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Congreso sobre Malvinas en la UNLA

 

 


DISCURSO DE DIPLOMÁTICO BRASILEÑO EN CONGRESO DE MALVINAS EN LA UNLA

 

La Unasur tiene capacidad de soluciones

sin participación de potencias externas

 

Guilherme de Aguiar Patriota (*)

 

No soy experto en los aspectos jurídicos de la cuestión Malvinas, de manera que sobre el tema presentaré un cuadro general, un poco impresionista, desde el punto de vista diplomático brasileño y de nuestra política externa actual. Hablaré más libremente con el intento de fomentar una reflexión, ya que no se trata de un discurso estructurado de la posición oficial, formal, de Brasil.

En primer lugar, mencionaré la importancia del conflicto de las Malvinas en la historia reciente de la aproximación entre Brasil y Argentina. Podríamos considerar el conflicto de 1982 como un eje a partir del cual se construyó, en años recientes, el ideal histórico de la aspiración conjunta de nuestras sociedades de una integración más profunda de América del Sur y, de manera más amplia, de América Latina y el Caribe.

 

 

A pesar de la trágica pérdida de vidas humanas que ocasionó, la guerra de Malvinas tuvo el efecto de movilizar el espíritu de solidaridad regional suramericana frente a una amenaza externa. Ese conflicto reveló la falla de las potencias aliadas tradicionales en apoyar a lo que nosotros consideramos una reivindicación histórica legítima de un país de la región sobre las islas.

En ese contexto, las Malvinas contribuyeron fundamentalmente para el proceso de acuerdos bilaterales del período Alfonsín-Sarney, un trabajo diplomático progresivo de construcción de confianza. Empezamos a tratar directamente, entre Argentina y Brasil, sin mediadores, temas de alta complejidad: energía nuclear para fines pacíficos y el establecimiento de un sistema de evaluación y transparencia con la participación de nuestros científicos e instituciones nacionales así como de la Agencia Internacional de Energía Atómica.

La ampliación de ese eje de cooperación bilateral para un proyecto subregional de integración se realizó inicialmente por medio de la creación de un área de comercio preferencial en el ámbito del Mercosur, que asumió, enseguida, el formato más ambicioso de una unión aduanera con un arancel externo común.

Proyecto de colores neoliberales en sus comienzos, el Mercosur evolucionó rumbo a una agenda de trabajo más amplia, democrática y social, reflejando la transición progresista en los gobiernos de los países miembros. Hoy, el Mercosur es más que libre comercio. Hay coordinación en prácticamente todos los campos de las políticas públicas, una visión de integración productiva, un Parlamento, una cláusula democrática y compromisos comunes en sectores sociales claves.

Además, se busca en la actualidad una membresía más amplia en el Mercosur que la de sus cuatro miembros originales y un proyecto de importancia no sólo económica como política, con incursiones en el área de seguridad y defensa, reflejadas en la declaración del Mercosur que establece a éste como Área Libre de Armas Nucleares. Son etapas de un círculo concéntrico que se va ampliando desde lo puramente comercial hacia direcciones más complejas.

El proyecto del gobierno del Presidente Lula da Silva no se limita a abrir mercados para productos comerciales. Si solamente hacemos eso, encontraremos poca complementariedad con la que trabajar entre nuestras economías y nos confrontaremos con una competición destructiva entre nuestros parques industriales en desarrollo. La solución es ampliar el enfoque. Tenemos que promover la integración de cadenas productivas, una integración solidaria de políticas sociales, de políticas de empleo, de políticas de protección social, mirar hacia la gestión de los sistemas de pagos, financiar proyectos conjuntos de integración física e infraestructura energética y de transportes. Poner sobre la mesa todas las políticas públicas y articularlas, porque ahí sí encontraremos espacio para una integración complementaria, sostenible, benéfica para todos los países, independientemente de sus grados relativos de desarrollo económico-industrial.

