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LA HISTORIA DE LA MASONERIA

 

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QUE ES LA FRANCO MASONERÍA ?

II MASONERÍA Y RELIGIÓN

III EL SECRETO MASÓNICO

IV EL MASÓN

V RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO

VI CREDO DEL R:. E:. A:. A:.

VII MANDAMIENTOS DEL MASÓN

VIII CÓDIGO MASÓNICO

IX LA MASONERÍA ES UNA SOCIEDAD SECRETA?

X LA MASONERÍA ES UNA INSTITUCIÓN

XI ALGUNOS PUNTOS SOBRE LA FRANCMASONERÍA

 

QUE ES LA FRANCMASONERÍA

La Francmasonería o Masonería es una de las más antiguas fraternidades iniciáticas que tiene como fundamento la creencia en un Ser supremo, expresado bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo.

Acoge en su seno solo a hombres libres, mayores de edad, respetables e independientes, solo dependientes de su conciencia y dedicados a poner en práctica un ideal de paz, amor y fraternidad, preocupados en su perfeccionamiento moral así como el de la humanidad entera. La Masonería impone a todos sus miembros el respeto a las opiniones y creencias ajenas y prohíbe toda discusión política o religiosa a fin de constituir un centro permanente de unión fraternal, donde reina una comprensión tolerante y una fructífera armonía entre los hombres.

Los masones nos reconocemos entre nosotros como hermanos y consideramos nuestra asociación, libremente consentida a título individual, como una Alianza de hombres libres que desean progresar y desarrollarse interiormente. Los masones tenemos unos principios, que creemos justos y razonables, y capaces de imprimir una dirección favorable a nuestro desarrollo individual, así como a nuestro comportamiento social.

El primero de estos principios Es la convicción de que todos los hombres sin distinción de raza, cultura, religión o posición social, nacen con los mismos derechos y obligaciones.

Esta verdad es a menudo olvidada en la sociedad y es por ello que es nuestro deber mantener y fortalecer, en el seno de nuestra Institución en primer lugar y en la sociedad en general, los sentimientos de fraternidad y de igualdad.

El segundo principio Es la vuelta a sí mismo: conocerse mejor es el objetivo que persigue cada masón.

Hacerlo cada uno está muy bien, pero es mucho más fácil con la ayuda de otros hombres. Cuando se trata de hermanos, la claridad y el rigor de sus opiniones no es solo deseable sino de gran ayuda en el desarrollo moral de cada uno. El masón es un hombre social que quiere ponerse al servicio de la sociedad mediante el conocimiento que adquiere de sí mismo.

Un tercer principio Es que el trabajo personal se realiza sobre la base del simbolismo de los constructores. Las herramientas, su significado, sus ideas, pueden ser aplicadas en nuestra vida diaria y en nuestra conducta.

MASONERÍA Y RELIGIÓN

La Masonería cree en la libertad de conciencia de cada uno de sus miembros, especialmente en materia religiosa o confesional. Cada masón es libre y consecuente con sus propias ideas y creencias.

Sin embargo, la Masonería Regular parte de la creencia en la existencia de un Principio y Origen organizador ( o unificador) al que llama Gran Arquitecto del Universo con el que cada masón puede identificarse de acuerdo con sus ideas religiosas, éticas o morales. La Masonería prohíbe a sus miembros toda discusión en Logia sobre religión o política.

 

EL SECRETO MASÓNICO

La Masonería no es una sociedad secreta sino discreta. Nos reunimos a puerta cerrada como cualquier club o asociación reservada a sus miembros.

En nuestras reuniones hablamos de nosotros mismos, de nuestras opiniones y de nuestras creencias. Un sentido del pudor y discreción justifica que guardemos para nosotros mismos nuestros problemas y nuestras alegrías.

Un masón jamás dirá que otra persona es masón. ¿Por qué? La pertenencia a cualquier asociación, entidad o club corresponde a la esfera privada de las personas, y un masón sabe y debe respetar la intimidad de cada uno. Por supuesto, cada persona es muy libre de hablar sobre sí mismo.

EL MASÓN

Es un hombre que tiene Fe en Dios; se mantiene en el Nivel, actúa sobre la Escuadra, y es la Verdad su Compás, por lo cual se mantiene en la Plomada.

SOBRE EL RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO

Las raíces del R\E\A\A\ (forma abreviada de escribir Rito Escocés Antiguo y Aceptado), aparecen de una forma definida en 1756, si bien es a partir de 1801 cuando este Rito se estructura tal como se le conoce y practica la actualidad.

En Ecuador, así como en una gran parte de países de todo el mundo, el R\E\A\A\ ha causado siempre gran entusiasmo y admiración por ser este un Rito donde se combinan los elementos simbólicos más tradicionales con una dinámica de funcionamiento ciertamente expresiva que permite desarrollar junto a un profundo sentido de fraternidad, una agudo sentido del análisis racional que invita a enfocar la vida con criterios donde lo espiritual y lo racional se complementan extraordinariamente. En las Logias que utilizan el R\E\A\A\ se representan simbólicamente las Leyes que rigen el universo y sus trabajos se realizan fundamentalmente en dos líneas que se complementan como los brazos de un mismo cuerpo.

En primer lugar tenemos el Trabajo Ritualístico o Práctica del Ritual que permitirá, en sus grados de Aprendiz, Compañero y Maestro, a través de una serie de dramatizaciones ritualísticas de antiquísima simbología, tener una mayor conciencia de las Leyes y preceptos de la naturaleza y del universo de la que descubriría nuestra simple pero atenta observación.

En este sentido el ritual está estructurado y codificado de tal manera que conforma un hilo conductor, el cual no sólo puede transmitir un claro y sencillo mensaje general, sino que puede activar mecanismos subconscientes e inconscientes que generan un elevado sentido de la trascendencia y de Dios o Gran Arquitecto del Universo.

