Antes del
advenimiento de la actual democracia (1985), la Argentina era un país donde
existía un culto al trabajo cuyo correlato era una baja tasa de
desempleo.
Era común
que si el hijo de alguien 'no era bueno para el estudio' o 'no quería
estudiar' o 'la novia quedaba embarazada', el padre le consiguiera
fácil y rápidamente trabajo en el negocio o empresa de un amigo.
Era el
país de los buenos amigos y los buenos asados, de la camaradería, del
ingenio criollo bien aplicado, con industrias que nacían entre
familiares y se erguían en emporios, con un interior de país rico en
industrias grandes y otras satélites de las primeras.
Era un
país regado de pueblos cada 20 ó 25 kilómetros en plena pampa y
litoral, cada uno tenía su motor de crecimiento ya fuera agrícola,
ganadero, lácteo, industrial o turístico.
Los
principales problemas en esa época eran:
1) una inflación que no se
eliminaba y que posteriormente comenzó a crecer hasta descontrolarse y
2) una producción de bienes locales escasamente competitivos en calidad
y en precio con los productos importados. Como contrapartida, casi todos
los habitantes, tenían empleo. El crecimiento de la economía era pobre debido a las altas tasas
de interés de los créditos producto de la inflación. Era un país cuyo
comercio exterior en exportaciones era limitado a productos primarios
del campo.
Se
planteó entonces como necesidad un cambio en la calidad y costos de producción,
tarea que propuso y supuestamente debía instrumentar el Ministro de
Economía de la dictadura militar, José Alfredo Martínez de
Hoz. Se bajaron los aranceles de importación con lo cual el país
se inundó de productos extranjeros.
El ingreso libre de productos importados sin barreras aduaneras
progresivas que limitaran su entrada al mercado causó una catástrofe
en las industrias, que no podían competir. Las industrias no habían
realizado inversiones de
bienes de capital que les permitieran mejorar la calidad y precio de sus
productos, no contaban con la capacitación de personal adecuada para
enfrentar la competencia y tampoco tenían tiempo para lograrlo.
El
resultado fue malo para la producción local y si bien le dió un
zamarrón a los industriales para que en un futuro tuviesen presente que
tenían que mejorar sus productos y los precios de los mismos, generó
el primer evento de desempleo por cierre y disminución de la
producción local.
Desde el
Estado, por los medios televisivos, radiales y la prensa escrita, sólo se
recomendaba a los ciudadanos que comprasen productos importados cuando
los nacionales fuesen de inferior calidad. A pesar de que muchos
productos provenientes de Asia eran de inferior calidad a los
nacionales, los precios tan bajos producto de asimetrías sociales
(dumping social) hacían que los consumidores locales se volcaran por el
de menor precio, diciendo: por el precio de un nacional compro dos
importados, si se me rompe uno, tengo otro para usar. La importación de
productos buscaba 'en teoría', controlar los altos precios de
los bienes y servicios y mejorar su calidad, para hacerlos
internacionalmente competitivos. El objetivo era bajar los precios
para controlar la inflación.
Sin
embargo, la cultura del trabajo continuaba, aunque ahora (y desde la
óptica de ésta nota) con un fuerte sacudón que le decía a los
Argentinos que si esto se constituía en una tendencia, en algún momento
deberían competir con el mundo y no estabamos en absoluto
preparados.
Con la
importación indiscriminada, el consumidor local compró productos que
no le servían para nada, pero también le encontró el gusto al consumo
de productos importados de notable calidad y buen gusto.
La
dinámica social continúo igual que siempre, pero guardando en el
inconsciente colectivo el fuerte golpe de la política de
Martínez de Hoz. La Argentina era todavía el mejor país del mundo
donde vivir y disfrutar de la familia, los amigos y la confraternidad, más los
múltiples paisajes del país eran ya un folclore asumido como
inmanente para todos los Argentinos.
