Las preguntas no son nunca indiscretas. Las respuestas, a veces sí. Oscar Wilde
LA NUEVA GENERACIÓN
DE PADRES DE FAMILIA
Somos de las primeras generaciones de padres decididos a no repetir con los
hijos los mismos errores que pudieron haber cometido nuestros progenitores.
Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, ahora somos los más dedicados
y comprensivos, pero a la vez los más débiles e inseguros que ha dado la
historia.
Lo grave es que estamos lidiando con unos niños más "igualados", beligerantes y
poderosos que nunca existieron.
Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de
un extremo al otro. Así que, somos los últimos hijos regañados por los padres y
los primeros padres regañados por nuestros hijos.
Los últimos que le tuvimos miedo a nuestros padres y los primeros que tememos a
nuestros hijos. Los últimos que crecimos bajo el mando de los padres y los
primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos.
Lo que es peor, los últimos que respetamos a nuestros padres, y los primeros
que aceptamos que nuestros hijos no nos respeten.
En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de
las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.
En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se
comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto. Y
buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.
Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros
hijos se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran
que sus hijos los amen, aunque poco los respeten.
Y son los hijos quienes ahora esperan el respeto de sus padres, entendiendo por
tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias, sus formas de
actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin.
Como quien dice, los roles se invirtieron, y ahora son los papás quienes tienen
que complacer a sus hijos para ganárselos, y no a la inversa, como en el
pasado.
Esto explica el esfuerzo que hoy hacen tantos papás y mamás por ser los mejores
amigos de sus hijos y parecerles "muy cool" a sus hijos.
Se ha dicho que los extremos se tocan, y si el autoritarismo del pasado llenó a
los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de
miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.
Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus
vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de
guiarlos mientras no saben para dónde van.
Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga.
Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad
para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante
lidereándolos y no atrás cargándolos y rendidos a su voluntad.
Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol
y hastío en el que se está hundiendo la sociedad que parece ir a la deriva, sin
parámetros, ni destino.
de Autor Desconocido