Así pues, en este Rito tiene una importancia capital no sólo a la Práctica del Ritual sino también a su asimilación espiritual, psicológica y conceptual. En segundo lugar, dentro de los trabajos de la Logia se pone igualmente énfasis en los Trabajos Masónicos de tipo intelectual.

Los Trabajos son presentados por escrito y, una vez leídos en la Tenida, son tratados de forma oral y coloquial entre los hermanos. De esta forma se consigue, a través de las diferentes apreciaciones u opiniones aportadas, una percepción profunda del tema tratado, con el consiguiente enriquecimiento y formación masónica que invariablemente dará sus frutos en cualquier ámbito o situación.

Siguiendo con el espíritu eminentemente dinámico de las Logias de R\E\A\A\, habitualmente forma parte importante, el correspondiente ágape fraternal o cena realizada fuera de las Logias, donde se interelacionan sus miembros y se desarrolla, si cabe en mayor medida, el profundo sentido de la Fraternidad que existe entre todos los Hermanos.

En términos generales, estas son las líneas esenciales que definen de manera particular el Rito Escocés Antiguo y Aceptado dando, por supuesto, un extraordinario énfasis a la aplicación práctica en la vida diaria y cotidiana de los frutos personales obtenidos mediante el "Trabajo" de tan antiguo Rito.

CREDO DEL R\E\ A\A\

El progreso humano es nuestra causa, La libertad de pensamiento, nuestro supremo deseo, Libertad de Conciencia nuestra misión, y la garantía de igualdad de derechos para toda persona, en cualquier parte del globo terrestre, nuestro objetivo final.

Mandamientos del Masón

El G\ A\ D\ U\ (DIOS) es la sabiduría inmutable. Es la inteligencia Suprema. Le honrarás con la práctica de la virtudes.

Tu religión será la de hacer el bien por solo el placer de hacerlo y no por ser un deber. Sé justo porque la equidad es el sostén del género humano. Sé bueno porque la bondad encadena todos los corazones. Sé indulgente porque eres débil y porque vives entre seres tan débiles como tú.

Sé agradecido porque el reconocimiento alienta y sostiene la bondad. Perdona la injurias porque la venganza eterniza el odio. Sé contingente, temperante y casto, porque la voluptuosidad, la intemperancia y los excesos destruyen tu ser y te hacen despreciable. Aprende a conocer a los hombre para aprender a conocerte a tí mismo.

Código Masónico

Adora al Gran Arquitecto del Universo. Ama a tu Prójimo. Haz el bien y deja hablar a los hombres. El verdadero culto a Dios, consiste en las buenas costumbres. Haz el bien por el amor al bien mismo.

Conserva tu alma tan pura, que pueda presentarse a toda hora, delante de Dios, indigna de reproche. Ama a los buenos; compadece a los débiles, huye de los malvados, mas no odies a nadie. Habla respetuosamente a los grandes, prudentemente a tus iguales, sinceramente a tus amigos y con ternura a los pobres.

No adules jamás a tu hermano, porque es una traición y si tu hermano te adula desconfía; no te corrompa. Escucha siempre la voz de tu conciencia. Sé el padre de los pobres, cada suspiro que tu dureza les arranque será maldición que caerá sobre tu cabeza. Respeta al extranjero y al viajero, porque su posición les hace sagrados para ti. Evita las disputas, prevé los insultos poniendo la razón de por medio. Respeta a las mujeres, jamás abuses de su debilidad y muere antes de deshonrarlas.

Si el Gran Arquitecto del Universo te da un hijo, dale las gracias, pero tiembla por el depósito que te confía, por que en adelante tú serás para ese niño la imagen de la Divinidad. Haz que hasta los diez años te admire, hasta los veinte te ame y hasta la muerte te respete. Hasta los diez sé su maestro, hasta los veinte su padre y hasta la muerte su amigo. Enséñale antes buenos principios y después bellas maneras; que te deba una doctrina esclarecida mejor que una frívola elegancia. Que sea mejor un hombre honrado que un hombre hábil. Lee y aprovecha.

Ve e imita. Reflexiona y trabaja; y que todo redunde en beneficio de tus hermanos, para tu propia utilidad. Se siempre contento de todo y para todo. Jamás juzgues ligeramente las acciones de los hombres, inclínate más a perdonarlas que a condenarlas. Dios que es el que sondea nuestros corazones, es el único que puede apreciarlos con justicia.

LA MASONERÍA ES UNA SOCIEDAD SECRETA ?

La Masonería no es hoy una sociedad secreta en cuanto a la Institución legalmente constituida; las autoridades argentinas le tienen concedida la personería jurídica desde el año 1879, y sus fines son igualmente conocidos por cuanto están enumerados en los Estatutos aprobados por el Gobierno de la Nación y ampliamente difundidos en diccionarios, enciclopedias y publicaciones históricas.

Pero, en épocas de cruenta persecución que en algunos países se ha lanzado contra la Masonería, es lógico que se hayan constituido grupos de masones discretamente reservados, lo mismo que hicieron los cristianos perseguidos por el Imperio Romano. Sin embargo, no es esta la verdadera motivación del llamado secreto masónico. Ese se refiere al estudio e interpretación de los símbolos y ritos de la Orden, de los cuales surge la utilidad de los trabajos realizados en las Logias.

Recordemos que hay dos categorías muy distintas de sociedades secretas:

1) Las organizaciones secretas (clandestinas) políticas, cuya acción y ejercicio son de duración limitada y cuyos fines son concretos. Nada tienen que ver con la Masonería.

2)Las sociedades iniciáticas que de ningún modo intentan ocultarse, pero cuyo secreto consiste en reservar el conocimiento de los ritos y ceremonias a los iniciados porque se trataba de un método de perfeccionamiento espiritual. La Masonería es, por excelencia, una sociedad iniciática.