Este
folclore popular no se perdió pero se vió fuertemente mellado en la época de la
guerra sucia mantenida por las fuerzas armadas de un gobierno
totalitario, con las desapariciones de muchos argentinos.
Con el
advenimiento de la democracia, el pueblo creyó superar las dificultades
sociales y empezar una era de revisión de todo lo actuado por las
fuerzas armadas. Era una promesa de progreso para el país.
Alfonsín
con una política pretendidamente Keynesiana basada en el sostenimiento
de una cuota de inflación para promover el desarrollo del país,
destruyó el signo monetario que ya venía herido previamente.
No se tuvo
precaución en controlar el gasto fiscal y se lo incrementó, pero no a
expensas de la obra pública, sino de la ineficiencia del aparato
estatal. Esto era lo más alejado de lo que Keyness recomendaba.
Y así los
argentinos incorporaron otro problema, el no contar con moneda y
por lo tanto no contar con ahorro. Los errores fiscales y monetaristas
de esa gestión de gobierno llevaron al país a una gran crisis, la
hiperinflacion.
No
obstante la crisis económica de esa época, el folclore del país continuaba siendo el mismo, era el mejor
país para vivir, donde se comía como en ningún otro y se hacía un
culto a la amistad y a la solidaridad. Por añadidura se habían
juzagado a los responsables de la represión militar.
Pero ya sabíamos
y habíamos asumido que no eramos
competitivos a nivel mundial y que no teníamos moneda. Por esa época
comenzó la fuga de cerebros y la tendencia de la gente a ahorrar en
dólares como moneda de resguardo.
La
hiperinflación fue el corolario del fracaso de los planes austral y
primavera implantados por el gobierno, ambos por mala disciplina fiscal
y monetaria y fundamentalmente por no haber diseñado un proyecto de
país.
Alfonsín
deja prematuramente la presidencia de la Nación a manos de Menem,
quien ya era presidente electo en 1989.
Tras
múltiples ensayos, el 1 de abril de 1991 Menem con su ministro Cavallo, implanta la
convertibilidad del austral (moneda creada por Alfonsín con el
lanzamiento del Plan económico Austral). El austral cambia de nombre a
peso y su paridad con el dólar es uno a uno por Ley.
Al momento de la ley, 10.000 australes equivalían o eran convertibles a
un dólar estadounidense.
La
política monetaria de la convertibilidad causó un fuerte impacto en la
inflación, que cayó durante los 10 años que la misma duró a cifras
bajísimas, incluso internacionalmente.
El país
entonces tenía casi todo, el folclore de ser el mejor país del mundo y
una moneda fuerte (demasiado fuerte) que permitía ahorrar y que
invitaba a los ciudadanos de países vecinos a trabajar en Argentina.
Sin
embargo, la balanza comercial de la Argentina comenzó a ser
deficitaria. El balance entre las importaciones y las exportaciones era
favorable a las primeras.
El país comenzó a reeditar la invasión de
productos extranjeros, por un dolar barato o como consecuencia de un peso
demasiado fuerte.
Las
cuentas de la Argentina con esa balanza comercial se sostenían en
equilibrio merced a varios elementos:
1) aumento de las exportaciones
respecto a valores históricos, pero siempre inferior a lo que se
importaba. Gran parte del incremento de los volúmenes exportables
fueron consecuencia del ingreso de bienes de capital destinados a
modernizar la industria. El ministro Cavallo cada vez que se le
preguntaba sobre el déficit de la balanza comercial, lo justificaba por
el ingreso de bienes de capital que harían mejorar la producción
industrial, cosa que efectivamente ocurrió pero que nunca fue
suficiente para corregir la distorsión de la balanza. Esto se
constituyó en veredad absoluta cuando cayeron sobre Argentina las
crisis Mejicana, rusa, asiática y brasilera.
