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Se rompe el silencio sobre el pacto secreto

 


Chile-Argentina en la guerra de las Malvinas

Al cumplirse el 20º aniversario del conflicto, el ex jefe de la FACH por primera vez da detalles de la estrecha colaboración de Chile con Inglaterra durante la guerra de las Malvinas. Los contactos con oficiales ingleses, el papel de Pinochet, las armas y radares que la Fuerza Aérea recibió de Gran Bretaña. El azaroso destino de Sidney Edwards, el agente británico que jugó un rol crucial como enlace en Chile y después se involucró en el tráfico de armas a Croacia.

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El próximo domingo 2 de abril se cumplirán 20 años del comienzo de la guerra de las Malvinas. En el conflicto, desencadenado tras la invasión de soldados argentinos a las islas Falklands ordenada por el general Leopoldo Galtieri, murieron 700 soldados transandinos y 255 británicos. El episodio, que por lo absurdo sigue siendo un pasaje traumático de la historia reciente argentina, forzó a la Junta Militar que gobernó ese país entre 1976 y 1983 a renunciar y convocar, elecciones.

Dos décadas después quedan muy pocos secretos por develar sobre la guerra. Uno de los principales tiene que ver con la amplia colaboración que las Fuerzas Armadas chilenas encabezadas por el general Augusto Pinochet brindaron a los militares ingleses a lo largo de los dos meses y medio que duró el conflicto. 

El general Fernando Matthei, ex comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile y miembro de la Junta Militar entre 1977 y 1989, revela en esta extensa entrevista -realizada en julio del '99 en el Centro de Investigación y documentación de la Universidad Finis Terrae- gran cantidad de detalles inéditos de esa ayuda, la forma en que se gestó y la gran cantidad de equipamiento y armas que el régimen militar chileno recibió a cambio.

Margaret Thatcher, la ex Primer Ministro británica, ya había agradecido públicamente la colaboración chilena en 1999, en un intento por influir sobre la opinión pública de su país y demostrar que el general Pinochet, por esos días detenido en Londres, había sido un aliado clave de Inglaterra durante la guerra. Sin embargo, no entregó ninguno de los datos explícitos que esta vez proporciona Matthei (ver recuadro).

Durante la detención de Pinochet en Londres, Margaret Thatcher dejó en claro que en 1982 el gobierno chileno ayudó a los ingleses en el conflicto con Argentina.

¿Cómo se gestó esa ayuda y qué papel le correspondió jugar a usted?

En primer lugar, debo decir que la guerra de Las Malvinas -y eso es grave- nos tomó a todos por sorpresa. Me enteré de ello leyendo El Mercurio por la mañana. Sabíamos que estaba la posibilidad y cómo se fue desarrollando, pero jamás pensé que los argentinos serían tan locos. 

Años después conversamos con un amigo que fue comandante en jefe de la Fuerza Aérea Argentina -Omar Grafiña Rubens- y él tampoco lo supo allá. Recién se había retirado y estaba como sucesor el brigadier mayor Arturo Basilio Lami Dozo. 

Incluso durante una reunión en la que había participado, lo dejaron fuera y trataron las cosas por su cuenta. Debo reconocer que fue un secreto muy bien guardado por parte de los argentinos. Nadie lo supo. Tomaron a los ingleses completamente por sorpresa, y a nosotros también...

¿Cuál fue su reacción y la del gobierno?

Tomar nota y estar alerta. Dos días más tarde se presentó mi oficial de inteligencia, el general (Vicente) Rodríguez (ex jefe del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea) informándome que había llegado un oficial inglés enviado por el jefe del Estado Mayor de la Real Fuerza Aérea británica. Le dije que lo recibiría. Se trataba del Wing Commander (comandante de escuadrilla) Sidney Edwards, un personaje que no parecía inglés para nada y que hablaba español perfectamente (ver nota).

¿Cómo lo describiría?

Era un hombre joven, de unos 35 a 40 años. Sumamente activo y nervioso, desplegaba un montón de adrenalina. Venía con una carta de Sir David Great, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea inglesa, para ver en qué podíamos ayudarlo. Tenía plenos poderes para coordinar conmigo cualquier cosa que pudiéramos hacer juntos, lo que a mí me pareció muy interesante. Me dijo que tenía plenos poderes para negociar, y que lo que a ellos más les apremiaba era información de inteligencia. Los ingleses no se habían preocupado para nada de Argentina. Sabían todo lo inimaginable sobre Unión Soviética, pero de Argentina no sabían nada. Edwards me preguntó en qué podíamos ayudarlos. Le contesté que no me mandaba solo y que hablaría con el general Pinochet.

