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El pensamiento renacentista

 

Por: Micaela Violeta Bedano

Parte II|Parte III|Parte IV

Introducción.

El presente trabajo surge de una pequeña investigación bibliográfica que se enmarca en una ayudantía de segunda para la materia Historia de la Filosofía IV, desarrollada en el segundo cuatrimestre del año 2005.

En aquel momento el plan de trabajo y los objetivos tenían un carácter más abarcativo, y por eso mismo, casi ambiguo. Lo que aquí presentamos es un recorte, una selección de algunos temas y objetivos que apuntan a ubicar a Giordano Bruno como expresión acabada del Renacimiento y a desarrollar su metafísica.

Puesto que, a nuestro entender solo partiendo de ésta es posible comprender su teoría del conocimiento, su ética, su vinculación con la religión y, en general, toda su obra. Varios de los puntos que pretendíamos tratar no han podido ser desarrollados porque ameritan una investigación más exhaustiva y detallada.

Sin embargo, este trabajo no pretende tener un carácter final. El Renacimiento es una etapa de la historia intelectual que se nos presenta como múltiple, contradictoria, casi oscura.

En este sentido, realizar este rastreo no ha sido más que jugar a mirar el sol como si pudiéramos verlo y, en última instancia, lo que aquí intentamos es solo un acercamiento.

Quedan pendientes para otra oportunidad algunos temas tales como la inclusión de Giordano Bruno en la tradición de los tratados de amor (punto que pretendíamos llegar a desarrollar como tercer apartado de este trabajo); la distinción que realiza Bruno entre filosofía y religión, la cual lo impulsa vertiginosamente hacia la modernidad; su vinculación con la magia, la cábala, y la hermética (aspecto que si bien mencionamos, no hemos llegado a desarrollar); etc.

Los objetivos que en esta oportunidad guían la consecución del trabajo, son los siguientes:

• Comprender a la historia de la filosofía como un continuo y evitar presentar al pensamiento moderno como un salto histórico inexplicable.

• Destacar la importancia del Renacimiento como puente por el cual el pensamiento filosófico pudo pasar de la fase medieval a la moderna.

• Ubicar a Giordano Bruno en el contexto histórico y cultural- intelectual en el que desarrolló su obra.

• Analizar sus planteos metafísicos y cosmológicos.

Esto es, la tensión entre monismo, dualismo y panteísmo. El presente informe se encuentra dividido en dos secciones.

En la primera intentamos realizar un mapa del renacimiento, es decir, detenernos en los sucesos que lo definen y en las corrientes de pensamiento que lo recorren.

En la segunda sección nos referimos directamente a Giordano Bruno y a sus planteos metafísicos. Finalmente, cabe aclarar que hemos optado por investigar éste período histórico y puntualmente éste pensador por dos razones fundamentales.

En primer lugar por la curiosidad que otorga el silencio, es decir: dado que el Renacimiento no es analizado en las universidades ni es incluido dentro de la currícula, se genera un vacío histórico e intelectual entre el siglo XIII y el XVII.

Tratar de discernir lo que pensaban los hombres que vivieron entre esos dos siglos es una de los motivos que impulsan este trabajo; en segundo lugar, al elegir este tema nos vimos inspirados por una suerte de justicia histórica e intelectual: la idea de progreso, la exaltación de la dignidad humana, la lucha por la libertad creadora, la relevancia del mundo terreno, el optimismo respecto a la capacidad cognoscitiva del ser humano, entre otros logros de la modernidad, corresponden a una visión del mundo que se gesta y comienza a desarrollarse en el Renacimiento a costa de la vida de muchos pensadores, entre los que se cuenta Giordano Bruno.

El pensamiento renacentista

Hablar del Renacimiento implica entrar en complicadas disquisiciones sobre el carácter de éste momento histórico y su relación con la Edad Media y con la Modernidad.

Contamos con dos realizaciones intelectuales con una elevada solidez de estilo: la resultante del renacimiento del siglo XII que dio cabida a la escolástica, y la revolución científica y cultural del siglo XVII; y en el medio, el Renacimiento...

Un período que hoy se reconoce como complejo, oscuro y contradictorio; en el que confluyen corrientes de pensamiento hasta entonces desvinculadas, y en el que los pensadores se debaten entre la renovación del paganismo y la afirmación del cristianismo.