2) venta de
empresas del Estado, el objetivo era que su gerenciamiento mejorara
los servicios y que dejaran de producir pérdidas en manos del Estado
Argentino. Los servicios mejoraron, como fue notorio en el caso de las
telefónicas, pero también a costa de un aumento notorio de las tarifas
que resultaron elevadas incluso a precios internacionales. En algunas
como en el caso de Ferrocarriles el Estado continuó pagando un subsidio
y por lo tanto perdiendo plata como lo hacía hasta su privatización.
3) Ingreso de capitales de inversión en un país
cuya economía era estable y floreciente. Sin embargo el ingreso de los
mismos no era de riesgo y al amparo del gobierno actuaban con politica
de mercados cautivos imponiendo precios y condiciones sumamente
ventajosas para ellos. El caso del monopolio de las telefónicas fue un
brillante ejemplo.
4) Aumento de la deuda pública
externa por el otorgamiento de créditos y
5) aumento de la deuda
pública interna por toma de créditos a las A.F.J.P. (aseguradoras de
fondos de jubilación y pensión), dineros que antes manejaba el Estado
y que a partir de la creación de dichas aseguradoras, el Estado
solicitaba prestado a altas tasas de interés.
Justo es
decir, que los préstamos entraron en una espiral de altas tasas de
interés por el riesgo país elevado no solo en el año 2000/2001, sino
también en la época de las crisis mejicana, brasilera, rusa y del sudeste
asiático. No sólo por el aumento del riesgo país, sino también por
dichos conflictos economico- financieros, la economía Argentina
se vió fuertemente golpeada.
En otras
palabras, el estado de bienestar que se vivió durante esos años fue
financiado por préstamos, a cada vez más altas tasas.
Progresivamente
con la convertibilidad comenzaron a desaparecer industrias y
apareció un
mal que los Argentinos no conocían,
el
desempleo.
Muchos argentinos eran absolutamente inconscientes de que el altísimo poder de
compra que tenían con sus pesos-dólares era la contracara de la
desindustrialización del país. Hasta los productos más irrisorios
eran importados, no porque los argentinos no quisieran producirlos, sino
porque era más barato importarlos.
Tanto más
poder de compra tenía el Argentino, tanto más crecía el desempleo
producto del cierre de empresas locales. No sólo muchos argentinos
eran inconscientes del daño que le hacían a la producción y al empleo
local sino que defendían ese falso standard de vida.
Éste,
fue el gran cambio socio cultural de la Argentina, la desocupación
se triplicó a niveles históricos, el interior del país otrora
próspero, pujante y que albergaba a sus hijos comenzó a expulsarlos,
primero a las grandes urbes y luego fuera del país.
Mientras
la desocupación aumentaba, los adolescentes se encontraban con un nuevo
fenómeno, veían que sus horizontes laborales se cerraban por lo que
ellos también perdían el rumbo.
Al no saber 'que iban a hace
cuando fueran grandes' sus vidas quedaban suspendidas en la
infancia, no transitando su paso a la adultez. El recambio generacional
se vió fuertemente alterado, las vocaciones cuestionadas por la falta
de salidas laborales. El esfuerzo por el estudio y la capacitación pasaron a
ser también cuestionados y la cultura del no trabajo prosperó. Los
jóvenes veían que quienes se habían sacrificado años estudiando
ahora estaban desempleados o con empleos o actividades precarias. El
modelo a seguir ya no era el estudio, la capacitación, querer ser
doctor, ingeniero, abogado, trabajar dignamente en una empresa...
La
argentina sostenía su sistema monetario a costa de préstamos que
triplicaron la deuda externa y venta de Empresas del Estado. Y al escribir esta nota, no me llama
la atención que tanto el desempleo como la deuda se hayan triplicado
como causa del modelo. Pero también se triplicó la plata de los argentinos depositada fuera del sistema financiero local, en el
exterior, expresando la desconfianza en el sistema bancario y
vaticinando la incautación de los depósitos en bancos locales, lo que
luego se llamó corralito.
Las pocas
empresas que quedaban en pié eran poco competitivas por
causa de un peso atado al dólar en paridad 1 a 1.