¿Habló con Pinochet sobre este "ofrecimiento"?

Conversé con él en términos muy generales, informándole que teníamos una gran oportunidad. A nosotros no nos interesaba que los argentinos les pegaran a los ingleses, porque entonces -ya lo había dicho Galtieri- seríamos los siguientes. Recién estábamos digiriendo el discurso de la Plaza de Mayo, en el cual -rugiendo ante las multitudes- había manifestado que Malvinas sería sólo el comienzo. Parecía Mussolini.

¿Ese discurso los había dejado preocupados?

Nos preocupó que después de las islas apuntaran hacia acá. Después de todo, ellos calificaban que territorios nuestros también les pertenecían. En general, Pinochet estuvo de acuerdo en que yo trabajara con los ingleses, siempre que no se supiera, y ambos estuvimos de acuerdo en que por ningún motivo debía enterarse de ello ni siquiera el Ministerio de Relaciones Exteriores.

¿Al Ejército y a la Marina no les había llegado de la parte inglesa una solicitud similar?

Nada.

¿Por qué cree que los británicos optaron por la Fuerza Aérea?

Buena pregunta. A mí me conocían, porque había sido agregado aéreo en Inglaterra entre diciembre de 1971 y enero de 1974.

Aprovecharon los vínculos personales con usted...

Yo había estado visitando sus industrias de material de guerra y tenía contactos con los altos mandos británicos. Mientras estaba allá, firmé contratos por seis aviones Hawker Hunter, y compramos también seis aviones de caza Vampire. Me conocían, teníamos una relación fluida. Estando en Londres, cuando me tocó ir a la Unión Soviética, les pasé a los ingleses una copia del informe que redacté para la FACH sobre lo que había observado en materia de armamentos. Ellos sabían que era su amigo, pese a que Chile -recuerde que estábamos en la Unidad Popular- lo consideraban parte del bloque del Este. También influyó el hecho de que yo hablara inglés, que hubiese volado en alguna oportunidad en una unidad de ellos y que conociera de la Real Fuerza Aérea hasta lo que ellos mismos no conocían. En resumen, tenían bastantes referencias mías y por eso me llego a mí la petición.

¿Qué hizo después de reunirse con Pinochet?

Con el general Pinochet quedamos en mantener esto en absoluto secreto, y luego volví a reunirme con Sidney Edwards, informándole que tenía carta blanca en el asunto y que operaríamos de acuerdo con mis criterios. Edwards me dijo que tanto el agregado de Defensa inglés -un marino- como la Embajada Británica no sabían de su existencia y que no debían enterarse. Edwards viajó entonces a Inglaterra para analizar qué podíamos hacer nosotros y a su regreso trajo autorización para que les diéramos información de inteligencia.

¿Qué recibiría Chile a cambio?

Ellos nos venderían en una "libra" -entre comillas- aviones Hawker Hunters, los cuales se traerían de inmediato a Chile por avión. Y también un radar de larga distancia, misiles antiaéreos, aviones Canberra de reconocimiento fotogramétrico a gran altura y también bombarderos. El material era muy importante, sobre todo los aviones de reconocimiento, porque en la Fuerza Aérea chilena no teníamos ninguno. Vuelan muy alto, como los U-2 norteamericanos y tienen unas inmensas cámaras fotográficas. Además, mandarían un avión de inteligencia, comunicaciones y espionaje electrónico. Se trataba de un avión Moondrop a chorro, parecido al 707 de pasajeros, pero transformado.

¿Cómo reunía información de inteligencia sin contar con equipos sofisticados?

Nosotros habíamos transformado aviones más livianos en nuestra propia industria y con equipos propios, pero no volaban con la altitud necesaria, porque eran aviones turbo hélices chicos, del tipo 99 Alfa. Habíamos transformado dos, con unos equipos llamados Itata, desarrollados en conjunto por la Marina y la Fuerza Aérea. Dichos equipos, montados a bordo de estos aviones bimotores livianos, podían detectar todas las señales de radar, analizarlas y clasificarlas. Pero las señales de radar -al igual que la luz- se proyectan en línea recta, sin quebrarse. Y no se captan a menos que se vuele a unos 40 mil pies de altura. Como primera medida, entonces, los ingleses mandaron ese avión, con el cual realizamos un reconocimiento completo a nuestro lado de la frontera. Hacíamos vuelos a gran altura sobre territorio chileno, pero captando señales del otro lado que nuestros equipos no eran capaces de captar por la cordillera y la baja altura.