En el Renacimiento está el misterio que permite saltar de un paradigma a otro: a grandes rasgos, en la Edad Media el interés se desplaza hacia la vida futura, se identifica la existencia humana con una preparación para el más allá, la naturaleza aparece como un reflejo imperfecto de la divinidad y la materia como la sede del pecado.

Si bien esto no se puede extender del mismo modo a todos los pensadores ni a toda la Edad Media, dado que es preciso reconocer el optimismo de San Francisco o la confianza en el hombre de Pedro Abelardo (que formula una ética autónoma), de todos modos coincidimos con Mondolfo en que tanto los optimistas como los pesimistas de la Edad Media apelan a “una exigencia general de humildad por parte del hombre, afirmando su dependencia de la revelación y de la autoridad” (Mondolfo, 1954: 206).

En este sentido, cabe citar el De contemptu mundi (desprecio del mundo), famoso escrito de Lotario de Segni quien fuera luego el Papa Inocencio III, no ya como exponente de todo el pensamiento medieval, sino para poner en evidencia la renovación espiritual que se inicia en el Renacimiento y que toma distancia de toda actitud que gire en torno al desprecio del hombre.

“Anda investigando yerbas y árboles; pero estos producen flores, hojas y frutos, y tu produces de ti liendres y, piojos y gusanos; ellos emiten de su interior aceite, vino y bálsamo, y tu de tu cuerpo, esputo, orina, excrementos; etc.” (Mondolfo, 1954: 205)

La visión del mundo que sostienen los hombres del siglo XVII presenta caracteres precisamente opuestos: se valora la vida terrena en si misma y la naturaleza se vuelve el centro de atención. El hombre se proyecta autónomo y libre, conciente de su valor, confiado en su capacidad de perfeccionarse y progresar.

El hombre moderno se dirige hacia el porvenir como soberano del mundo y esto solo es posible en la medida en que la razón se ha liberado de la fe. Entre estos dos modos de entender y vivir el mundo no hay un salto histórico inexplicable ni un despertar violento.

El Renacimiento es un momento de fermentación y de gestación en el que muchas ideas se ensayaron por primera vez, primero tímida y luego más sagazmente.

Representa, si se quiere, el punto a partir del cual la historia se precipita hacia la modernidad. Desde una cierta perspectiva, puede pensarse que el intento revolucionario de los hombres del Renacimiento resultó, al final, algo trunco. Cassirer considera que, a pesar de la fuerza primitiva de la época, no se logró una verdadera renovación filosófica.

Al recurrir a la fusión sincrética, las corrientes perdieron densidad, los contornos se hicieron difusos y se recurrió a planteos que pertenecían a la mística de la Edad Media (Cassirer, 1951). Por su parte, Peter Burke observa que, en su intento por hacer revivir la antigüedad , los hombres del Renacimiento no fueron concientes de lo cerca que estaban del medioevo.

El mundo del renacimiento se veía inevitablemente atravesado por el cristianismo y sustancialmente modificado por éste. Al pretender imitar y superar a los antiguos (de aquí la confianza en el hombre y el interés por la naturaleza) en un contexto modificado por factores ajenos a la antigüedad, el hombre del Renacimiento se constituye, según Burke, en un sujeto “con un pie en cada orilla” (Burke, 1993: 37).

Las creencias y las disposiciones psicológicas que vinculan a los hombres del Renacimiento con su pasado cercano, la Edad Media, inhiben o menguan la fuerza creativa y revolucionaria que parecía gestarse en la época. Pensar que los hombres del Renacimiento no podían obviar su contexto, no solo hace insostenible el mito del Renacimiento como ruptura radical, sino que permite concebir al desarrollo humano como un proceso y a la historia como un continuo.

Pero si hacia finales del siglo XVI la renovación espiritual se fue haciendo más marcada y los pensadores más dispuestos a romper con las opiniones y creencias aceptadas, en la misma época sobrevino el recrudecimiento de la ofensiva de la iglesia a partir de la Contrarreforma. Suceso este, que hizo de Italia un lugar inhóspito para el desarrollo intelectual.