Trabajamos con ese enfoque por la consolidación de un espacio suramericano, con el Caribe y América Central. No importa que existan múltiples arreglos y foros de integración. Lo fundamental es que marchemos rumbo a una convergencia de esos procesos, su consolidación institucional y a la consideración de agendas sustantivas de real interés para nuestras sociedades. Estos son esfuerzos necesarios para el desarrollo armónico regional.

Trabajar regionalmente en el campo de la defensa y seguridad es quizás el objetivo más ambicioso. Contrariamente a lo que podría suponer el sentido común, repensar el modelo de cooperación regional en defensa y seguridad no es tan fácil como negociar la reducción de un arancel en un acuerdo de libre comercio. El tema requiere gestiones cuidadosas por sus posibles implicaciones en el orden del poder mundial. Pero, aún así, estamos enfrentando el reto con pasos importantes en el área de seguridad. La integración de América del Sur, en todas sus dimensiones, es una prioridad absoluta de la política externa del gobierno brasileño.

La cuestión de las Malvinas tiene enorme significado. Uno encuentra repercusiones del problema en casi todas las áreas, no sólo en las relaciones estratégicas de defensa, sino también en el ámbito doméstico argentino, en la gestión de recursos naturales marinos, en el tema de la proyección hacia la Antártica y de los reclamos por soberanía en aquel territorio, una cuestión jurídica, ambiental y de derecho del mar.

El gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner reposicionó el tema en las agendas regionales e internacionales con gran éxito. Además, las actividades de Reino Unido de explotación de petróleo en las aguas circundantes al archipiélago afectan el delicado equilibrio del post conflicto y contradicen los términos de las resoluciones aplicables de la ONU, de la OEA y de la Unasur, en el sentido de que ambas partes en disputa deben mantener una especie de stand still (1) mientras buscan una solución pronta y pacífica para los reclamos de soberanía.

A partir de nuevas iniciativas diplomáticas del gobierno argentino y a la luz de acciones externas originadas en el gobierno del Reino Unido, se plantea concretamente un tratamiento más importante para la cuestión de las Malvinas. Una vez más, las Malvinas tienen el potencial de ser un elemento simbólico de unificación y solidaridad en pro de la integración suramericana.

Los nuevos pasos que dimos hasta ahora fueron la introducción del tema Malvinas en la agenda de Unasur y los acuerdos al respecto alcanzados en la reunión de la Unidad de América Latina, con la presencia del Grupo de Río, realizada en Cancún, en febrero de 2010. En estos foros adoptamos declaraciones que reconocen los derechos legítimos argentinos de soberanía sobre las islas y rechazan las acciones unilaterales del Reino Unido con miras a la explotación petrolera en la región de los archipiélagos, las cuales no están conformes con las resoluciones de Naciones Unidas.

Adicionalmente, Brasil se incluye hoy en el grupo de países de la región que apoyan firmemente no sólo los derechos legítimos argentinos en la disputa por soberanía de las Islas Malvinas, sino también sus derechos sobre las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur y áreas circundantes. Esa posición brasileña fue adoptada en la Cumbre del Mercosur, en San Juan, el 3 de agosto de 2010, en una declaración bilateral firmada por los Presidentes Lula da Silva y Cristina Fernández de Kirchner. La posición anterior oficial de Brasil se refería a la cuestión de las Malvinas, sin mencionar explícitamente las Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

En Cancún, se logró el apoyo de las islas del Caribe a la reivindicación argentina, incluso de las antiguas colonias inglesas, miembros de la Mancomunidad Británica de Naciones. Ellas también se sumaron a la posición regional, lo que no es un hecho menor.

La causa argentina, en los términos descriptos en las resoluciones de la ONU, ahora lo es también del Brasil, de Suramérica, del Grupo de Río y del Caribe.

Con el paso que dio el 3 de agosto, Brasil se encuentra en armonía con la región de América Latina y Caribe en una posición de apoyo completo y sin ambigüedades a la Argentina. Nuestra posición se extiende a todo el espectro de la reivindicación. Además, estamos muy dispuestos a seguir en la consideración regional del tema dentro de los mecanismos de diálogo disponibles.