LA MASONERÍA ES UNA INSTITUCIÓN

Filosófica, Filantrópica y Progresista. Es Filosófica porque orienta al hombre hacia la investigación racional de la leyes de la Naturaleza; invita al esfuerzo del pensamiento que va desde la simbólica representación geométrica hacia la abstracción metafísica; busca la reflexión filosófica , la penetración del sentido espiritual del movimiento de la Historia; contempla en cada tiempo histórico las nuevas inspiraciones doctrinarias y asimila, de cada sistema filosófico, lo que pueda significar el aporte al patrimonio de la Verdad abstracta, más allá del tiempo y del espacio.

Es filantrópica porque practica el altruismo, desea el bienestar de todos los seres humanos y no está inspirada en la búsqueda de lucros personales de ninguna clase.

Sus esfuerzos y sus recursos están dedicados al progreso y felicidad de la especie humana, sin distinción de nacionalidad, razas, sexo ni religión, para lo cual tiende a la elevación de los espíritus y a la tranquilidad de las conciencias, algunos apóstoles de la Orden han expresado en frases sintéticas el espíritu ecuménico que anima a la Masonería: "Toda la especie humana es una sola familia dispersa sobre la faz de la tierra; todos los pueblos son hermanos, y deben amarse unos a otros como tales. "Desdichados los impíos que buscan una gloria cruel en la sangre de su hermano!" (Ramsey, 1725).

Es progresista porque enseña y practica la solidaridad humana y la absoluta libertad de conciencia. La Masonería tiene por objeto la búsqueda de la Verdad, desechando el fanatismo y abordando sin prejuicios todas las nuevas aportaciones de la invención humana; estudia la moral universal y cultiva las ciencias y las artes y no pone obstáculo alguno en la investigación de la Verdad.

 

ALGUNOS PUNTOS SOBRE LA FRANCMASONERÍA

La Francmasonería es un sistema de filosofía práctica, que promueve la civilización, ejerce la beneficencia y tiende a purificar el corazón de los hombres, a mejorar sus costumbres y a mantener el honor en los sentimientos y la cultura en los modales.

El perfeccionamiento del hombre que la Francmasonería busca, no se concreta al orden espiritual, sino que trabaja para lograr que sus adeptos alcancen en sociedad la perfección que revela la educación esmerada, la moderación en el lenguaje y en el gesto, la sinceridad y el respeto a todas las opiniones.

La Francmasonería adjudica al hombre la plena responsabilidad moral de sus actos, y hace a todos los hombres iguales y solidarios. La Francmasonería ve en el hombre, el más alto valor del Universo y le asigna el derecho y el deber de buscar la verdad al través de su propia conciencia. La Francmasonería fomenta y cultiva el amor a la naturaleza.

La Francmasonería además de sus interpretaciones, ética y filosófica, tiene una interpretación artística y una interpretación científica que brindan sus símbolos a los iniciados estudiosos.

La Francmasonería, que aspira a que el mundo sea regido y gobernado por la Razón, combate la guerra, todas las violencias y todas las coacciones. La Francmasonería proclama la paz entre los hombres, como el más alto y el más permanente de sus fines. En consecuencia defiende el orden y respeta las leyes del país en que vive.

Las Empresas de la Francmasonería y los nexos que unen a los Francmasones son de orden puramente espiritual. Ni en las Logias se combinan negocios, ni la Orden trató jamás de conquistar pueblos ni de sojuzgar razas. La Francmasonería es algo así como una escuela filosófica, a la manera de las que tanta gloria dieron a la Grecia, en la que alumnos y maestros colaboran en el gran arte de desarrollar en el hombre todas las cualidades espirituales y morales.

La Francmasonería es una Asociación Universal que nadie quiere gobernar y que en vez de vínculos materiales, solo establece entre los hombres y los pueblos, lazos de orden ético.

La Francmasonería no es una secta, puesto que su contenido no es una doctrina particular establecida o encontrada por un Maestro, ni los francmasones siguen a nadie con tesón y sin conciencia deliberada.

La Francmasonería tiene su origen en la Razón y por esto es universal; pero se diferencia de las religiones en que deja a sus adeptos absoluta libertad para creer. La Francmasonería se diferencia de la Iglesia fundamentalmente:

A - en que lejos de pretender gobernar la conciencia de los hombre, pretende para ellos la máxima libertad.

B - en que no tiene, ni jamás tuvo pretensiones de poder temporal.

La Francmasonería no cierra sus puertas a los católicos, ni a los protestantes, ni a los judíos, ni a los mahometanos, ni a ningún militante de un credo religioso cualquiera, pero los quiere limpios de supersticiones y tan cuidadosos, por lo menos, de lo que el hombre debe al hombre como igual suyo.

La Francmasonería sólo excluye de sus logias la Religión cuando ésta se mezcla en las cosas terrenas porque por este solo hecho, se convierte en política. Entre la Religión y la Francmasonería no hay incompatibilidad ni semejanza. Aquella no es sino el vínculo que une a los hombres con Dios. Esta tiene como fin el de estrechar las relaciones entre los hombres y agruparlos con principios propios, dentro de lo que no cabe distinción de razas, idiomas ni creencias.

La política instruye al cuidado en sus derechos. la Francmasonería lo instruye de sus DERECHOS y de sus DEBERES. La Francmasonería no es una Asociación pública, ni secreta, sino privada y discreta para el mutuo trato, el perfeccionamiento espiritual, la educación científica y artística y la investigación de la verdad.

La Francmasonería no acepta doctrina alguna como definitiva, como exclusiva, ni como suya; estimula a sus adeptos a que las examinen todas y ni limita la actuación de la conciencia ni pone muros al campo de la investigación.

