Articulos Politicos mas Recientes:


13/10/2020 La Politica como Redencion(por Eduardo Filgeira Lima) :::

10/10/2020 Gobierno Canalla(por Enrique G. Avogadro) :::

3/10/2020 Resultado semifinal (por Enrique G. Avogadro) :::

05/09/2020 Y ahora que?(por Enrique G. Avogadro) :::

08/08/2020 Con diez cañones por banda (por Enrique G. Avogadro) :::

01/08/2020 RATA PLAN(por Enrique G. Avogadro) :::

.. ..
Entrá al fascinante mundo de los médicos, conoce como hacen tus controles de Salud
Clinica de Apnea y Ronquido
Columnistas Destacados

La metafísica de Giordano Bruno

 

Por: Micaela Violeta Bedano

Parte I|Parte II|Parte III

La metafísica de Giordano Bruno (Parte II)

A partir de esto podemos anticipar el núcleo de la filosofía bruniana: aquello que conocemos, la naturaleza, se experimenta como múltiple y responde a un doble principio, material y formal.

Sin embargo, el dualismo, y aún más la multiplicidad, es mera apariencia. Finalmente todo se reduce a lo mismo, a la única sustancia o Dios que es infinita e inmóvil. Es así como en el cambio no hay modificación del ser sino del modo de ser, y las diferencias no son más que accidentes o aspectos diversos de la única sustancia.

En De la causa, principio y uno, Bruno comienza estableciendo una distinción entre principios y causas, tanto cuando nos referimos a Dios como cuando nos referimos a la naturaleza. En el caso de Dios, llamamos de distinta manera, causa y principio, y designamos la misma cosa, puesto que Dios es al mismo tiempo la totalidad y la unidad absoluta.

Pero en la naturaleza, Bruno entiende por principio a aquello que concurre intrínsecamente a constituir la cosa y permanece en el efecto. En este sentido la materia y la forma son principios. Por otra parte llama causas a lo que concurre exteriormente a la producción de las cosas y mantiene su ser fuera del compuesto.

Es el caso de la causa eficiente y el fin. De esta manera el Nolano aplica a su modo las cuatro causas aristotélicas para dar cuenta del universo. Examina en primer lugar las causas, e identifica como causa eficiente al intelecto universal al que reconoce como la primera facultad del alma del mundo, por lo cual lo vincula al principio formal que desarrolla más adelante.

Dice hermosamente Bruno que los platónicos lo llaman “forjador del mundo” y los magos “sembrador”, porque desciende del plano superior, que es absolutamente uno, al sensible que está fragmentado en la multiplicidad y porque al bajar impregna la materia de todas sus formas. Dice también que Orfeo lo llama “ojo del mundo”, porque ve por fuera y por dentro todas las cosas naturales, y finalmente, Bruno le da el nombre de “artífice interno”, “porque da forma a la materia configurándola desde dentro, así como desde el interior de la semilla o raíz echa y desarrolla el tronco” (Bruno, 1941: 65 y 66).

De acuerdo a esto, el intelecto universal es causa extrínseca e intrínseca a la vez. Es extrínseco porque su ser no es el de las cosas engendradas y corruptibles, sino que actúa sobre ellas; y es causa intrínseca porque es desde dentro que forma y configura.

La causa eficiente se propone un fin hacia el cual tiende, éste fin es la perfección del universo, “perfección que consiste en que en las distintas partes de la materia la totalidad de la forma tenga existencia actual” (Bruno, 1941: 68).

Para Bruno, así como para los alquimistas y los magos, la materia en tanto potencia, tiene ya presente la forma a la que extrae de sus propias entrañas, y se constituye como el sustrato inmutable en torno al cual acontece el cambio. Y siguiendo a Anaxágoras, afirma que todo está en todo, pero luego aclara que no todo está en su totalidad y omnímodamente en cada cosa (Bruno, 1941: 139), puesto que es imposible para el mismo sustrato manifestar en acto todos los modos y los accidentes de la sustancia sin entrar en contradicción.