El 3 de octubre, tendremos elecciones en Brasil (2). Sin embargo, la posición brasileña se mantiene firme desde 1833 y no va a cambiar. Nuestra expectativa es que se mantengan la misma visión y el mismo énfasis en cuanto a la integración regional. Debemos estar preparados para el fortalecimiento institucional del Mercosur y de la Unasur sin dejar de considerar niveles adicionales de supranacionalidad que fortalezcan esos mecanismos, caso necesario.

En la Unasur contamos con el liderazgo del ex Presidente Néstor Kirchner en el cargo de Secretario-Ejecutivo (3). Tenemos, además, un instrumento nuevo en el cual se podría debatir el tema de las Malvinas y considerar su tratamiento en concreto dentro de una perspectiva de seguridad colectiva y solidaridad regional, que es el Consejo de Defensa de América del Sur, aún en proceso de creación y de consolidación institucional. La propia Unasur depende de la ratificación por un número suficiente de Parlamentos nacionales para la entrada en vigencia del Estatuto Constitutivo del foro.

Para el futuro, se podría pensar acerca de una doctrina actualizada de seguridad colectiva regional de América del Sur, basada en el pensamiento y las prioridades de los países de la región. No necesitamos, en ese cometido, la mediación de potencias o actores extra regionales. Sería un pilar fundamental para la construcción de una integración solidaria, cooperativa e independiente de Suramérica; la realización de una aspiración mayor de nuestros líderes históricos que no seríamos capaces de alcanzar solos.

La disputa por Malvinas es la principal herida abierta que tenemos con una potencia extra regional referente a una cuestión de soberanía. Otros puntos conflictivos en la región no involucran temas de soberanía con potencias extranjeras y hemos sido capaces de lidiar con ellos satisfactoriamente entre nosotros. Tuvimos los casos recientes, tratados dentro del mecanismo de la Unasur, del establecimiento de bases americanas en Colombia y de inestabilidades internas en Bolivia. En ambos casos, la Unasur actuó con éxito. Reveló capacidad de coordinación en pro del diálogo y de soluciones rápidas y pacíficas, sin necesidad de participación de potencias externas y sin recurrir a sistemas más amplios de seguridad colectiva, como los de Naciones Unidas. Parece evidenciarse, así, el potencial que tiene la Unasur para actuar en todos los campos. Con respecto a las Malvinas, estaríamos perfectamente dispuestos y abiertos a seguir trabajando con Argentina y con todos los países de la región dentro de la Unasur.

En Naciones Unidas, tuve el privilegio de pronunciar la declaración de Brasil con relación al tema de las Malvinas en el Comité de Descolonización. Recuerdo que la sesión de 2010 tuvo gran significado para el gobierno argentino. Fue el primer viaje al exterior del recién nombrado Canciller Héctor Timerman, con una delegación muy importante. Se reforzó en esa ocasión la solicitud de los buenos oficios del Secretario General de la ONU para promover un diálogo directo con el Reino Unido sobre el tema. Pero el Reino Unido aún no propició una postura positiva que facilite esa mediación, aunque lo prevea la resolución adoptada por el Comité.

En 2011, cuando el tema esté una vez más bajo consideración del Comité de Naciones Unidas, estaremos en condiciones de expresar la posición de Brasil de una manera concreta como lo hicimos el 3 de agosto en San Juan, en el sentido de que apoyamos todo el reclamo, incluyendo Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y áreas circundantes.

Por fin, creo que la percepción pública de nuestras sociedades sobre la importancia de Malvinas puede tornarse más aguda como consecuencia del descubrimiento de petróleo en aguas profundas en el litoral de Brasil y de la posibilidad de depósitos adicionales en otras áreas de la costa suramericana. Se percibe un cambio en la visión que tienen los brasileños, por ejemplo, de lo que significa una plataforma continental con potencial de petróleo abundante de alta calidad y sus implicaciones para la relación de fuerzas en el área energética global. Estimula en los brasileños un pensamiento estratégico acerca de la explotación económica y social de las riquezas del subsuelo marino en la franja costera.