La Moral de la Francmasonería es la Moral universal y eterna. La Francmasonería no sólo exige de sus adeptos una moralidad a toda prueba, sino que excluye a todos los que no tienen un medio de vivir conocido y a los que no sienten con intensidad el amor al trabajo. Desde que existe la Francmasonería jamás se ha podido descubrir en ninguna logia de ningún país actos colectivos contra la virtud.

Dentro de una Logia Masónica no hay privilegios y tampoco el criterio de precedencia se deriva de los grados. Sólo está más alto el que es más virtuoso y sabe más. La tolerancia es una virtud de la Francmasonería que la distingue esencialmente de todas las Asociaciones políticas y religiosas. Tiene carácter universal, puesto que la estimula y la fomenta en los hombres y en los pueblos. Nació con la Orden y a medida que el masón avanza en grados se va identificando más y más con ella. Ninguna de las virtudes masónicas, tolerancia, moralidad, probidad, amor al trabajo, respeto inquebrantable a la fé jurada, etc. puede tener un fin materialista o utilitario; se cultiva para contribuir a la perfección humana.

La Francmasonería no reconoce al hombre el derecho a destruir al hombre, ni aún por ministerio de la ley. Por lo contrario, entiende que el hacerlo es desatar del deber de tutelar y perfeccionar al semejante deforme de cuerpo, de alma o de conciencia. La Francmasonería, frente a la exaltación del principio de autoridad que tantas dictaduras engendra en estos tiempos, mantiene su absoluta confianza en los principios inmutables de fraternidad y libertad individual.

La Francmasonería, no es una institución que se mantenga petrificada desafiando el tiempo y el espacio, por el contrario vive, progresa y asimila las excelencias de cada civilización.

 La Francmasonería no encierra entre sus muros el principio de Fraternidad; por el contrario, el masón considera hermanos a todos los hombres de todas las razas y de todos los pueblos, aún cuando sean adversarios de sus doctrinas. La Francmasonería, no justifica ningún fin alcanzado por medios reprobables porque sus fines son espirituales y altamente morales, y sus medios, los de la educación y de la práctica de la virtud. El fin primordial, de la Francmasonería es el de unir a los hombres buenos, de tal modo que ni las diferencias de religión, de raza, de credo político ni de intereses materiales puedan separarlos. Dios es la sabiduría eterna; todopoderoso e inmutable. Le adorarás y honrarás con la práctica de la virtud.

 

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© GRAN LOGIA REGULAR DE LOS ANTIGUOS LIBRES Y ACEPTADOS MASONES DEL ECUADOR

 

 

Principios masonicos e "ideales" profanos Amedeo Zorzi 1. Corán, sûra II, aleya 34. 2. Corán, sûra XXXVIII, aleya 76. 3. Memorable sigue siendo el caso de Leo Taxil, como ejemplo de paradojal mistificación urdida para desencadenar sobre la Masonería grotescas acusaciones que, por más increíbles que fueran, en aquella época tuvieron una indudable resonancia.

No debe creerse que este tipo de antimasonismo haya desaparecido, al contrario; acusaciones no menos pesadas son divulgadas actualmente sobre todo por medio de la televisión; este instrumento permite, merced a un oportuno manejo, encubrir parcialmente la parte más burda de los embustes denigrantes, al menos a los ojos del público más superficial. 4. Tenemos un ejemplo en el modo hasta obsesivo con el que se insiste en querer acoplar el nombre de Guénon al de J.Evola, tanto de parte de aquellos que tienen un propósito meramente denigratorio y por cierto encuentran más cómodo criticar a este último, como de parte de los "evolianos", que buscan anexarse en algún modo la figura de Guénon a pesar de toda evidencia y de las explícitas desmentidas. 5. Etudes sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, vol. I, pág. 273. Quien se acerque a la forma tradicional masónica dejando de lado los prejuicios que caracterizan a la mentalidad moderna, dispuesto a profundizar sus diversos argumentos y deseando comprender la naturaleza de aquello con lo que entra en contacto, no podrá dejar de constatar la existencia de un importante patrimonio simbólico, ritual y esotérico.

Este patrimonio, sea lo que fuere del estado de decadencia de las organizaciones masónicas modernas, subsiste aún a pesar de todas las tentativas perpetradas hasta el presente para tratar de destruirlo, y proviene tanto de las más antiguas organizaciones iniciáticas vinculadas al arte de la construcción como también de elementos de otras formas iniciáticas occidentales actualmente desaparecidas, de modo que se puede asegurar con firmeza que la Masonería actual se ha mantenido como la única heredera de todo cuanto ha existido de iniciático y auténticamente esotérico en el mundo occidental.Un estudio sobre como se ha producido el pasaje de la antigua Masonería operativa a la Masonería por decirlo así, moderna, o especulativa, es materia algo compleja, que esperamos poder retornar más específicamente en un futuro próximo; por ahora nos limitaremos a confirmar que, para cuantos se hayan interesado seriamente en esta cuestión, resulta incuestionable que la Masonería moderna, por más incompleta que se presente actualmente bajo ciertos aspectos, ha conservado sin embargo lo esencial, de modo que la iniciación que aún hoy puede ser transmitida, al menos allí donde se hayan mantenido los requisitos de "ortodoxia", es la misma iniciación que transmitían las organizaciones de oficios del medievo y que se perpetúa, a través de las distintas épocas, desde tiempo inmemorial.