Sin embargo, es a esta actualidad pura a la que aspira tanto el mago y el alquimista, como el filósofo que pretende hacer de su filosofar una acción terapéutica, religiosa y ética sobre el mundo. Bruno es uno de los pensadores renacentistas que responde a esta tradición.

En cuanto a los principios, la forma, al igual que la causa eficiente, se ve vinculada al alma del mundo. No obstante, Bruno se vuelve ambiguo al determinar el carácter de este principio. Afirma que la forma es producida por el alma y que luego se une al cuerpo para volverlo bello (Bruno, 1941: 71); y luego establece que en sí misma el alma del mundo es el principio formal constitutivo del universo (Bruno, 1941: 76).

A pesar de esta ambivalencia, lo que cabe recalcar es que todas las cosas están animadas y que el mundo es entonces una sustancia espiritual perpetua que simplemente aparece en diferentes formas. Dice Bruno al respecto: “por pequeña e ínfima que se conciba una cosa [en tanto compuesta de materia y forma, es decir, como ser natural], tiene en sí una parte de sustancia espiritual [puesto que] el alma del mundo está toda en todo el mundo y entera en cualquier parte de él” (Bruno, 1941: 72 y 73).

Se sigue de esto que la forma es una, eterna y subsistente, al igual que la materia. La multiplicidad y el cambio son condiciones de los compuestos particulares, a los cuales no les corresponde el status de sustancia, como sostenía Aristóteles, sino el de accidentes, circunstancias de las sustancias, o cómo dice en algunas oportunidades, “accidentes de los accidentes” (Bruno, 1941: 61).

Con esto Bruno invierte la noción tradicional de sustancia, según la cual se aplicaba el término a objetos particulares de los sentidos, mientras se identificaba por accidentes a sus atributos permanentes o pasajeros. De tal modo que, lo que para Aristóteles era sustancia, para Bruno es accidente.

Con esto, el Nolano se adelanta a Spinoza. Para referirse al principio material, Bruno compara la naturaleza con el arte, en tanto ambos precisan de materia para sus operaciones. Sin embargo dice Bruno: “la materia de que hablamos por si misma y por su esencia no tiene ninguna forma natural, mas todas las puede adquirir por la operación del agente activo, principio de la naturaleza.

Esta materia natural no es tan visible como la materia artificial, porque la materia de la naturaleza no tiene absolutamente ninguna forma, en tanto que la materia del arte es una cosa ya formada por la naturaleza, toda vez que el arte no puede actuar sino en la superficie de las cosas formadas por la naturaleza [...]; mientras que la naturaleza actúa desde el centro, por decirlo así, de su sustrato o materia, que por si es de todo punto informe.

Por tanto, muchas son las materias de las artes, y uno solo el sustrato de la naturaleza” (Bruno, 1941: 91 y 92) Bruno analiza el principio material de dos maneras, viéndolo como potencia o como sustancia. Es interesante detenerse en esta última forma de pensar la materia porque permite vincular a Bruno con el materialismo.

De hecho, él mismo reconoce haber adherido a esta línea de pensamiento (Bruno, 1941: 89). Y Mondolfo dice estar convencido de que el momento crítico y decisivo del pensamiento bruniano, y el impulso de todo su desarrollo sucesivo, debe buscarse en la superación del materialismo, iniciada en la primera estancia en parís y cumplida en Inglaterra, y en su tendencia al neoplatonismo (Mondolfo, 1954: 52).

Es esta corriente la que, mediante la intuición de la unidad (monismo), le ofrece el medio para conciliar la multiplicidad infinita y afirmar la coincidencia de contrarios.

Mientras el materialismo ve a la materia como el sustrato inmutable en torno al cual se suceden las formas, a las que piensa como meras disposiciones accidentales, y mientras niega que la materia tenga un carácter potencial y la llaman “fuente de la actualidad” (Bruno, 1941: 131);

Bruno, sin perder este perfil materialista, reconoce el valor de la forma: “después de considerarlo maduramente, teniendo en cuenta muchas cosas, hallamos que es necesario concebir en la naturaleza dos especies de sustancia, una que es forma y otra que es materia” (Bruno, 1941: 89). Cabe observar que la reivindicación de la materia va de la mano con la reivindicación de la mujer, ambas dirigidas a reaccionar contra el aristotelismo.