¿Cómo puede llegar un avión de esas características y tamaño hasta el aeropuerto de Pudahuel o cualquier base aérea, sin que nadie se dé cuenta?

Ese avión venía como cualquier aparato civil, con un plan de vuelo normal.

¿Y los argentinos no lo detectaron en su espacio aéreo?

Es que no pasó por Argentina. Todos estos aviones llegaron a través de la Isla de Pascua y Tahití.

¿Y los espías argentinos?

No había espías argentinos, tal como nosotros no teníamos espías en Argentina. Con este avión se hacían vuelos a gran altura sobre territorio chileno, captando señales del otro lado. Los nuestros, en cambio, debido a la Cordillera y al tipo de aviones que eran, no podían volar tan alto como para captar las señales.

¿Quiénes pilotearon el avión?

Los ingleses, aunque iba un par de observadores nuestros a bordo. Nos pasaron la información necesaria sobre los equipos argentinos, pero nada que nosotros no supiéramos ya. Ese vuelo no nos sirvió, pero se realizó y para la historia es bueno saberlo. No arrojó informaciones que ya no tuviéramos, lo cual en cierta forma era bueno. Los ingleses quedaron impresionados por lo que vieron, por nuestros sistemas de escucha en el sur y por el radar de gran alcance que teníamos detrás de Punta Arenas.

¿Con ese radar espiaban al otro lado?

En un cerrito habíamos instalado un radar de 200 millas de alcance comprado en Francia. En tierra teníamos puestos de escucha en varias partes, que captaban todas las señales y comunicaciones radiales argentinas. También habíamos desarrollado en Punta Arenas, cuando llegué a la comandancia en jefe, un puesto de mando blindado bajo tierra, bien protegido, al cual llegaban todas las informaciones graficadas y clarísimas, como un teatro. En ese puesto se reunían todas las informaciones captadas por el radar grande y los más chicos, y por los escuchas. Allá se instaló Sydney Edwards.

¿Cómo transmitía Edwards esos datos a sus superiores?

Tenía un equipo de comunicación satelital directa con la Marina Real británica en el comando central de Northwood, cerca de Londres. Lo que pasaba aquí, de inmediato lo sabían los ingleses.

Inglaterra no podría haber encontrado un mejor aliado

Imposible. Nosotros avisábamos, por ejemplo, que desde una base determinada habían salido cuatro aviones en dirección a tal parte, que por su velocidad parecen Mirage. Una hora antes de que llegaran, los ingleses ya estaban informados de su arribo.

¿A usted le iban informando sobre lo que se entregaba a los ingleses?

Yo tenía otras cosas que hacer, pero al final de cada día me informaban lo que había ocurrido.

¿Alcanzaba a contarle a Pinochet el desarrollo de los acontecimientos?

Nunca le contaba nada. Empecé a no contarle por una sola razón: si "saltaba la liebre", quería que Pinochet estuviera en condiciones de jurar que él no sabía nada. De esa forma, podría decir que el culpable era el imbécil de Matthei y que lo echaría de inmediato. Nosotros siempre vamos a ser vecinos de Argentina, por eso no podíamos echar a perder para siempre esas relaciones.

Imagino que, de todas formas, los argentinos sospechaban. Antes incluso de que llegara Edwards, ya había conversado con el agregado aéreo argentino. Le dije que pidiera autorización a sus jefes, porque quería mandarlo para allá con un mensaje. Delante de otras personas, le pedí que transmitiera a Lami Dozo, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea Argentina, lo siguiente. Primero, que nunca en mi vida pensé que podían ser tan idiotas. Teniendo todas las posibilidades en mi cabeza, ésta fue la única que no ingresé en mi computador mental. Segundo, que ante esta situación le garantizaba que la FACH nunca atacaría por la espalda a Argentina. Tenía mi palabra de honor de que Chile no atacaría, bajo circunstancia alguna. Tercero, que cuando hay un incendio en la casa del vecino, el hombre prudente agarra la manguera y vierte agua en su propio techo. Por eso, en este momento haría todo lo posible por reforzar la Fuerza Aérea de Chile y su defensa, porque no hacerlo sería un acto irresponsable de mi parte.

Pero eso equivalía a alertarlos...

