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Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.San Agustín
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LA
COMPAÑÍA DE COMANDOS 602 Y LAS COMUNICACIONES EN LA GUERRA POR
MALVINAS |
Por el Coronel Enrique Stel (*)
Algunas consideraciones de índole particular merecen las comunicaciones en la Compañía de Comandos 602. Esta subunidad de fuerzas especiales fue organizada y equipada con posterioridad al 2 de abril de 1982, teniendo como núcleo básico organizativo, al personal que se desempeñó como Instructores de Comandos durante los cursos de formación en Argentina durante los años 1980 y 1981, siendo esta la razón principal por la cual la instrucción del personal y el espíritu de cuerpo de la subunidad ya se encontraban plenamente consolidados.
Al momento de equiparla, en lo que se refiere al arma de
comunicaciones, solamente fue necesario impartir la orden por parte
del entonces Mayor Aldo Rico al suscripto (por entonces Teniente
Primero), de elaborar las necesidades para dotar a la compañía del
material de enlace necesario para su desempeño eficiente durante el
conflicto.
Poco a poco los materiales y equipos fueron provistos, el Comando de
Arsenales desempeñó un rol vital particularmente impulsado por el
entonces Coronel Skalani; la Escuela de Comunicaciones se desprendió
sin miramientos de sus efectos para entregarlos con tramite urgente,
cabiendo en esta oportunidad al Coronel Jorge Enrique Mansuetto
Swedssen especial distinción por la ejecutividad y prontitud para
responder a las solicitudes; Gendarmería Nacional, Policía de la
Provincia de Buenos Aires y Policía Federal fueron otras
instituciones que colaboraron en la entrega de efectos esenciales para
organizar el sistema de comunicaciones. La Fuerza Aérea Argentina
proveyó los equipos tierra aire indispensables para comunicarse con
aeronaves en vuelo.
Los comandos se encontraban el 26 de mayo embarcando en la Base
Aérea El Palomar y aún seguían llegando los efectos solicitados,
inclusive los pequeños grupos electrógenos que en el futuro habrían
de constituirse en los pocos existentes en las islas, cuando la usina
local dejó de funcionar y fueron garantía de recarga de baterías de
equipos de radio.
Llegados a Comodoro Rivadavia y ocupando una zona de reunión,
se completó el sistema con materiales entregados por la Compañía de
Comunicaciones 9 a cargo del Mayor López, a los efectos de
confeccionar las antenas dipolo necesarias para los sumamente eficaces
TRC – 300. En esta ciudad, el Batallón Logístico proveyó las
baterías de repuesto de los mencionados equipos luego de una dura
gestión donde le cupo particular participación al entonces Sargento
Ayudante Ayala.
Luego de un vuelo en Hércules C – 130, a escasos diez metros
de altura con el agua salpicando las ventanillas en un avión cargado
de explosivos hasta el techo y con solamente 5 pasajeros, el grupo
comunicaciones arribó por la noche del 28 de mayo a Puerto Argentino.
Integraba también el grupo comunicaciones el Sargento Flores. Durante
la descarga se extraviaron algunos elementos, principalmente baterías
de HT (Equipos de radio manuales).
Pocas
horas después, siendo aproximadamente las 2300 horas el suscripto
recibía su primera misión: dotar a la 1ra Sección del material y
equipos de comunicaciones necesarios para ejecutar una incursión en
la profundidad del dispositivo enemigo; esta
operación posteriormente sería conocida como “Top Malo
House”. Sin prisa, pero sin pausa, se impartió la instrucción
particular a quien se desempañaba como oficial de comunicaciones de
la mencionada sección, el entonces Teniente Primero Gati del Arma de
Ingenieros.
La
Sección de referencia partió y fue rápidamente emboscada por las
tropas inglesas que ocupaban posiciones mucho más adelantadas de lo
que se suponía. Pero cabe destacar en esta oportunidad el altísimo
grado de compenetración alcanzado (motivo de la permanente
insistencia en los periodos de instrucción durante la paz), por parte
del mencionado oficial, quien durante el combate otorgó prioridad a
la destrucción de las IFC e IEC (normas secretas que regulan el tráfico
de comunicaciones) antes que cualquier otra acción, llegando incluso
a comerse las partes esenciales de la mencionada documentación para
evitar que cayesen en manos enemigas.