En este sentido, Polimonio (personaje que representa la posición aristotélica y también, por momentos, a los humanistas de Oxford) inicia el cuarto diálogo en De la causa, principio y uno identificando a la mujer como espejo de la materia primera y como causa del error y del mal.

“¿Dónde estaba ya en potencia la destrucción de Troya? En una mujer. ¿Quién fue el instrumento de la destrucción de la fuerza de Sansón [...]? Una mujer. ¿Quién tomó en Capua el ímpetu de la fuerza de Aníbal, el gran capitán y enemigo perpetuo de la República Romana? ¡Una mujer! [...] sexo, digo, caprichoso, frágil, inconstante, muelle, pueril, infame, innoble, vil, abyecto, despreciable, indigno, réprobo, siniestro, vituperable, frío, deforme, vacuo, vanidoso, indiscreto, insano, pérfido, desidioso, fétido, sucio, ingrato, trunco, mutilado, imperfecto, bosquejado, deficiente, menguado, amputado, disminuido, moho, oruga, cizaña, peste enfermedad, muerte (Bruno, 1941, 112 y 113).

Bruno parte de esta exposición de Polimonio para luego refutarla a lo largo del diálogo y realzar, finalmente, el valor de la materia y con ella el valor de la mujer: “Aquella materia [...] ha de ser llamada cosa divina y excelente progenitora, generatriz y madre de las cosas naturales”(Bruno, 1941: 129).

Ni la materia ni la forma en su pureza pueden vincularse al mal y a la monstruosidad, estos se originan en los compuestos a causa de una confusión en el cambio de un modo de ser a otro (Bruno, 1941: 106). Por otra parte, al considerar a la materia como potencia, Bruno establece una distinción entre el primer principio, Dios, el cual es todo lo que puede ser y, por tanto, en él acto y potencia coinciden; y las cosas particulares y contingentes que, aunque son lo que pueden ser, podrían no ser o ser otra cosa, y que se caracterizan porque jamás llegarán a ser todo lo que pueden ser.

“Lo que es todo lo que puede ser es uno que en su ser contiene a todo ser” (Bruno, 1941: 105). El Universo, como totalidad de los seres particulares y como imagen de Dios, adquiere un carácter intermedio entre la unidad y la multiplicidad. Es también todo lo que puede ser, pero, como ya explicamos antes, el universo es totalidad dispersa, desarrollada, expandida (Explicatio), es Dios en las cosas del mundo, y esto, hasta cierto punto, lo distancia de la divinidad trascendente, incomprensible y absoluta de la formula todo- uno.

Antes de adentrarnos en el carácter del uno y de referirnos a la confluencia de contrarios, temas a los que se refiere en el quinto diálogo, vale citar la síntesis que formula el propio Bruno respecto a lo expuesto hasta aquí: “hay: un intelecto que da el ser a todas las cosas, llamado por los pitagóricos y Timeo “dador de las formas”; un alma y principio formal que se hace todas las cosas y las informa, y que aquellos mismos llaman “fuente de las formas”; y una materia de la que todas las cosas están hechas y formadas, por todos llamada “receptáculo de las formas” (Bruno, 1941: 98)

El quinto diálogo en De la causa, principio y uno, se inaugura con un verdadero himno a la unidad del todo: “El universo, pues, es uno, infinito, inmóvil. Una es, digo, la absoluta posibilidad, uno el acto, una la forma o el alma, una la materia o el cuerpo, una la cosa, uno el ser, uno el máximo y optimo” (Bruno, 1941: 135).