Significaba que compraría aviones, radares y misiles donde me fuera más fácil y rápido obtenerlos, es decir, en Inglaterra. Lo demás no se lo dije, obviamente, y nunca lo habría dicho si no fuera porque pasó toda esta lamentable situación que vivió el general Pinochet en Londres. Me habría quedado en silencio para siempre. Ahora le damos el crédito al general Pinochet, pero yo... no es que se lo haya escondido a propósito, sino de buena fe, porque tenía que estar en condiciones de culpar a otro si pasaba una trampa como esa. Pinochet, o el gobierno chileno, no se podían "fregar" por este motivo. Uno está dispuesto a hacer esas cosas.

¿Las negociaciones entre usted y Gran Bretaña tomaron en algún momento un cariz político?

Nunca hicimos un planteamiento político. Ambas partes estábamos de acuerdo en que no queríamos "political commitments" (compromisos políticos) de ningún tipo. No había una mayor alianza, se trataba estrictamente de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo". Tan sencillo como eso: oportunismo.

Puro pragmatismo. Llámelo como quiera, pero ésa fue la situación. No hubo mayores compromisos por ambos lados. Ni siquiera recibí una condecoración británica u otro tipo de reconocimiento.

¿Cuánto duró esta situación?

Se extendió durante toda la guerra. Nosotros nos quedamos con el avión, con los radares, los misiles y los aviones. Ellos recibieron a tiempo la información y todos quedamos conformes...

¿Hasta luego y muchas gracias?

Claro. Y a Sidney Albert Edwards lo despidieron al día siguiente por motivos de índole personal y entonces lo echaron. Después supe que estuvo metido en el tráfico de armas a Croacia (ver recuadro).

Mientras sucedía todo esto, ¿alguien más de la Fuerza Aérea y de las otras ramas de las Fuerzas Armadas se enteró de lo que usted estaba haciendo?

La FACH, en general, tampoco sabía demasiado. Lo único que se dio cuenta la Fuerza Aérea fue que había llegado armamento y equipos nuevos. Llegaron en aviones de transporte ingleses, a través de la Isla de Pascua. Un día, por ejemplo, apareció un Hércules C-130 que decía Fuerza "Aérea" de Chile. Se trataba de un avión que tenía el mismo número de uno de los nuestros y al cual sólo le faltaba la letra "e" de Aérea. Eso llamó la atención. Estaba pintado con los colores de la FACH y tenía que llevar el radar a Balmaceda, donde se instalaría para tener visión hacia las instalaciones argentinas en Comodoro Rivadavia (ver mapa). Cuando terminó la guerra lo saqué de ese lugar, porque no era mayormente útil y lo trasladé a otro -donde funciona hasta el día de hoy- para vigilar el tráfico hacia la Antártica.

¿Cuándo terminó la guerra, informó más detalladamente al general Pinochet?

Sí. Ahí le conté a Pinochet que les habíamos comprado todo ese equipo a los ingleses, a sólo dos "chauchas". Tenía que saberlo. Me miraba con una cara... Pero no le conté todo con detalles.

¿Por qué cree que la colaboración chilena terminó por saberse?

La destapó la señora Margaret Thatcher, pues ella obviamente lo sabía. El mismo Sidney Edwards me dijo que la Thatcher estaba muy agradecida porque conocía en detalle la ayuda prestada por Chile. En julio del '99, ella le dio públicamente las gracias a Pinochet por haber ayudado a Inglaterra durante la guerra. Pinochet, en todo caso, no tenía mucha idea. Conocía el tema en forma general, aunque sabía que nosotros habíamos operado y que yo había pedido autorización en términos muy amplios.

Episodios clave La reveladora entrevista al general Fernando Matthei que publica en este número Reportajes de La Tercera fue realizada en julio de 1999 por la historiadora y doctora en Historia de la Universidad Complutense de Madrid, Patricia Arancibia Clavel. Junto a ella participaron la periodista Isabel de la Maza y el investigador Jaime Parada.

Patricia Arancibia Clavel dirige el Centro de Investigación y Documentación en Historia de la Universidad Finis Terrae. La entidad, enfocada desde 1990 a recoger testimonios clave de los protagonistas de la historia reciente de Chile, ha acumulado una serie de registros grabados con personajes como el general Augusto Pinochet y el almirante José Toribio Merino, entre muchos otros.

La entrevista con Matthei publicada hoy no es sino un extracto de la serie de conversaciones que el ex comandante en jefe de la FACH sostuvo con Patricia Arancibia Clavel, y fue publicada con la autorización del general.