Tiempo
después el suscripto elogió la actitud del entonces Teniente Primero
Gati quien temerariamente prefirió destruir los documentos antes que
defenderse evitando que documentación esencial fuese conocida por los
ingleses, preservando así la seguridad de las operaciones de la Compañía
en su conjunto.
En
la base de patrullas ubicada en un gimnasio de Puerto Argentino, las
actividades tenían cierto grado de rutina. Se planeaba la operación,
se completaban los preparativos, se ejecutaba la operación y luego se
regresaba para reiniciar el planeamiento de una nueva operación.
Durante el planeamiento, simultaneo y concurrente, el oficial de
comunicaciones siempre estaba presente, le informaba al Jefe de Compañía
si la operación podía ser apoyada desde el punto de vista
particular, efectuaba las coordinaciones con el escalón superior y
posteriormente preparaba sus equipos.
Las
coordinaciones con el escalón superior no siempre fueron
satisfactorias por cuanto se comprendía la necesidad pero no la
forma. Las tropas comandos deben disponer de IEC e IFC muy reducidas y
simples. El carácter voluminoso que se pretendía imponer atentaba
contra el principio de seguridad y podía afectar seriamente a todas
las tropas desplegadas en el perímetro de puerto Argentino, razón
por la cual, en varias oportunidades se diseñó un sistema particular
de enlaces que respondiesen al objetivo de la infiltración que se
ejecutaba.
Durante el transcurso de las operaciones, los equipos de HF (Alta frecuencia) fueron reemplazados casi en su totalidad por rigurosos cálculos de enlace teniendo como base el perfil del terreno y las posibilidades de empleo de equipos VHF (Muy alta frecuencia) con repetidoras manuales.
El enemigo inglés, presumiblemente disponía de goniómetros integrados a las piezas de artillería, razón por la cual luego de una breve transmisión en HF la zona donde se encontraban estos equipos era batida por el fuego en no más de 3 minutos.
Esta
circunstancia particular dio origen a una expresión significativa del
Mayor Rico: “ Los comandos empleábamos la boina o el pasamontañas,
el único que siempre uso casco era el Teniente Primero Stel, porque
cuando empleaba su radio le llovía una catarata de bombas sobre su
cabeza ”.
[1]
Con
los equipos HF archivados en la estantería, los manuables HT se
constituyeron en el principal efecto de comunicaciones que podía
garantizar el enlace y
otorgar cierto margen de seguridad a quienes lo empleaban. La geografía
del terreno principalmente las laderas de los cerros ayudaban a evitar
propagaciones innecesarias.
Los indicativos de llamada se establecieron sobre la base de los apodos. Al Mayor Rico le correspondía el de “ñato” en alusión a su nariz, al Capitán Fernández del de “Gallego” por su origen, al Teniente Primero Stel el de “oreja” porque vivía con la radio pegada a esa parte del cuerpo, al Teniente Primero Ferrero el de “pito”, al Teniente Coronel Balza el de “flaco”, etc. Esta elección no era ni graciosa ni casual, cuando comienza el combate el nerviosismo ocupa su lugar, y si consideramos que casi siempre se combatió durante la noche, difícilmente puedan impartirse las ordenes leyendo o memorizando formales indicativos de llamada.
Los
códigos tradicionales de autenticación fueron naturalmente
reemplazados por la identificación de los tonos de voz y modalidades
particulares de los operadores. Los códigos de palabras fueron
reemplazados por el lenguaje lunfardo. En la práctica las
tradicionales IEC e IFC eran casi totalmente memorizadas a excepción
de algunos escritos que solamente conservaba el Oficial de
Comunicaciones de la Compañía en lo relacionado con la ejecución de
los fuegos de artillería.
Tal vez requiere una mención especial la operación ejecutada con el nombre “Cola de Dragón” que se desarrolló delante del Limite Anterior del Campo Principal de Combate de las tropas argentinas, en proximidades del cerro Dos Hermanas. Esta emboscada fue planeada para impedir la infiltración de tropas del SAS en propio territorio.
En términos generales respondía
a lo clásicamente conocido, pero el cierre de la operación (última
fase) estaba materializado por un yunque y martillo donde los comandos
se replegaban y se aferraban al terreno constituyendo el yunque, el
martillo lo ejecutaba la propia artillería con fuegos previamente
preparados, los que como medias lunas iban batiendo zonas en dirección
hacia el propio territorio. La tercera media luna estaba planeada
sobre las posiciones que anteriormente habían ocupado las tropas
comando.