Fueron amenazados, excomulgados y procesados por la Inquisición todos los que cuestionaron dogmas y se atrevieron a pensar libremente. De este modo, hacia finales del s. XVI el Renacimiento agoniza en su intención revolucionaria. La historia personal de los hombres que vivieron y propusieron sus obras en este contexto, permite ilustrar la confusión mental que caracterizaba la época.

Quienes se aproximaban a la modernidad arrastrando tras de si todo el bagaje simbólico y cultural de la Edad Media, eran incapaces de percibir claramente los límites de su propia posición teológica (Yates, 1983). Patrizi, por poner un caso, le propone al Papa vincular la Contrarreforma con el hermetismo. A su modo de ver, enseñar la doctrina hermética en las universidades es utilizar un recurso filosófico para recuperar la fe católica y retornar a la verdad. Considera que es mucho más fácil recurrir a este método que a la censura eclesiástica o a las armas seculares.

El punto es que el Papa Clemente VIII, en 1592, llamó a Patrizi a Roma para que enseñara filosofía platónica en su universidad. Patrizi predicó entonces la Contrarreforma hermética que había esbozado en su Nueva filosofía universal. Sin embargo, se enfrentó a la Inquisición, su libro fue condenado por herejía y perdió todo el apoyo oficial con el que aparentemente contaba en un principio.

Este ejemplo pone en evidencia el poco acuerdo que había dentro de la misma iglesia y la inestabilidad de las posturas formuladas. Ya en el siglo anterior ocurrían cosas similares. Pico de la Mirándola, platónico seguidor de Ficino que intentó unificar la magia natural y la cábala hebrea, incorporó la práctica mágica dentro de la esfera de la religión, es decir en el mundo suprasensible.

Esto lo llevó a presentarse en numerosas ocasiones ante una comisión puesta en marcha por el Papa Inocencio VIII. En 1487 Pico hizo acto de formal sumisión y retractación ante la comisión y el Papa emitió una bula que condenaba todas sus tesis, pero que lo absolvía en razón de su sumisión.

Lo curioso del caso es que en 1492, cuando Alejandro VI, Borgia, sucedió a Inocencio VIII, le dirigió una carta personal a Pico en la que lo absolvía tanto a él como a su obra de toda sospecha de herejía y en la que lo llamaba “hijo fiel de la Iglesia”. (Yates, 1983)

Esta ambivalencia manifiesta al menos dos cosas: por un lado una resistencia psicológica cambio, experimentada por hombres que veían tambalear un sistema que durante dos mil años los había ubicado en el mundo y les había servido de guía espiritual y cotidiana. Toda cosmología lleva implícita una metafísica que le da sentido, de modo tal que las modificaciones al orden natural traían tras de si consecuencias filosóficas desestructurantes.

En palabras de Guillermo Boido: “La cosmología aristotélica tenía un carácter situante, que legitimaba no sólo una creencia acerca del mundo natural sino también un orden social, ético y político, que ahora parecía amenazado” (Boido, 1996: 122)

Por otro lado, estos cambios de actitud son también opciones políticas ante las transformaciones vertiginosos que se dan entre el siglo XV y el XVI: Intelectualmente el mundo se modifica ya desde la influencia ejercida por el renacimiento del siglo XII, ya desde las fuentes griegas y árabes que antes de la caída de Costantinopla (1453) habían empezado a conocerse gracias a la llegada de profesores griegos que huían exiliados.

El auge técnico también modificó la forma de entender el mundo: el arado permitió que muchas campesinos emigraran a la ciudad y se estimuló así el desarrollo comercial (y el Renacimiento es, ante todo, un fenómeno urbano); la carabela y la brújula permitieron no solo desarrollar la astronomía y la física, sino concebir la tierra de otro modo a partir del encuentro con América.

La iglesia comienza a perder su carácter de poder único ante la formación de los Estados nacionales (cuyo hito histórico es quizás la división del imperio Habsburgo en 1556) y de las altas burguesías. Pero fue la Reforma y la consiguiente Contrarreforma los sucesos que mutilaron y fragmentaron la autoridad de la iglesia precipitando la historia hacia la modernidad secular.