Comandos en Punta Arenas La única prueba tangible de que Chile algo tuvo que ver con Inglaterra durante el conflicto fue el episodio de un helicóptero británico que cayó a tierra cerca de Punta Arenas, y cuyos tripulantes fueron rescatados por uniformados chilenos...

Un día llegó Sidney Edwards a confesarme que un helicóptero inglés había caído en territorio chileno. Le pregunté qué había pasado, en vista de que habíamos acordado que ellos no efectuarían operaciones militares hacia Argentina desde territorio chileno, y que ningún avión inglés que hubiera operado contra Argentina aterrizaría en Chile. Ese era el acuerdo fundamental al que habíamos llegado.

parte 2

COMENTARIO DE LECTORES

cuentan. En primer lugar, todo lo que he leído de los documentalistas o estudiosos de Finis Terrae,abarca prácticamente una exclusiva área ideológica de la historia contemporánea de Chile,enfatizando el rol de los líderes militares que gobernaron el país de 1973-1990. De actores de otros "colores" no he encontrado ningún aporte de ese grupo académico. Bien, el general Mathei, y su antecesor, general Leigh, tuvieron diferencias permanentes con el general Pinochet. Es comprensible que Mathei se haya molestado porque la Sra. Tachter, con sus expresiones en favor del general Pinochet, le otorga todos los créditos en la ayuda chilena que recibieron los ingleses y nada dice del resto. De lo revelado, hay varios aspectos que no son creíbles, incluso por sentido común. Resalto. a) Para la información de Inteligencia geopolítica todo dato, por pequeño que sea o distante a lo que se busca, es valioso. Bien analizado lo más sencillo puede ser altamente útil. Las acciones de fuerza que Argentina emprendería en Malvinas, se venían expresando incluso en medios de comunicación de ese país y cualquiera que leyera entrelíneas (y los analistas de Inteligencia lo hacen, es más lo andan buscando siempre)lo debió descubrir. Al menos como un escenario, debían tenerlo previsto. Eso sí les pudo faltar el día y la hora, lo que de todas formas EE.UU. conocía por la CIA y el espionaje satelital. b)Existiendo una situación pendiente con Argentina (diferendo del Beagle)es obvio que Mathei y otros estaban monitoreando donde estaba cada avión, cada buque o cada grupo de soldados del país hermano. A la vez, la hermana Argentina, realizaba exactamente lo mismo respecto de su hermano Chile. Entonces, poner en práctica la "Operación Azul", luego "Operación Rosario", en cuanto a movimiento de fuerzas militares de todo tipo, era imposible de que no fuera detectada en alguna medida, por más precauciones que adoptaran sus organizadores.Pudo faltar el detalle preciso del punto (Malvinas, lo que también dudo), pero esas fuerzas (especialmente la fuerza naval) iban hacia el extremo austral y de gran tamaño, justo por la zona del mundo donde los chilenos estaban más alertas que nunca. c)Es imposible que el general Pinochet no supiera toda la ayuda que la FACH estaba brindando a los ingleses.Puede ser efectivo que el general Mathei no le contara o le diera versiones breves. Pero Pinochet decía que "En Chile no se mueve una hoja sin que lo sepa". Bajo su mando personal tenía a la Dirección Nacional de Inteligencia (luego Central Nacional de Informaciones)y esta acopiaba información de fuera y desde dentro de las FF.AA., por nombrar un solo servicio de tal carácter de entre los que podía utilizar. Asimismo, como siempre la FACH fue la rama de las FF.AA. chilenas que mas oposición interna le hacía, imposible que no tuviera ojos y oídos pendientes de ella. d)El buen observador incluso persona común y corriente, puede deducir mucho con datos ínfimos, y ser bien preciso. Para 1978, en el sur de Chile (Region de los Lagos), los periodistas se dieron cuenta de que la situación era de guerra inminente, aunque nadie se los dijo. Se percataron que en los supermercados de la ciudad se agotaron los alimentos no perecibles de un día para otro (los habían comprado los militares). Y en el mismo lugar vieron a las esposas de autoridades militares, y en otros sitios, sin sus maridos, ellas aparecían lo más natural posibles y mantenían la actividad social como si nada...pero solas. Y por esos mismos días uno de ellos observó que en el Hospital pintaban grandes cruces rojas en el techo (¿para qué?, al público no le servían de nada). Conclusión: estamos a punto de entrar en guerra con Argentina y