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EL HOMBRE, SER-PARA-LA-MUERTE

 

Por Micaela Violeta Bedano
DNI: 92.766.936

Parte I

Este es el aspecto de Heidegger que más nos interesa en este trabajo en tanto fenómeno que se expresa cada vez con mayor énfasis en las prácticas cotidianas y en tanto lo podemos ver reflejado en la literatura si tomamos, por ejemplo, “la máscara de la muerte roja” de Edgar Allan Poe.

Trataremos brevemente para ejemplificar esta concepción de Heidegger, primero el cuento y luego los ritos y costumbres funerarias en las ciudades occidentales contemporáneas:
“La máscara de la muerte roja” de Poe relata un intento de burlar la muerte.

En este caso es el príncipe Prospero un “cualquier anónimo”, un “uno como muchos”, que en medio de una epidemia de peste sólo reconoce que día a día y hora a hora mueren desconocidos . La muerte para el príncipe Prospero es un accidente que le ocurre a la “plebe”, algo que es cotidiano para otros pero que a él no le afecta, es algo que acontece fuera de los muros de su castillo.

Como dice Poe, el príncipe es imperturbable y feliz, niega la muerte y se oculta de ella. Cuando ya había muerto la mitad de la población de sus dominios llamó a su presencia a los amigos alegres y se encerró con ellos en la seguridad de una de sus abadías rodeada de una muralla alta, fuerte, y luego de encerrarse fundieron los cerrojos, huyendo de esta manera de su esencia humana en tanto ser-para-la-muerte. Como dice Poe con cierta ironía: el castillo garantizaba la seguridad. Afuera estaba la muerte roja . Cómo si un muro pudiera detener algo que el hombre ya lleva consigo como potencialidad final e ineludible y sin la cual no “es”.

Y mientras la peste seguía “rampánte” en el exterior, adentro el príncipe festejaba con un baile de “disfraces” (con toda la connotación que un disfraz implica en este caso). Sin embargo como dice Luypen: a pesar de esta mala disposición, el ser del uno-como-muchos es con todo un ser-para-la-muerte . De esta manera la muerte, jugando el mismo juego que el príncipe, se disfraza de invitado... la historia termina cuando la oscuridad y la putrefacción de la muerte roja sentaron su dominación ilimitada sobre todas las cosas .

Es así como todo el cuento se vincula con la concepción filosófica de Heidegger. De manera tal que se pueden observar momentos, como también Heidegger advierte, en los que el mundo tranquilo y acogedor en el que se han refugiado los invitados a costa de perder su autenticidad, se quiebra, el temor se hace sentir y por unos instantes los sujetos del cotidiano (los invitados a la fiesta, los disfrazados) se conciben como seres-para-la-muerte.

Estos momentos están representados en el cuento con las campanadas del reloj, es el tiempo que transcurre y la muerte que se acerca. Es que, como dice Heidegger el “ser ahí” muere fácticamente mientras existe . Es decir mientras uno va viviendo va muriendo, en tanto las posibilidades se reducen en el tiempo.

En lo que concierne al efecto que genera la fuga de “si mismo” en las prácticas funerarias contemporáneas, tomaremos como referencia (en tanto consideramos que se amolda muy bien a lo que sostiene Heidegger) las reflexiones que Oscar Fidanza pronunció en las primeras Jornadas Nacionales de Filosofía: “El hombre ante la muerte” .

Fidenza llamó la atención sobre como la vida cotidiana en los grandes núcleos poblacionales de Occidente ha acrecentado en los últimos cuarenta o cincuenta años unfenónmeno de negación y expulsión de la muerte fuera de la sociedad.

Este proceso se caracteriza por darle la espalda a la muerte, por sacar a los viejos y moribundos de sus propios hogares para llevarlos a instituciones médicas donde la muerte se vuelve de alguna manera anónima (el moribundo no reconoce el lugar, ni a la gente y muchas veces no se reconoce a sí mismo). Se procura, así, alejar a la muerte lo más posible de la vida.