Este uno es infinito y, en consecuencia, no puede moverse, porque no tiene ya lugar alguno adonde dirigirse (las cosas particulares se mueven en relación a alguna otra cosa, pero el universo como totalidad tiene un carácter absoluto ya que no existe nada más allá de él); no nace ni se corrompe, porque no hay, fuera de él, nada de lo cual pueda hacerse o en lo cual pueda resolverse; no disminuye ni aumenta, porque nada se le puede quitar o añadir al que es infinito; no se altera en ningún sentido, porque nada externo lo puede afectar; no es materia, porque no tiene ni puede tener figura o límite; no es forma, porque no confiere a otro forma y figura, ya que es todo, uno, universo; no es medible ni es medida; no comprende ni es comprendido en otro, porque no tiene mayor ni menor que él; tampoco es igual a si mismo, porque es uno y el mismo y carece de término de comparación; no tiene partes y no es compuesto, porque es uno e idéntico; es tiempo infinito y espacio infinito (inmensidad).

Y es de fundamental importancia tomar conciencia del salto cualitativo que se da entre los seres particulares y la infinitud, puesto que: “A la correlación, semejanza, adecuación, e identidad con el infinito no te acercas más con ser hombre que con ser hormiga, con ser estrella en vez de hombre; no te acercas más a ese ser siendo sol o luna que hombre u hormiga; y por tanto en el infinito todas estas cosas son indistintas” (Bruno, 1941: 137)

El punto es que en el universo todo es indistinto, ya que comprende la totalidad y no admite alteridad o contradicción. No hay cabida aquí para los tres principios de la lógica aristotélica: no hay identidad porque no hay diferencia ni supresión y, por lo tanto, no hay contradicción ni tercero excluido.

Los opuestos coinciden porque es la misma la escala o el proceso por el que la naturaleza desciende a la producción de los seres particulares y por la que el intelecto asciende hacia la unidad primordial. Los objetos opuestos ocultan un principio único.

Tomar conciencia de esto y aproximarse a la unidad agazapada tras la multiplicidad es el objetivo del filósofo. En esta vorágine de indistinción en la que la razón pierde sentido , le quedan al hombre, como recursos para aproximarse a la verdad, la imaginación y la memoria.

El conocimiento por metáforas, la magia simpática y la manipulación de imágenes cobra vital importancia en Bruno. Es así como, por ejemplo, se logra comprensión dentro de la indistinción a partir de la imagen medieval, luego adaptada por Nicolás de Cusa, del Universo como un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna (Bruno, 1941: 138).

Señalaremos ahora brevemente que a esta metafísica le corresponde una cosmología que Bruno desarrolla en Sobre el infinito universo y los mundos. Lo que procura hacer aquí es concretar los planteo y demandas desarrollados en De la causa, principio y uno, y mostrar los efectos de su filosofía en la física. Busca así, disolver el armazón aristotélico- ptolomaico: las esferas cristalinas; el centro y la periferia absolutos; los lugares naturales de los cuatro elementos y la división de estos en pesados y livianos; la oposición entre el mundo supralunar, dominio de la eternidad inmutable y perfecta del movimiento circular, y el mundo sublunar, asiento de los movimientos rectilíneos y de la imperfección; el motor extrínseco; la exclusividad de la tierra; etc.

Básicamente, las características del universo bruniano se reducen a infinitud: ya que es imposible fijar un centro o un límite; y a homogeneidad: en tanto la materia como la forma son siempre las mismas. Se concibe entonces un solo cielo inmenso en el cual los innumerables planetas giran en torno a los innumerables soles.

“Deben existir innumerables individuos, que son estos grandes animales (de los cuales uno es la tierra, divina madre que nos ha engendrado y nos alimenta y que más tarde nos volverá a acoger), y para contener a estos innumerables se necesita un espacio infinito. Por consiguiente, así como ha podido y puede existir y es bueno que exista este, no es menos bueno que existan, como pueden existir, innumerables mundos semejantes a este” (Bruno, 1981: 90)

Los infinitos mundos del universo, en tanto animales, no difieren en la especie y pueden llegar incluso a encontrarse habitados por seres inteligentes similares a los hombres. Su animación quita toda posibilidad de remitir su movimiento a algún motor extrínseco. El alma del mundo esta en todo y por entero en cada cosa (Bruno, 1941: 72).

En este sentido, los cuerpos celestes se ven dotados de espiritualidad, y conciencia, impulsando el movimiento por un principio intrínseco. Para finalizar esta breve reseña de la cosmología bruniana, vale considerar la observación de Cappelletti.