Dicho esto, puede parecer sorprendente que en los ambientes masónicos actuales, el concepto de la regularidad de la filiación iniciática a la que hemos aludido no sea tan pacíficamente aceptado y, por el contrario, a veces encuentre encarnizados opositores. Algunos quieren sostener que la Masonería ha nacido efectivamente en 1717, sin vínculos efectivos con las organizaciones operativas preexistentes, y que no es más que una sociedad filosófica y filantrópica, en la que se persiguen determinados "ideales", que en definitiva no son más que aquellos que tenían curso en el siglo XVIII, propugnados por el moralismo protestante y el Iluminismo.Quienes sostienen estas tesis no comprenden que, implícitamente, de esta manera desconocen la regularidad de la organización a la que pertenecen y la verdadera naturaleza de la iniciación misma cuyo rito de transmisión, por otra parte, se reduce para ellos a una simple "ceremonia". Preguntarse porqué, en los ambientes masónicos actuales, exista un rechazo a la aceptación del carácter tradicional de la Masonería, equivaldría al fin y al cabo a preguntarse porqué, en esos mismos ambientes, haya sido rechazado el mensaje de René Guénon (salvo excepciones que representan de todas maneras una pequeña minoría).

Precisamente la obra que podría suministrar la clave para comprender el significado de esos símbolos y ritos que, a pesar de todo, siguen siendo conservados y transmitidos (al menos por ahora y por cierto no en todos lados), o aparece claramente rechazada, o se la acepta al igual que cualquier otra en nombre de la "tolerancia", lo que de hecho equivale a desconocer su auténtico significado.Por otra parte, es muy raro que las solicitudes de "afiliación" sean una consecuencia de aquella metànoia que debería manifestarse en quien tiene una real aspiración hacia la vía iniciática; en general no hay una búsqueda en sentido intelectual, ni un verdadero cambio de mentalidad.

Así es como cada uno se convierte en portador de las ideas del mundo profano y de las propias tendencias individuales, de modo que es lo interior lo que resulta influenciado por lo exterior y no al revés, como legítimamente debería ser. Por eso es que los ambientes masónicos, desde fines del siglo XVII, fueron siempre condicionados de alguna manera por la ideas "profanas" que de tiempo en tiempo se imponían en Occidente; y, sin embargo, es necesario reconocer que, a pesar de ello, la Masonería siempre puso de manifiesto una sorprendente capacidad de "autoconservación".Aludíamos anteriormente a la influencia del Protestantismo y del Iluminismo; en efecto, la formación de la Masonería especulativa, que tuvo lugar en Inglaterra al comienzo del siglo XVIII, fue también el resultado de un proceso de "protestantización" de las organizaciones masónicas, las que previamente eran preponderantemente católicas, y por otra parte, este cambio resultaba inevitable, por el impulso de fuertes condicionamientos políticos. En el resto de Europa, el nuevo curso, nacido de la Gran Logia de Inglaterra, asumió en cambio principalmente un carácter filosófico-iluminísta y anticlerical.

De modo que estas organizaciones se encontraron con una contradicción interna, ya que por un lado tenían la función de conservar un patrimonio tradicional, y por el otro se veían contaminadas por una difusa mentalidad de tipo filosófico profano y por lo tanto antitradicional; tenemos así, por una parte, la transmisión iniciática y las prácticas rituales, y por la otra, la adopción de un punto de vista moral y "laico". De tales contradicciones solo podían surgir equívocos de todo tipo y uno de los más graves fue precisamente la confusión entre los puntos de vista ritual y moral, al afirmarse la idea de que ritos y símbolos deban ser entendidos según un "significado moral". Ritos y símbolos representan, en el mundo humano, las reales correspondencias que vinculan entre sí a los múltiples estados de existencia y el nexo de todas estas diferentes realidades con los principios metafísicos de los que todas dependen; por ello, ritos y símbolos constituyen un instrumento indispensable para establecer una comunicación entre el mundo humano y los estados superiores del Ser.

De este modo el símbolo extiende su verdadera función más allá de lo que es el dominio racional y discursivo, y por consiguiente el simbolismo no puede ser finalizado a algo que, por el contrario, está contenido exclusivamente en tal dominio y aquí se agota.Todo cuanto concierne a la moral puede ser fácilmente comprendido con la razón y acabadamente expresado con la dialéctica: se trata de cuestiones que cualquier profano puede comprender, por lo que resultarían totalmente superfluas una iniciación y una enseñanza esotérica, enseñanza que, por lo demás, no tendría objeto. Frente a tal contradicción, que debería mover a investigar cual pueda ser el verdadero significado de estos elementos tradicionales, algunos masones modernos llegan, por el contrario, a la conclusión de que tales elementos serían efectivamente inútiles e incluso hasta proponen su eliminación.

Y por otra parte, una vez "establecido" que estas cosas no sirven ¿para qué conservarlas?.Quizá valdría la pena detenerse un poco sobre este tipo de deducciones, en cuanto pertenecen a una amplia categoría dentro de la cual se podrían incluir prácticamente todas las afirmaciones antitradicionales. Al respecto puede ser significativo referirnos a lo que en la tradición islámica es el episodio de la rebelión y la "caída" de Iblis, en cuanto allí se encuentra, por decirlo así, el prototipo del razonamiento antitradicional. Señalamos, como digresión, que la tradición islámica es la única que conserva una revelación sobre este tema, importante y significativo desde el punto de vista cosmológico, dado que tanto el Cristianismo como el Judaismo desde hace ya muchos siglos han relegado entre los textos "apócrifos" a aquellos en los que se menciona esta cuestión.

Por el contrario, encontramos este episodio en muchos puntos del Corán, cuando Allâh ordena a los angeles prosternarse ante Adán. Recordamos que en la tradición islámica Adán es un profeta, tal como se encuentra explícitamente afirmado en la Sûra II, v. 30: "Y cuando tu Señor le dijo a los Angeles: - en verdad, estableceré un vicario (khalîfatan) sobre la tierra - ellos dijeron: pondrás sobre ella a alguien que sembrará la corrupción y derramará sangre, mientras nosotros Te glorificamos y Te santificamos?" El dijo: "en verdad Yo sé aquello que vosotros ignoráis".Hay, pues, de parte de los ángeles, una renuencia debida a una falta de comprensión, pese a lo cual acatan la orden divina: "Y cuando dijimos a los Angeles: -prosternaos ante Adán-, todos se prosternaron excepto Iblis que se negó por orgullo y se colocó entre los infieles" (1).