Si bien estos movimientos religiosos forman parte del Renacimiento, presentan, según Yates, una lógica distinta a la que se venía desarrollando en el período . Hasta entonces la revolución cultural se manifestaba en minoridades urbanas: oligarquías mercantiles, humanistas, intelectuales y artistas; y se apuntaba a una formación interior e individual. Por el contrario, la Reforma fue un movimiento de reorganización social de las masas que atacó a la iglesia en su función de órgano de la salvación del alma.

A partir de entonces en el mundo protestante la religiosidad pasó a ser un asunto que se resuelve entre el creyente y Dios, sin necesidad de intermediarios. Ya no es necesario escapar del mundo para salvar el alma, pues existe la fe como principio de justificación y es en el mundo civil en el que se debe actuar y vivir para realizar el él la perfección cristiana. No obstante, esta afirmación de la libre espontaneidad y el rechazo a la escolástica pareció agotarse pronto.

La energía renovadora se extravió en el esfuerzo por canalizar el movimiento y evitar la dispersión. Se gestó así un autoritarismo que llegó a fijar las interpretaciones correctas de la Biblia. Sin embargo, el cambio permitió adaptar la religiosidad al nuevo mundo que empezaba a evidenciarse. Cuando el autoritarismo protestante buscó un puntal en el Estado, se fusionó el poder civil y el religioso, y se inició la modernidad haciendo de la religión un asunto de Estado (Lamanna, 1960).   

Luego de que Inglaterra se sumara al secesionismo protestante (1531) y de que Calvino creara su propio movimiento dentro de la Reforma (1536), la Iglesia Católica se aprestaba a lanzar su Contrarreforma. Reunidos en el Concilio de Trento (1545- 1563) el catolicismo se entregó a una obra de reorganización interna, instaurando finalmente la más rígida autoridad y disciplina.

Aunque la fuerza creativa del Renacimiento estaba ya en trance de agotarse, es indudable que estos movimientos religiosos influyeron en el consecuente estancamiento intelectual.

El recrudecimiento de la Inquisición y la conformación de la Orden de los Jesuitas lleva a que concluya esta etapa histórica y cultural con la quema de libros, las prisiones domiciliarias y, lo que aquí nos atañe, la muerte en la hoguera de Giordano Bruno, considerado desde entonces imagen paradigmática de la lucha por la libertad de pensamiento. Y para ilustrar la vehemencia con la que Bruno rechaza la sumisión de los hombres a la autoridad de los dogmas, cito este párrafo De la causa, principio y uno:

“Pues es de ambicioso y cerebro presumido, vano y envidioso, el querer convencer a los demás de que no puede haber más que un camino para investigar y llegar al conocimiento de la naturaleza; y es de loco y de persona no razonable convencerse  a si mismo de ello. Por tanto, aunque el camino más constante y firme, más contemplativo y seguro, y el más alto de pensar ha de ser siempre preferido, honrado y seguido, no por eso se ha de censurar otro modo que no deje de rendir buenos frutos, por más que no se trate del mismo árbol” (Bruno, 1941: 100)

Si Italia durante el siglo XV llegó a ocupar  una posición líder, es porque se dieron ciertas condiciones sociales, políticas, económicas y culturales que lo permitieron. Por citar un caso, el auge de la medicina fue posible luego de que Federico II permitiera durante el siglo XIII la sección de cadáveres y el estudio de la anatomía humana. En este sentido, cuando las condiciones para el desarrollo cultural se volvieron adversas para Italia, la onda expansiva iniciada por el Renacimiento alcanzó zonas más propicias como Francia e Inglaterra.

Parte II|Parte III|Parte IV



COMENTARIO DE LECTORES

(Domingo|21|Junio|2009|11:1:51)=Me parece que la labor de publicar escritos como ese, siendo lo más objetivos posible, es digna de alabanza. Noemi Maita email del comentarista=noemimaita@yahoo.es

(Miércoles|17|Abril|2013|17:22:47)=Me parese muy bueno la tarea me salio genial... solo tube qe okupar mis neuronas para resumir y nesesiitoooo qe me hagan tdas las tareas para poder dormir!!!! PD: Tengo 15 agregenme chikas 13'13 ;'D Cristobal Vera email del comentarista=cristobal_15@hotmail.es

























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