Este llama la atención sobre el curioso hecho de que Bruno pareciera anunciar a Newton y a la física moderna, a partir de una revisión de la física más antigua de occidente, es decir, de los filósofos naturalistas presocráticos (Cappelletti en: Bruno, 1981: 48).

Conclusión.

Para concluir, identificamos al Renacimiento como un período de cambio y fermentación, a partir del cual la historia se precipita hacia la modernidad.

No obstante, si bien vemos a este momento histórico como bisagra, y a los hombres de este tiempo como sujetos ambivalentes, dudosos entre resistirse al cambio o incitarlo; creemos que en este pliegue se desarrolla toda una filosofía con carácter propio, que merece ser identificada como un paradigma en si mismo, que, aún dependiendo tanto a la Edad Media como a la Modernidad, no se explica por ninguna de estas realizaciones intelectuales.

La conjunción de corrientes filosóficas de variadísimos estilos, la vorágine social, política y religiosa, y la consecuente confusión psicológica y moral; configuran un ambiente muy apto para el desarrollo de la creatividad humana.

Los hombres del Renacimiento no carecían de líneas a partir de las cuales desarrollar su pensamiento, pero ninguna de estas líneas presentaba solidez de estilo, ni poseía un consenso generalizado.

En el Renacimiento la verdad indiscutida pierde pié y los pensadores se animan a revelarse. La Filosofía de Bruno es una manifestación de este nuevo modo de concebir el mundo.

Y hay en ella un hecho curioso: a pesar de las ambivalencias y las contradicciones que se observan en sus planteos, su convicción respecto a la verdad de lo que afirma lo llevan a preferir la muerte antes que la falsedad.

La verdad para Bruno parece entonces estar en la contradicción, o más bien, en la lucha y fusión de los opuestos. Su metafísica se estructura como un monismo pluralista en el que se acepta tanto la trascendencia como la inmanencia, y en la que de la absoluta unidad (que todo lo abarca y que es infinita, eterna e inmóvil) se deriva un dualismo de forma y materia a partir del cual se genera la multiplicidad infinita del mundo.

La unidad primordial (Complicatio) y la pluralidad de individuos compuestos de materia y forma (Explicatio), son los dos opuestos que conviven en la metafísica y en la cosmología bruniana. Bruno es un pensador que vive, como dice Burke, con un pie en cada orilla. Es enfático en su rechazo al aristotelismo y en la formulación de una nueva física que anticipa a Newton.

Pero a pesar de su rechazo, la dependencia respecto de Aristóteles es notoria. Todos sus diálogos son conversaciones con el aristotelismo en los que intenta convencer al mundo, y convencerse, de que la verdad está en otro lado. Sin embargo, sus métodos siguen siendo aristotélicos, o griegos si se quiere.

Bruno hace física a partir de la especulación y la argumentación y no desde de la experimentación y la práctica. Además, Bruno es ante todo un místico que adhiere a la magia simpática y al hermetismo, antes que a la ciencia.

En él la filosofía no se divorcia de la religiosidad ni de la ética, y es por esto que sus planteos se vuelven expresión suma del Renacimiento, tan diferente de la Modernidad como de la Edad Media.


Bibliografía:

• Boido, Guillermo (1996); Noticias del planeta tierra. Galileo Galilei y la revolución científica; Buenos Aires: Ed. AZ.

• Bruno, Giordano(1941); De la causa, principio y uno; Buenos Aires : Losada.

• Bruno, Giordano (1981); Sobre el infinito universo y los mundos; Buenos Aires: Aguilar.

• Bruno, Giordano (1987); Los heroicos furores; Madrid: Tecnos.

• Burke, Peter (1993); El Renacimiento; España: Ed. Crítica.

• Cassirer, Ernst (1951); Individuo y cosmos en la filosofía del Renacimiento; Buenos Aires: EMECÉ editores.

• Cusa, Nicolás de (1984); La docta ignorancia; Buenos Aires; ediciones Orbis.

• Hermes Trismegisto (1998); Corpus hermeticum y otros textos apócrifos; Eapaña: Edaf.