nos van a bombardear aviones argentinos, que probablemente despegarán desde bases en Bariloche. (El análisis y comentario fue efectivo entre estos profesionales). d)No es creíble que ambos países no tuvieran a nadie en el otro lado obteniendo datos. Eso es para "cuento de inocentes", especialmente cuando hay una situación de potencial conflicto como existía. En todo caso, de estas tareas no se colocan avisos en los clasificados de la prensa y jamás se deben reconocer. Eso lo saben todos y así juegan. e)Por los mismos días de la guerra de las Malvinas, el gobierno chileno confirmaba que había enviado a la zona del extremo austral buques para probable ayuda humanitaria (¿¿??). Claro eufemismo que el observador agudo -chileno o argentino- leía de otro modo: se envió la flota o parte de ella a la región austral por si acaso, con todas las antenas alertas y en funcionamiento. f)Por los primeros días de la ocupación de Malvinas por fuerzas argentinas, era fácil darse cuenta que Alexander Haig (EE.UU.) solo hacía tiempo mientras los ingleses armaban bien su fuerza de tareas. Y a la vez, el embajador soviético se entrevistaba con autoridades argentinas ofreciendo su apoyo (salió en la prensa), poco después Argentina hundía, desde un avión, una fragata inglesa con un exocet; el misil magnífico (se lanzó a 50 kms. m/m de distancia, a buen resguardo antiáreo) pero se necesitaba de tecnología de posicionamiento que no poseía entonces. El general Galtieri, expresó que los ingleses habían tenido que hundir el Belgrano con ayuda extra, porque ¿cómo lo ubicaron tan precisamente? Eso mismo era válido también para el otro lado. g)El episodio del helicóptero Sea King que cayó cerca de Punta Arenas y que luego sus tripulantes y pasajeros fueron (versiones de prensa de entonces) encontrados por Carabineros chilenos caminando hacia Punta Arenas por el camino público. Hasta dieron una conferencia de prensa en Santiago donde explicaron su extravío, etc., pero el estado de ánimo, la serenidad y la sonrisa en la cara (en fotografías y tomas de televisión), decían otra cosa: "estamos operando desde Chile y les estamos contando un bonito cuento para que lo divulguen como nos interesa". Nuevamente, para un observador era cuestión de según las mismas noticias de prensa, sacar la cuenta donde estaba operando la fuerza de tareas inglesa y donde cayó el aparato, para concluir que lo seguro es que habían salido de este lado (Chile) y no desde las cercanías de Malvinas. h)Por cierto, creo que las revelaciones del general Mathei, para las FF.AA. argentinas no aportaron nada nuevo pues de seguro la conocían y, además, por esos días, el embajador argentino en Santiago al menos debe haber leído todos los diarios. Pero también es cierto que cuando se tiene un vecino-hermano con el cual se estará siempre muy cerquita, hay que privilegiar el bien mayor. La sorpresa es para los ciudadanos comunes y corrientes exclusivamente. Soy uno de ellos hasta cierto punto, pero desde que estudié en la Universidad aprendí la técnica del análisis de contenido, y ello me permite leer harto entrelíneas obteniendo conclusiones, o rápidamente ver la segunda lectura de un discurso o declaración oral. También sirve leer dos veces. O tratar de tener sentido común. Es mucho más lo que se puede decir, pero era OBVIO de OBVIO que en 1982 -aunque muchos no lo vieron para nada- que EE.UU. se la jugaría por su aliado de siempre, y que, estando Chile en una situación de amenaza espectante respecto de un país hermano-vecino, aseguraría su propia situación, puesto que en las relaciones internacionales (como señaló el propio general Martín Balza)"solo existen intereses". Es mucho más lo que se puede comentar sobre el tema. Falta analizar la variable geopolítica internacional. Para 1982 si estallaba un conflicto global EE.UU.-URSS OTAN vs. Pacto de Varsovia, el Canal de Panamá corría gran peligro; así las cosas el extremo austral de América (Estrecho de Magallanes, Beagle, Cabo de Hornos, isla de los Estados, Malvinas) tenía una gran importancia geo-estratégica. Bastaba con darse cuenta que con Inglaterra en posesión de las Malvinas, la garantía para EE.UU. y la OTAN eran superiores a las que podía ofrecer Argentina,y, por lo tanto, "el horno no estaba para bollos". Abel Manríquez Machuca email del comentarista=abelman@hotmail.com









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