La sociedad contemporánea no quiere pausas, y para esto genera el mito de la juventud eterna y del consumo. La muerte es un fenómeno indeseable que debe ocultarse o disimularse en todas sus formas posibles. El hombre es un ser funcional y no debe detenerse a reflexionar sobre su finitud, no debe concebirse como un ser que al vivir muere, como un ser-para-la-muerte.

Con respecto a esto Luypen dice: el “uno como muchos” sencillamente no permite que aparezca el coraje del temer a la muerte . Por el contrario, el “pensar en la muerte” es entendido públicamente como una cobardía, como una debilidad.

De esta manera, el morir de los otros llega a considerarse como algo incómodo, como una inconveniencia social, cuando no toda una falta de tacto, de que debe guardarse a la publicidad . A los moribundos se los intenta “tranquilizar”, convencerlos de que escaparán a la muerte y que pronto regresarán a la apacible cotidianidad de aquel mundo sin muerte.

Fidenza enumera para ejemplificar esta situación una serie de cambios producidos actualmente en pos de esta pretensión de ocultar la muerte. Habla así de la minimización o supresión de los días de luto en las organizaciones laborales, de la paulatina desaparición de los velatorios, misas de cuerpo presente o responsos, de la mimetización de los cortejos fúnebres en las calles (debido a la característica de los vehículos) y de los entierros en cementerios fuera de las ciudades.

También advierte que las ceremonias funerarias de la actualidad tienden al consuelo y a evitar el sufrimiento o incomodidad de los vivos y no a rendir un homenaje a los muertos. A esta enumeración de Fidenza se podría agregar otro aspecto: la dificultad creciente para manifestar el pésame o hablar de la muerte.

Finalmente, para concluir rescataremos brevemente lo que Heidegger considera el auténtico ser-para-la-muerte: Para el autor, ocultar el temor es la fuga de sí mismo e implica el constituirse como un ser inauténtico, como un “sujeto del cotidiano”, como un “uno-como-cualquiera”. La verdadera respuesta a la conciencia del hombre de su ser como ser-para-la-muerte consiste por lo menos en no tratar de escapar de su posibilidad más propia, en no esconderla ni darle un falso significado .

Cuando el hombre está seguro de su ser-en-el-mundo y concibe a la muerte como absolutamente cierta, la existencia se expone a una amenaza que surge constantemente de su “ahí” mismo y se revela en temor o angustia . En esta se encuentra el “ser ahí” ante la nada de la posible imposibilidad de su muerte. La angustia es angustia por el “poder ser” del ente así determinado y abre así la posibilidad extrema . La angustia se encuentra cara a cara con la muerte, de manera tal que el “ser relativamente a la muerte” es en esencia angustia .

Como ya hemos dicho, el hombre es un ser “arrojado” en un mundo que se revela como nada, un tener-que-ser pero sin haberlo elegido. Es, en suma, un proyecto caído y por consiguiente nulo, y esta nulidad inevitable constituye su culpa.

De esta forma el llamado de la conciencia es una invitación para que el hombre se reconozca como ser-culpable, pero al mismo tiempo una invitación para tomar su culpa, su nulidad sobre si mismo [...] La respuesta auténtica al llamado de la conciencia es la resolución con la cual el hombre como “yo mismo” toma sobre si mismo la nulidad de su ser-caído-en-el-mundo y en angustioso silencio se proyecta hacia la nada de su muerte .

CONCLUSIÓN
(a modo de apreciación final)

Por último y a modo de conclusión consideramos que, sin lugar a dudas, en el pensamiento de Heiddegger la muerte es entendida como un acontecimiento dramático, pero en ello justamente reside su valor, puesto que rescata al hombre de una existencia superficial y sin compromiso y lo instala de lleno en la dimensión de lo propiamente humano, en la búsqueda de sentidos y ante el desafío de construir su propia existencia sabiéndose contingente y finito. La idea de fin nos enfrenta con la urgencia de hacer algo que valga la pena mientras esto es posible, ya que nuestro tiempo es limitado.

