primero y de las subespecialidades después, trajo aparejados no pocos inconvenientes:

·             La deambulación de los pacientes en busca de algún profesional que “dé en la tecla”.

·             La superposición de estudios complementarios , innecesariamente.

·             La ausencia de un proceso normativo, que salvo en los centros de formación, no se aplican o en el peor de los casos no se conocen.

·             Lo anterior implicaba además la falta de seguimiento de un paciente, y la no realización de los controles adecuados en tiempo y forma tanto a nivel curativo como preventivo.

·             El manejo de la Ciencia Médica por la Ciencia Económica en razón de los Recursos del Sistema y sus Suprasistemas, motivó que la tendencia de la primera se rija por los designios de la segunda.

            Vale la pena comentar uno de los conceptos, tal vez el más elemental de la economía, el concepto de Moneda para llegar a entender en la cadena de significantes, uno de los primeros y su entrocamiento con la esencia del ser.

           

 

Leyenda de la Moneda:

 

            Era una Aldea de alrededor de cien personas, cuya actividad se desarrollaba fe-brilmente. Aislada en el tiempo, de todo centro con una civilización superior, disfrutaba de su esencia, la vida misma. Su objetivo era la felicidad.

            Los habitantes por preferencias, se habían repartido las labores necesarias para la subsistencia. Algunos cultivaban la tierra, otros cazaban, otros pescaban, otros cons-truían viviendas, otros indumentaria, calzados, artesanías, etc.

            A su vez cada uno de ellos precisaba lo que los demás producían. Pronto se dieron cuenta que según el esfuerzo demandado para la realización de cada tarea, podían intercambiar productos elaborados por otros según ese patrón.

De ese modo, el productor de verduras intercambiaba kilos de su producto por el  fruto de la cacería o pesca de otros, de acuerdo al patrón de trabajo que implicaba cada uno.

            Así surgieron los precios relativos, que no eran más que una tabla que indicaba el modo de intercambiar los productos y manufacturas. Por esa época, no existían los servicios, ya que habitualmente cada hogar tenía a su cargo todas las tareas de servicio que necesitaban, siendo las mismas muy pocas.

            Así transcurrió hasta que advirtieron  que las tareas que antes se podían hacer en un determinado tiempo, al perfeccionarse las técnicas de explotación, se hacían en menos y también surgieron diferencias de producción entre las personas, algunas producían más que otras.

            También comenzaron a advertir, que el productor de indumentaria, calzado, artesanías, etc. una vez que había colmado las necesidades de los demás pobladores tenía dificultades crecientes para obtener  productos  a cambio de su mercadería.

            Esta situación se daba porque había productos de consumo diario o periódico y otros cuya duración hacía que no fueran necesario reponerlos prontamente.

           La Aldea con el tiempo creció y  por falta de espacio para viviendas, ya que los terrenos para cultivos estaban próximos a la misma, parte de los habitantes, en su mayoría jóvenes se trasladó a otra planicie cercana.

            La nueva Aldea, siguió con las costumbres, pero de a poco, creó otras y también desarrolló nuevos productos. Algunos comenzaron a resultar útiles y apreciados por la Aldea primitiva. Pero, cómo podrían los habitantes de la primer Aldea intercambiar esos productos novedosos por las mercaderías que producían ellos y también los habitantes de la nueva Aldea. No había nada para ofrecerles a cambio, pues los habitantes de la segunda Aldea poseían lo mismo que ellos.

            Pero rápidamente, sucedió la situación inversa, el estímulo de nuevos productos en la segunda Aldea, generó la inquitud de elaborar nuevos productos en la primer Aldea. La nueva Aldea, también necesitaba productos que poseía la primera. Así, darle una solución al intercambio se tornó una necesidad insoslayable.

            Como el trabajo era la medida que usaban para el intercambio, se dieron cuenta que podían representarlo de otro modo que no fuera con los productos mismos. Así, escritura mediante, crearon un trozo de papel que indicaba que recibían un producto que   había demandado una determinada cantidad de horas de esfuerzo a su productor y por ende se le debía retribuir con otro cuya elaboración implicara el mismo esfuerzo.

            Así surgió el concepto de Vale y la noción de que el mismo era una representación de un trabajo realizado.

 

            Esta generación de excedentes fue rápidamente asimilada por la gran mayoría, de tal modo que en poco tiempo, la cantidad de mercadería producida era tal y los vales acumulados eran tantos que se generó la necesidad de crear nuevos productos para favorecer e intercambio.

            Cómo los vales al cambiarse por productos no coincidían con el valor en esfuerzo que representaban,  se daba a cambio otro vale de menor denominación. Para agilizar el sistema de intercambios se creó la Moneda, que vino a reemplazar a los vales.

            Cómo los excedentes de producción de productos perecederos no se intercambiaba, los productores estaban ante la disyuntiva de dejar de producirlos, bajar los precios para que se intercambien o diversificar su actividad produciendo otros productos más requeridos. Nació así la idea de abandonar una actividad por otra, el concepto de disminución de precios y de competir en nuevos mercados.

           

          La vida de los pobladores continuó complicándose cada vez más, ya que en el afán de obtener más moneda, muchos incursionaron en las actividades productivas de los otros, generando conflictos sociales de importancia, enemistades y finalmente alteraron su premisa fundamental, privilegiar la esencia de la Vida siendo felices.

 

            El manejo de la Ciencia Médica fue también trastocado por la Economía, al igual que la Vida de los pobladores de las dos Aldeas.

           

            No hay nada bueno o malo si el pensamiento no lo hace tal

            William Shakespeare 

 

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