• Kristeller, Paul Oskar (1970); Ocho filósofos del Renacimiento italiano; México: Fondo de Cultura Económica.

• Kristeller, Paul Oskar (1993) ; El pensamiento renacentista y sus fuentes; España: Fondo de Cultura Económica.

• Lamanna, Paolo (1976); Historia de la filosfía II. El pensamiento de la Edad Media y el Renacimiento; Buenos Aires: EDICIAL, Librería Hachette.

• Mondolfo, Rodolfo (1954); Figuras e ideas de la filosfía del Renacimiento; Buenos Aires: Losada,.

• Platón (2005); Timeo; Buenos Aires: Colihue.

• Tres Iniciados (1997); El Kybalion; Buenos Aires: Kier.

• Yates, Frances A. (1983); Giordano Bruno y la tradición hermética; Barcelona: Ariel.

En la Web:

• Centro virtual Enrique Eskenazi: http://homepage.mac.com/eeskenazi/giordano.html


Universidad Nacional de Río Cuarto

Facultad de Ciencias Humanas Departamento de Filosofía

Cátedra: Historia IV de la Filosofía (6482)

Profesor a cargo: Dr. Osella, Mario

Fecha: Agosto del 2006

Parte I|Parte II|Parte III

COMENTAR ESTE ARTICULO
Su Nombre
Su email
Comentario
 
(El comentario será evaluado previo a ser publicado en la página con su nombre + email) Las respuestas, aparecerán en la página consultada
Articulos más leidos
: : : TORAX OSEO
: : : ETMOIDES, ESFENOIDES, PARIETALES, OCCIPITAL
: : : Arteria Aorta y sus ramas
: : : Nutricion, Energia y Metabolismo
: : : ARTICULACIONES
: : : Arteria Aorta y sus ramas
: : : GENERALIDADES DE MUSCULOS. MUSCULOS DE LA CABEZA
: : : MIEMBRO SUPERIOR OSEO
: : : Trabajo Practico Nº2 d
: : : Aparato Digestivo II
: : : MUSCULOS DEL TÓRAX, LA PELVIS, MIEMBROS SUPERIOR E INFERIOR
: : : Trabajo Practico Nº2 d
: : : Sistema Nervioso
: : : HUESOS DEL CRANEO: Temporal
: : : La célula
: : : MUSCULOS DEL CUELLO
: : : Trabajo Practico Nº2 a
: : : Trabajo Practico Nº1
: : : COLUMNA VERTEBRAL
: : : CINTURAS PELVIANA Y ESCAPULAR
: : : MIEMBRO INFERIOR
: : : Aparato Digestivo
: : : Aparato Digestivo
: : : Huesos de la CARA
: : : Aparato digestivo
: : : La piel - Esqueleto Oseo, Cráneo: el Frontal
: : : Trabajo Practico Nº2 a
: : : Cuál es tu dosha ? (Ayurveda)
: : : Tabla de indice glicemico
: : : Consecuencias de la alimentación inadecuada
: : : Cirugia adenoidea (de las vegetaciones adenoides)
: : : Nervio olfatorio I primer par craneal
: : : Vértigo y enfermedad de meniere
: : : Cirugia de amigdalas
: : : Sindrome y Cefalea Tensional
: : : SERC betahistina
: : : Abceso o flemón periamigdalino
: : : Adenoidectomía en paciente con Hemopatía de VON WILLEBRAND
: : : Sindrome de Samter
: : : Hipoacusia Súbita
: : : Nervio optico, el segundo par craneal
: : : Sindrome de Beckwith Wiedemann
: : : Amigdalas (palatinas)
: : : Adenoides o crecimiento de tejido linfoideo detras de la nariz
: : : Argentina es el Tercer Mundo con gente bien vestida y rostro bonito
: : : Test de lesbianismo
: : : Principios básicos de electricidad
: : : La comunicación
: : :
Alfinal.com no se responsabiliza por el contenido de los artículos publicados.
Si el contenido de algun artículo ofende a terceros, comuniquelo a Alfinal.com
www.alfinal.com - Todos los derechos reservados 2012