La idea de que el área se extienda más al sur, quizás hasta la zona de las Malvinas, nos hace pensar si no sería el caso de organizarnos estratégicamente, los países de la región, para proteger estos y otros recursos de fundamental importancia para el futuro de nuestros países y de nuestra región.

(*) Ministro plenipotenciario, miembro de la Misión Permanente de Brasil en las Naciones Unidas. Jefe de la dirección de Ciencia y Técnica del Ministerio de Relaciones Exteriores de su país. Asesor en Asuntos de Cooperación Internacional.

(1) N. del E: literalmente, “quedarse quieto”. Estancamiento.
(2) N. del E: en esa fecha se realizaron elecciones generales en Brasil y ningún candidato presidencial logró el máximo de votos requeridos. El 31 de octubre se efectuó la segunda vuelta y resultó vencedora Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT).
(3) N. del E: Kirchner falleció un mes después, el 27 de octubre de 2010, sin concluir su mandato al frente de la Unasur.

Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur

Montevideo 641, 2 Piso CP (1019), Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Tel/Fax: 5411 4372-7538 - Correo Electrónico: info@heroesdemalvinas.org.ar


“La guerra de Malvinas es una guerra antiimperialista en el Atlántico Sur”

Disertación de Mario Oporto, Ministro de Educación de la Provincia de Buenos Aires, en el Primer Congreso "Malvinas, una Causa de la Patria Grande", organizado por el Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús (28 de Septiembre de 2010)

Voy a hacer una breve exposición que da cuenta del papel que tiene la historia y la interpretación del pasado en el reclamo soberano de las Islas Malvinas y en la unidad de Suramérica. En primer lugar, siempre es bueno cuando uno comienza a hablar del tema Malvinas, decir algo muy simple y obvio: lo primero que hay que decir es que las Malvinas son argentinas. Me parece que es un tema que hay que repetirlo para poder, a partir de allí, hacer interpretaciones de la historia, de la soberanía argentina en las islas y de la guerra del Atlántico Sur de 1982.

Esta guerra ha tenido muchos matices e interpretaciones y seguramente los seguirá teniendo porque caracteriza la historia que las generaciones sucesivas hagan preguntas sobre los acontecimientos del pasado. Pero las interpretaciones de la cuestión de las Malvinas y la guerra de la última dictadura pusieron extremo hincapié en cuestiones internas. Y se desarrollaron muchísimas críticas, tal vez injustas en muchos casos, a la acción de las Fuerzas Armadas argentinas en las islas. Hubo expresiones de autocrítica de las relaciones internas en las Fuerzas Armadas, pero ninguna de esas interpretaciones tiene que olvidar que la usurpación del Reino Unido en Malvinas es una ocupación imperialista. Y que la guerra de Malvinas es una guerra antiimperialista en el Atlántico Sur.

Nosotros creemos que la causa de Malvinas está íntimamente vinculada a la unidad del continente. Y la unidad del continente está vinculada al destino del continente, usando las palabras de un libro de Manuel Ugarte, El destino de un continente. El destino de este continente está en la unidad, pero la interpretación que se haga del pasado va a favorecer o no a la unidad. En el caso de Argentina, la escuela cumple un papel fundamental en lo que es la construcción del pasado, la difusión popular de la construcción del pasado. La escuela argentina ha tenido un papel decisivo en la construcción de la nacionalidad a fines del siglo XIX y gran parte del siglo XX. La Argentina que vivía el impacto inmigratorio, posterior a las guerras civiles, tuvo en la escuela la construcción de los ritos, de las ceremonias, de los proceratos que alrededor de la escuela se hizo en la construcción de la nacionalidad.