Cual es la objeción de Iblis? "soy mejor que él: me has creado a partir del fuego mientras a él lo has creado a partir de la arcilla" (2).

Al no comprender cual es en verdad la naturaleza del ser en el grado de la Identidad Suprema, Iblis encuentra un pretexto en aquella que, en el dominio individual, puede ser una precedencia en el orden de producción de los elementos, oponiéndola a la verdadera jerarquía espiritual, según el orden divino.Se podría decir que, ante aquello que no comprende, la inteligencia relativa de un ser se encuentra frente a una alternativa: reconocer los propios límites aceptando lo que la supera, o bien afirmarse a sí misma como un valor absoluto, negando lo que no puede comprender.

En esta afirmación de lo que es relativo e ilusorio, afirmación que al mismo tiempo se torna negación de la verdad, debe pues buscarse la raíz del orgullo y de todos esos procesos mentales que llevan a la negación de las enseñanzas tradicionales y, en general, a la negación de las verdades metafísicas.La cortedad de la inteligencia individual no puede tomarse como pretexto para sostener la imposibilidad de aceptar o de reconocer aquello que le es superior y que va más allá de los propios límites, por cuanto ningún ser se halla "separado" del Principio.

Hasta en los casos más adversos de ofuscamiento y pérdida del rumbo, todos los seres humanos deben con todo conservar, en alguna medida, una consciencia y una posibilidad de discriminación entre lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, lo superior y lo inferior; tal conciencia de la verdad puede incluso hallarse sepultada, sofocada, olvidada, a pesar de lo cual, mientras exista la naturaleza humana, debe subsistir en alguna medida una facultad de discriminación que otorgue un sentido a la responsabilidad en las acciones y en las modalidades de pensamiento.

 Esta huella, que necesariamente subsiste en cuanto corresponde a la naturaleza más profunda y auténtica del ser humano, debería resultar más evidente y reconocible en quienes han recibido una iniciación, la cual, aunque sea todavía "virtual", ciertamente nunca podrá dejar de tener su peso.Así como existe esta consciencia de la verdad que debería conducir a ese camino que responde al nombre, en sentido espiritual, de "sendero recto", así también la negación, la aparente e ilusoria oposición a la verdad es a su vez necesariamente consciente, y es una cuestión de elección, dictada en este último caso, por una irrefrenable tendencia al individualismo y a la separatividad."El está hecho de tierra", dice Iblis: hay en esta objeción un procedimiento que parte de una "definición", de la imposición apriorística de un límite; así es como, clasificando al objeto en la categoría de todo lo que se encuentra caracterizado por este límite o por este carácter (todo lo que es de tierra), y tomándolo en consideración únicamente según este aspecto, lo equipara y lo juzga igualmente que a los demás objetos que pertenecen a la misma categoría. El paso siguiente de este procedimiento es la afirmación de la propia superioridad en cuanto sujeto no incluído en la categoría en cuestión.

Si se examinan los procedimientos con los que, desde la antigüedad hasta nuestros días, ha sido negado el punto de vista metafísico y, por consiguiente, la enseñanza tradicional, y en general todo cuanto proviene del dominio de lo "sagrado", se comprende fácilmente como tales procedimientos siguen, con pocas variantes, este particular mecanismo dialéctico que representa una suerte de esquema genérico de la mistificación.

Se podría aducir el ejemplo del rechazo de esas enseñanzas tradicionales que se hallan expresadas en forma de cuentos simbólicos, mediante la afirmación de que se trataría de simples leyendas o "fábulas de los antiguos", asimilando estas enseñanzas, de manera apriorística e indebida, a la categoría de los relatos de fantasía y sosteniendo luego la superioridad de quien no les presta fe.Otro ejemplo podría ser el de aquellos que buscan desvirtuar al esoterismo asimilándolo al misticismo, para tratar de englobar todo en el dominio exotérico y luego emitir juicios en una materia sobre la cual no tienen la más mínima competencia.

O también el de las tentativas de asimilar el esoterismo auténtico a la categoría de todas las formas de pseudo-esoterismo, a fin de cargar sobre el verdadero el descrédito que justamente merece la categoría del falso esoterismo.

Una forma extrema de este último caso de mistificación consiste en el empleo del término "esoterismo" para designar aquello que pertenece al dominio de la brujería y del satanismo, con el resultado de proyectar una sombra siniestra sobre todo lo que puede ser legítimamente designado como "esotérico" y de invertir de manera verdaderamente "satánica" el significado auténtico del término (3).

Las técnicas mistificatorias de que nos estamos ocupando han sido aplicadas copiosamente contra la obra de Guénon y contra su persona misma, por ejemplo arrimando abusivamente su nombre al de otros autores, para crear la opinión de que deberían también en su caso valer las críticas que justa y fácilmente pueden formularse con respecto a otros, que en realidad nada tienen que ver con la obra de Guénon (4).

Volviendo ahora al asunto del cual partían estas apreciaciones, el sostener que ritos y símbolos tienen simplemente un significado moral o social, constituye una falsa afirmación, que dimana de un punto de vista profano y sigue ese mecanismo de negación del que hemos hablado. Ritos y símbolos son considerados en su aspecto más exterior, y asimilados a todo aquello clasificable como poseedor de significado social, sentimental, filosófico o individual.

De este modo resulta negada la real naturaleza y la auténtica función del simbolismo, abriéndose así la puerta a sucesivas fases de desviación y subversión. Notaremos entre las primeras consecuencias, una supuesta superioridad de la ciencia moderna respecto al simbolismo así malentendido, por la mayor complejidad racional de la ciencia respecto a la obviedad de los conceptos "moralísticos".