El detalle de esta riesgosa operación requirió cuidadosas coordinaciones con el Jefe del Grupo de Artillería 3, por entonces Teniente Coronel Martín Antonio Balza. El suscripto personalmente se dirigió al Puesto de Comando del mencionado oficial y estableció con él las coordinaciones y acuerdos necesarios, entregando los equipos que conformarían la red de uso exclusivo de artillería para esta operación.
Conjuntamente con el Mayor Rico reglaron el tiro de las piezas del grupo el día anterior. Cuando se llevó a cabo el combate, 10 de junio, se disponía de dos redes particulares, una interna para la compañía y otra para la artillería, ubicándose el grupo de comunicaciones de los comandos en la cima del cerro Harriet, costituyéndose en este lugar una suerte de puesto de comando paralelo que ordenaba la ejecución del fuego de artillería conforme a la evolución de la operación.
En aquella
oportunidad, cuando los comandos se replegaron y había que batir la
zona previamente ocupada por ellos, el Jefe del Grupo de Artillería
3, conciente del riesgo que implicaba la ejecución del fuego requirió
personalmente se repitiese la orden de apertura del fuego, la que
personalmente también fue ejecutada por el oficial de comunicaciones.
La operación descripta anteriormente, única en su tipo por audaz y temeraria, expresa por si sola la vital importancia que tuvieron las comunicaciones para coronar el éxito con que concluyó la misma, a pesar de los dos comandos muertos y dos heridos.
Comentarios posteriores de versiones no oficiales de nuestros comandos
tomados prisioneros en “Top Malo House”, indican que tal vez esas
tropas especiales del SAS, tenían como misión la eliminación física
de nuestro Comandante en Malvinas, el General Menéndez. Sin temor a
equivocarnos, una vez más se puede afirmar que la conducción no es
posible sin un sistema de comunicaciones eficiente al momento de
desarrollar las operaciones.
Transcurriendo
los días y con los ingleses en las puertas de Puerto Argentino, las
comunicaciones se limitaron a enlazar las secciones de la compañía
que vieron obligadas a ejecutar misiones de seguridad en la propia
localidad y una simple operación de cerco y rastrillaje en la parte
superior de la bahía que nunca se llevo a cabo.
Rendidas
las fuerzas argentinas el 14 de junio, los materiales y
equipos de comunicaciones fueron cuidadosamente destruidos para
impedir todo tipo de inteligencia técnica que se pudiera ejecutar
sobre los mismos. Se les quito los cristales y las perillas; las
antenas fueron cortadas y separadas sus partes; las baterías fueron
sometidas a una sobrecarga de tensión; las mochilas de transporte
cortadas en sus partes y separados sus arneses de las bolsas. Los
grupos electrógenos de 1,5 Kw, previo quitárseles el aceite, fueron
puestos en funcionamiento a los efectos de inutilizarlos.
Todos los efectos sin excepción, fueron aplastados mediante el empleo de masas o elementos contundentes y arrojados a la bahía o enterrados en la renombrada turba. Los documentos fueron quemados al igual que las agendas individuales que pudieran contener algún tipo de información.
En poder de los miembros del grupo solamente quedaron los efectos individuales de naturaleza personal y por orden particular del Jefe de la Compañía, a partir del 14 de junio del 82, sus integrantes debían manifestar pertenecer al Regimiento de Infantería 86 con misión de protección en Puerto Argentino.
Ni siquiera las boinas se salvaron de
ser destruidas con el escudo correspondiente, aunque algunos, las
ocultaron entre las confecciones del gabán de combate para
conservarlas como recuerdo de esta gesta inolvidable. El suscripto,
hoy Coronel luce orgulloso en su
despacho ese símbolo de una Aptitud Especial que tanto prestigia al
Ejército Argentino.
(*) El Coronel Enrique Stel es Oficial de Estado Mayor, Jefe de Departamento de Carreras de Grado de la Escuela Superior de Guerra, Miembro del Centro de Estudios Estratégicos, ha sido distinguido con la Pluma Académica y preside la Comisión de Derecho Internacional Humanitario desde donde concentra sus esfuerzos por humanizar el drama de la guerra.
[1] Comandos en Acción. Dr Isidoro Ruiz Moreno. Emecé Editores, S. A. 1986
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