 

 

Estoy convencido que si la escuela no construye la idea de unidad del continente, esta unidad va a ser mucho más difícil. No va a haber unidad si no hay cultura de la unidad. Podría haber mercado común, discusión arancelaria, pero lo que no va a haber es unidad de los pueblos confederados si no hay cultura de la unidad. Y en ese sentido la construcción del pasado es decisiva para ello.

¿Qué pasado? ¿Cómo miramos el pasado? En primer lugar, no lo miramos neutralmente. En segundo lugar, lo miramos desde un presente y con una necesidad del presente. Y casi hay tantos pasados como interpretaciones de él tenemos y en él debatimos. Nuestro pasado fue construido a fines del siglo XIX en adelante con la idea de argentinidad, peruanidad, el Uruguay; es decir, países independientes que no tenían relaciones entre ellos o eran muy débiles, y que sí tenían relaciones, y fuertes, con el mercado externo.

Fuertes relaciones vinculadas a uno o dos productos que les daban desarrollo a algunas zonas de América Latina.

Realmente hemos construido un pasado de la división, el pasado de las hipótesis de conflicto. El Brasil como enemigo histórico, el conflicto con Chile, todo a favor del imperialismo. A favor de quienes nos dividían y nos juzgaban o desarrollaban sólo una parte de nuestro territorio, aquellos que se podían vincular a partir de las oligarquías latinas al mercado mundial. Esa era, en forma clásica, la antinomia de “civilización y barbarie”. Tampoco la idea de introducir América Latina en nuestro imaginario colectivo y en el pasado que nos enseñan en las escuelas sirve si se hace a partir de las historias particulares de cada país. Sólo si se hace la idea de un continente que fue unido y las vicisitudes políticas destruyeron.

Realmente cuando hablamos de unidad de América Latina tiene que incluir siempre a las Malvinas. Cuando hablamos de la unión de América Latina en realidad de lo que estamos hablado es de re-unión de América Latina, porque es re-unir lo que estaba unido y que la guerra de la Independencia, las posteriores guerras civiles y las falsas guerras interestatales –que eran en el fondo guerras civiles de aquellas zonas que se iban fragmentando de los Virreinatos– llevaron a cabo. Estos países, cuando se los compara con el proceso de la Unión Europea, no viven ese mismo proceso, porque si la Unión Europea lo logra frente a la relación pacífica y extraordinaria de dos naciones enfrentadas históricamente como Francia y Alemania, América Latina lo hace desde un mismo pasado histórico, desde una misma lengua, una misma creencia, las mismas vicisitudes; y por lo tanto, del mismo porvenir. O sea que esto es re-unión de una independencia que se logró a costa de la unidad, somos independientes a costa de ser unidos y ése fue el drama que vieron nuestros pensadores del siglo XIX.

¿Es una extravagancia pensar a la Argentina en la Unión Suramericana? Yo creo que no. No es ni una extravagancia ni una cuestión de moda o del presente. Argentina tiene una larga tradición de pensamiento vinculado a la unidad del continente. La unidad del continente se puede mirar de muchas maneras, nosotros vamos a elegir mirarlo desde la unidad de los pueblos, con posturas democráticas y antiimperialistas. Uno lo puede ver desde el Panamericanismo, lo puede ver desde la Alianza para el Progreso, desde el Área de Libre Comercio de las Américas, desde distintas visiones de la unidad. Nosotros creemos que la unidad válida es aquella que se hace en defensa de los intereses de las mayorías populares y de los intereses nacionales de toda la región. Argentina, si uno recorre su historia, puede aportar una larga tradición de pensamiento para ello, y es bueno hacerlo. Es bueno porque es un gran aporte que hace un país que, por lo menos su litoral estuvo siempre muy vinculado al pensamiento europeo. Y es bueno hacerlo porque también genera autoestima de pensamiento argentino.