 Evidentemente, una tal incomprensión conducirá a subestimar la importancia de las prácticas rituales, las que podrán ser abreviadas o demasiado fácilmente modificadas, con la consiguiente pérdida de importantes elementos y un progresivo empobrecimiento del ritual, hasta el caso extremo de aquellos grupos marginales que tenderían a eliminar como "inútil" todo lo que en cambio constituye realmente lo esencial y cuya conservación ya es, en fin de cuentas, y a falta de una verdadera capacidad y voluntad de comprensión, la única razón de ser valedera de las organizaciones en cuestión.

Cuanto estamos diciendo acerca de la ilegitimidad, en el dominio iniciático, del punto de vista de la moral laica, que no se diferencia del mismo punto de vista profano, de ningún modo implica menoscabar la importancia de esas reglas tradicionales e iniciáticas que establecen conductas que exteriormente consisten en la práctica de las "virtudes"; por el contrario, desde el punto de vista iniciático, tales reglas podrán mostrarse en su verdadero significado y en todo su alcance, en vez de presentarse con el mero aspecto de la obligación.

Ni tampoco entendemos negar que una organización iniciática pueda cumplir, bien que como una modalidad secundaria, una acción encaminada a ejercer una influencia positiva sobre la sociedad.

Aun entendiendo la acción en un sentido exterior y práctico (como en el caso de iniciativas humanitarias), dicha acción, en sí misma, no contrastaría en absoluto con cuanto que corresponde a un aspecto más profundo, antes bien podría ser vista como un reflejo, aun cuando lejano, de una característica de las antiguas corporaciones de oficio, o sea la de realizar un trabajo indispensable para toda la comunidad.

Tan sólo que no debería confundirse lo interior con lo exterior, lo esencial con lo accesorio, y sobre todo, la acción exterior no deberia llevar a amoldarse tout-court a la mentalidad profana.

Puede reconocerse a la moral todavía un cierto valor tradicional cuando se la considera como un aspecto de una práctica religiosa exotérica; pero cuando incluso este punto de vista haya desaparecido y todo se reduzca a un laicismo ético-deontológico, de hecho habrá desaparecido, en dicha óptica, toda ocasión de anclaje con la tradición.

En tales condiciones, este subproducto de lo que la moral era en origen, se vuelve algo meramente filosófico y "subjetivo", susceptible pues de modificarse en el tiempo, en función de las corrientes psíquicas y de las opiniones que periódicamente llegan a impresionar la mentalidad general.

Así aquéllos que parecían "principios" , se tornan poco a poco algo inestable y fluctuante, en donde puede insertarse cualquier ideología, hasta la más incompatible con los valores que se abrigaba de la ilusión de custodiar.

Estas últimas consideraciones nos llevan a decir algunas palabras sobre otra "idea fija" de los masones modernos, la de la "tolerancia", entendida como un supuesto principio masónico.También en este caso habría al menos una acepción según la cual la tolerancia podría representar, si bien no un "principio" por lo menos una regla óptima: la de considerarla como sinónimo de paciencia.

En efecto, es bien conocida la gran importancia que todas las tradiciones atribuyen a la paciencia, tanto en el dominio exotérico como en el esotérico.

Pero, junto a este sentido legítimo, en el término de tolerancia, tal como es comúnmente entendido, se encuentran englobados otros significados totalmente incompatibles con el punto de vista iniciático: por una indebida transposición de los ideales democráticos, basta que alguien sostenga una idea cualquiera para que ésta automáticamente tenga derecho a ser tomada en consideración a la par de cualquier otra; esto lleva a lo que muchas veces Guénon definiera como una indiferencia hacia la verdad, y resulta más que evidente que una tal forma mentis constituye, en el ámbito iniciático, una verdadera "descalificación".

Recordamos, aunque se trate de una afirmación que debe darse por descontada, que un iniciado debería ser, antes que nada, un buscador de la Verdad y que, cualesquiera sean la diferencias existentes entre las distintas formas iniciáticas y los diferentes niveles, el método de búsqueda de la verdad, como quiera que sea, es siempre referible a una discriminación entre lo verdadero y lo falso.

Una rigurosa, constante, sutil discriminación debe ser aplicada tanto en el ahondamiento doctrinal teórico como en la aplicación del método, como así también, en general, en todo lo que forma parte de la vida, y tal "actividad" es sólo un reflejo de la verdadera discriminación entre lo real y lo ilusorio que deberá ser ejercitada, eminentemente, en el caso de un pasaje a lo operativo.

Debería entonces resultar del todo patente por que la invención de un pseudo-principio de "tolerancia", donde verdadero y falso se confunden y gozan de igual derecho, represente, en un ámbito iniciático, una verdadera anomalía; y que debería decirse de aquellos casos en los que, en nombre de este malentendido "principio" no solo se admite lo que es falso en el sentido de "no real", sino también ideas y comportamientos que provienen de los bajos fondos del psiquismo inferior y representan verdaderas aberraciones; bien se aplica a casos similares la advertencia con la que Guénon, en La crisis del mundo moderno, concluía el capítulo dedicado al individualismo: ""Hay de vosotros, guías ciegos" se dice en el Evangelio; en efecto, hoy en día, por todas partes, no se ven más que ciegos que guían a otros ciegos, y que, si no serán detenidos a tiempo, los conducirán fatalmente al abismo en el que se despeñarán todos juntos". Las apreciaciones que hemos expuesto a propósito de la "tolerancia", se aplican en gran parte incluso a otro factor considerado esencial e insustituible, como es el de la "discusión".

Como hemos recordado anteriormente, ya desde el comienzo del siglo XVIII el Protestantismo ejerció una pesada influencia en la formación de las modernas organizaciones masónicas, y el "libre examen" acabó por introducirse en ellas, salvo excepciones, en concomitancia con el debilitamiento, en su interior, de una válida enseñanza tradicional.