La angustia frente a la muerte entonces, no estaría constituida solo por el temor a la nada, sino también por el temor a no haber podido ser auténticamente, esto es, a encontrar que se cierran frente a nosotros las posibilidades y tal vez a descubrir que no hemos podido realizarlas plenamente. En la angustia ante la muerte  el mundo se revela extraño y hostil. Y esto resulta propicio para preguntarse por el sentido de la vida.

Se cierra así el círculo de implicancias mutuas entre la vida y la muerte.

BIBLIOGRAFÍA

  • HEIDEGGER, M; El ser y el tiempo; Ed. Fondo de cultura económica; México; 1951.

 

  • FIDANZA, O;  Ritos y costumbres funerarias en las grandes ciudades occidentales contemporáneas en Primeras Jornadas de filosofía: el hombre ante la muerte; Tucumán; 2003.
  • LUYPEN, W; Fenomenología existencial; Ediciones Carlos Lohlé; Buenos Aires- Mexico; (s/f).
  • POE, E; Los crímenes de la calle Morgue y otros cuentos; Ed. Biblioteca básica universal; 1969.
  • POE, E; Los crímenes de la calle Morgue y otros cuentos; Ed. Biblioteca básica universal; 1969.

Parte I


1- HEIDEGGER, M; El ser y el tiempo; Ed. Fondo de cultura económica; México; 1951; p 277.
2- LUYPEN, W; Fenomenología existencial; Ediciones Carlos Lohlé; Buenos Aires- Mexico; (s/f); p 318
3- En la introducción a Heideggger de Vattimo, este define a lo existenciarios como los modos posibles del ser del hombre que se pondrán de manifiesto en los análisis de la existencia (p 26- 27). Aquí también convendría aclarar la importancia capital que tiene en la filosofía de Heidegger la noción de existencia, en tanto es lo único que le permite caracterizar al ser humano: la “esencia” del “ser ahí” está en su existencia, dice Heidegger en la página 50 de su libro ya citado: “el ser y el tiempo”. 
4- LUYPEN, W; Op. Cit; p 325.
5- HEIDEGGER, M; Op. Cit; p 258.
6- Ibidem; p 273.
7- En la traducción que realiza Vattimo el termino Geworfnheit (“estado de yecto” según la traducción de Gaos) es transcripto como “estar lanzado o arrojado”.
8- HEIDEGGER, M; Op. Cit; p 274.
9- Ibidem; p 269.
10- LUYPEN, W; Op. Cit; p 319.
11- LUYPEN, W; Op. Cit; p 322.
12- Edgar Allan Poe relata: La “muerte roja” había estado arrasando al país durante años. Ninguna peste había resultado jamás tan fatal, tan espantosa[...] Las manchas rojas en el cuerpo, y sobre todo en el rostro de la víctima, decretaban automáticamente la cuarentena por peste que ponía al enfermo fuera del alcance de la ayuda y la condolencia de sus semejantes. Todo el ataque, desarrollo y culminación de la enfermedad se producía en apenas media hora. (POE, E; Los crímenes de la calle Morgue y otros cuentos; Ed. Biblioteca básica universal; 1969; p 78)
13- HEIDEGGER, M; Op. Cit; p 276.
14- POE, E; Op. Cit; p 78.
15- LUYPEN, W; Op. Cit; p 322.
16- POE, E; Op. Cit; p 85.
17- HEIDEGGER, M; Op. Cit; p 275
18- Jornadas organizadas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán el pasado 16, 17 y 18 de Octubre del 2003.
19- LUYPEN, W; Op. Cit; p 322.
20- HEIDEGGER, M; Op. Cit; p 277.
21- LUYPEN, W; Op. Cit; p 323.
22-Exponerse al temor sin refugiarse en el “uno como muchos” no implica que el hombre deba darse muerte, así como tampoco debe inducir al hombre a abandonar su ocupación en las cosas para caer en una especie de “rendición apática”. La preocupación por las cosas y por ser-junto-con-otros son aspectos esenciales del “ser ahí” pero deben aceptarse a la luz de su posibilidad extrema.
23- HEIDGGER, M; Op. Cit; p 289.
24- Ibidem; p 290.
25- LUYPEN, W; Op. Cit; p 326.

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