Cuando digo “autoestima de pensamiento argentino” no quiero caer en un nacionalismo que reniega del pensamiento universal. No creo en los nacionalismos restauradores, pero tampoco creo en aquellos que piensan que todo lo que pasó en nuestras tierras es producto de ideas y de pensares que vienen de afuera de nuestro continente. El pensamiento de la unidad latinoamericana es por lo tanto un pensamiento de la tradición antiimperialista y de la cuestión social. Yo creo que el nacimiento hace doscientos años de estos países o de estas naciones independientes estuvo vinculado a la cuestión social, a la cuestión de la independencia y a la cuestión de la unidad. La formula sería: es imposible resolver la cuestión social si no logramos la independencia nacional. Pero es imposible lograr la independencia nacional si no somos capaces de mantenernos unidos.

En 1802, Mariano Moreno hizo su tesis de doctorado y lo hizo en una universidad boliviana, lo cual es bueno remarcar ante tanto prejuicio, y también es bueno recordar que el primer presidente de un gobierno independiente hace doscientos años era un boliviano del Potosí: Cornelio Saavedra. Y que estas tierras habían permanecido dependiendo de Lima casi el mismo tiempo de lo que hoy dependen de Buenos Aires, un poco mas de doscientos años fuimos peruanos. Por lo tanto, Mariano Moreno hace su tesis de doctorado sobre la servidumbre indígena. Es una tesis donde no habla ni de la unidad de América Latina, ni habla de la independencia; pero ya se vislumbra en ella la cuestión social. No podemos emanciparnos personalmente, no podemos liberar a los siervos explotados de las economías latinoamericanas si no se quiebra el modelo colonial de explotación. La cuestión de la servidumbre indígena es la cuestión obrera y la cuestión de los desocupados de acuerdo al tiempo en que esto ocurre.

Estos hombres se sentían americanos. Juan José Castelli pensó en la unidad del continente. Manuel Belgrano planteó la monarquía incaica para plantear que era, primero la unidad y después la forma de gobierno; primero la independencia y la unidad. San Martín, Güemes y hasta López Jordán en cada una de sus proclamas se planteaban ser americanos, luchar por la unidad de l continente. El legado de Bolívar en la Argentina era el de Deán Funes, también un pensador con visión americana.

De todos ellos yo quiero destacar el extraordinario trabajo de Bernardo de Monteagudo, escrito pocos días antes de ser asesinado en 1824 y pensado para el Congreso de la Unidad de Panamá planteado por Bolívar. El trabajo de Monteagudo, la tesis de licenciatura Juan Bautista Alberdi en la década del 40 en Santiago de Chile, pensando la unidad con una visión más

económica, más jurídica, más de mercado común; los trabajos de Manuel Ugarte. La extraordinaria conferencia de Juan Perón en 1953, donde plantea la unidad estratégica con el Brasil. Todos son hitos de un pensamiento argentino que aporta desde la visión de políticas de Estado a esta unidad.

Termino con esta idea: las Malvinas están vinculadas a la larga lucha de la independencia nacional todavía, al tiempo largo de la independencia nacional, que son doscientos años. Las Malvinas están vinculadas, en tanto independencia nacional, a la unidad del continente. Si no hay unidad del continente no vamos a recuperar Malvinas, nos va a costar mucho más recuperarlas. Si no hay unidad de continente va a ser mucho más dificultoso industrializarnos y generar un mercado fuerte que genere pleno empleo y que genere, por lo tanto, el bienestar para nuestros pueblos. Ocupación para los desocupados, buen nivel de vida para los obreros y emancipación para los que todavía viven bajo servidumbres de distintas formas en algunos territorios de nuestra nación.

Las causas siempre son las mismas, la soberanía se divide en una idea de soberanía nacional y de soberanía popular. No hay democracia si no hay soberanía sobre el territorio y no va a haber soberanía que se mantenga si no hay democracia. Hoy tenemos que profundizar la democracia, la defensa de los derechos humanos, la idea de patria, la defensa integral del territorio argentino y suramericano, la justicia social, los intereses nacionales y los intereses de las mayorías populares. Por lo tanto termino como empecé: las Malvinas son argentinas y mientras no sea reconocido por todo el mundo, una parte de nuestra soberanía va a estar dañada.

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