Por otra parte, una vez admitida la idea de que la actividad caracterizadora debía ser la "especulación filosófica", nos encontramos de hecho en el campo de las ideas individuales y de la interpretación individual de los datos tradicionales, con las consecuencias que fácilmente se puede imaginar. Semejante planteo resulta, con toda evidencia, incompatible con la aplicación de cualquier método iniciático válido, y una vez aceptado y generalizado, conlleva un verdadero desvío de lo que debería ser la legítima finalidad de una organización iniciática.

Cuando nos encontramos ante doctrinas tradicionales auténticas, nada puede ser puesto en discusión; sin embargo, podemos preguntarnos si, en el ejercicio de esa actividad de discriminación a la que hemos aludido anteriormente, no se pueda encontrar una aplicación iniciáticamente válida de una forma de diálogo, que no verse sobre ideas individuales, sino que se transforme en un instrumento exterior de verificación de la comprensión doctrinal.

El trabajo masónico es fundamentalmente y por su naturaleza misma, trabajo colectivo, y por otra parte no se puede exponer la doctrina sino por medio de expresiones verbales; por lo que, allí donde el empeño esté principalmente dirigido, tal como debería estarlo, a un progresivo mejoramiento del conocimiento doctrinal, mediante la profundización y la rectificación de los defectos de comprensión, este trabajo no puede dejar de asumir la forma de un intercambio dialéctico; hay que precisar, además, que en realidad se trata de algo que no se agota en un mero "estudio", precisamente por el valor iniciático que este método adquiere, cuando se lleve a cabo en un ámbito ritual.Este aspecto dialéctico del trabajo iniciático colectivo de ningún modo debe confundirse con la "discusión", tal como el punto de vista profano usualmente la entiende, no teniendo en común con ésta ni el objeto ni la finalidad.

Otra práctica que es corrientemente considerada como una aplicación de estos mismos presuntos "ideales masónicos", es la de asumir las decisiones a base de votaciones. Encontramos aquí, una vez más, un elemento que podría ser enteramente compatible con el punto de vista ritual: en muchas tradiciones, no solo occidentales, existen procedimientos orientados a tomar determinadas decisiones, que toman la forma de una votación.

En estos casos la operación colectiva es un verdadero rito, que deviene soporte de una presencia espiritual; si todo se cumple en las condiciones establecidas, las opciones derivantes ya no constituyen simples preferencias individuales sino cooptaciones conformes a aquello que es realmente justo y acorde con la ortodoxia tradicional.

Al contrario, sustituyendo estos conceptos con las ideas propias de la mentalidad profana, estas prácticas rituales se trocarán inmediatamente en votaciones democráticas de las que no surgirá otra cosa que la opinión de la mayoría.

De los ejemplos señalados, se puede comprender como la estructura corporativa y el carácter colectivo del trabajo, que siempre distinguieron a las organizaciones iniciáticas de oficio, han terminado por constituir, merced a la acción de las fuerzas antitradicionales, un soporte propicio para la intrusión de las ideas democráticas; esto sucedió, como hemos visto, con una interpretación en sentido profano de muchos elementos auténticamente rituales, a medida que se iba debilitando la consciencia de la verdadera naturaleza de estos últimos, y con la continua recepción de personas cada vez más contaminadas con la mentalidad profana y menos calificadas desde el punto de vista iniciático.

Este proceso de decadencia atravesó fases particularmente críticas, como la que coincidió con la constitución de la Gran Logia de Inglaterra; como es sabido se sucedieron, en distintas épocas, tentativas de "rectificación" y de restauración de la regularidad iniciática; tentativas que lograron resultados ciertamente importantes, sobre todo desde el punto de vista ritual; pero no se dió nunca, por lo menos en general, la posibilidad de una restauración completa, que implicase también el retorno a una mentalidad auténticamente tradicional.

Todo esto también tuvo, paradojalmente, un aspecto positivo, dado que así la Masonería se mantuvo hasta nuestros días, mientras que, si se hubiese rechazado todo arreglo, probablemente la misma se hubiera visto aplastada por el mundo moderno y habría desaparecido, como las demás formas iniciáticas occidentales.

Pero digamos enseguida que esta subsistencia ciertamente no se verificó merced a los factores contaminantes a los que hemos aludido, sino gracias a aquello que ha sido realmente conservado, y en todo caso se puede hablar de subsistencia sólo donde se haya mantenido realmente ese conjunto de reglas y de condiciones que constituyen propiamente la "ortodoxia masónica".

 Cuando, por el contrario, la existencia de irregularidades sea tan importante como para tornar el ambiente cada vez menos propicio para el desarrollo de un trabajo iniciático válido, es legítimo preguntarse hasta que punto realmente pueden haber llegado las cosas.Bien es verdad que, como dice Guénon, hablando de la Masonería: "... la incomprensión de sus adherentes e incluso la de sus dirigentes no altera para nada el valor propio de los ritos y símbolos de los que sigue siendo depositaria" (5).

 Sin embargo, también es cierto que un proceso de menoscabo y de desviación no puede proseguir indefinidamente, incluso porque la incomprensión trae consigo la pérdida progresiva del patrimonio tradicional, la alteración y el malentendimiento de sus elementos, favoreciendo asimismo cada vez más la infiltración de fuerzas antitradicionales y contrainiciáticas. ¿Debemos pensar que este proceso llegará hasta sus últimas consecuencias y sobrevendrá la muerte, o bien es posible esperar que la gran vitalidad de la iniciación masónica triunfará una vez más y en un futuro habrá todavía alguien que, gracias a una verdadera comprensión doctrinal, sentirá el deber interior ineludible de "atestiguar la Luz?".

 

   

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