Pero la
desocupación que comenzó insidiosamente a ser un porcentaje numérico
en incremento, se materializó en un paradigma de cambio sociocultural,
que acabaría con el bien más preciado de los Argentinos, su amado
folclore cultural. El país
dejaría de ser el más tranquilo, donde mejor se
come y donde existe la mejor vida familiar y de relación.
El
desempleo y el subempleo crecieron y comenzaron a crear cambios sociales
entre los subempleados y desempleados pero también entre los empleados.
Los que tenían un empleo ya no tenían la seguridad de seguirlo
teniendo, sus jornadas laborales se extendieron e hicieron más intensas
y exigentes. La convertibilidad presionaba al sistema económico
asfixiándolo.
Nadie
en la Argentina atinaba a salir ordenadamente de la convertibilidad.
Sólo se atinó a renegociar los préstamos a elevadísimas tasas de
interés con los organismos internacionales.
Hasta que
en el 2001 se acabaron los préstamos y se debió comenzar a vivir con
lo propio mientras se seguía pagando la deuda externa. Cavallo
promovió y logró la ley de
déficit cero, que implicaba bajar el déficit fiscal de alrededor de
10.000 millones de pesos anuales a cero.
A partir de entonces
(y no en el 2002 como muchos creen actualmente) la
Argentina no tuvo más acceso al crédito. Posteriormente vino la caida
del gobierno de De la Rúa y de su ministro Cavallo en medio de un
reclamo social, los cacerolazos que dejaron el saldo de numerosos
muertos entre la población.
Por falta
de ideas y capacidad y producto de una crisis económica fenomenal, el
gobierno del presidente Duhalde devalúa el peso, primero a un valor
fijo (1 dolar = 1,40 peso) y luego en forma libre, alcanzando a valer en
agosto de 2002 1 dolar= 3.60 pesos.
La
desocupación había destruido el folclore argentino e instalado su
propia cultura, la de la degradación de todas las instituciones
(políticas, policiales,etc.).
Con la juventud sin esperanzas, sin saber
que hacer con su futuro, se cayó en una cultura hedonista del placer
por el placer, dejando de lado la del trabajo y del sacrificio en pos de
un proyecto personal a futuro.
Así, los
estudiantes universitarios incrementaron los porcentajes de abandonos de
carreras, de prolongación de años de estudios, a la par que los ya
recibidos aumentaban los índices de desocupación. La desocupación
entre los profesionales duplicó a la desocupación general.
Todos
estos cambios sociales generaron mecanismos de protesta y de escape ante
la fuerte tensión producto de falta de horizontes.
Así comenzaron a
'institucionalizarse' movimientos de desempleados que reclamaban
cortando vías de circulación. Habían nacido los piqueteros,
que se multiplicaron en numerosos grupos.
Simultáneamente aparecieron
prolíficamente los grupos de protesta basados en el ritmo de la cumbia,
que descarnadamente invadieron con sus letras todos los ámbitos
relatando la realidad que se vivía: la cacería de policías, la
vigencia de la droga, el sexo por el sexo mismo, la obscenidad.
El
mecanismo de protesta llamado cacerolazo fue sin embargo progresivamente
dejado de lado. Comenzó con la caída del presidente De la Rúa, cuando
la comunidad mediante golpes de cacerolas reclamaba cambios en la
política de gobierno. Posteriormente lo hizo extensivo a otros reclamos
pero perdió fuerza.
El llamado corralito financiero (bancarización
obligatoria de los flujos de dinero) y el corralón (privación de los
depósitos a plazo fijo y a la vista en los bancos) fue un duro golpe
para los ahorristas argentinos, pero en rigor de la verdad, fue una
medida más de la saga de medidas económicas en contra de la
ciudadanía como la inflación, la hiperinflación y el plan
bonex. Pero la hiperinflación, el plan bonex y el corralito no fueron
los que llevaron a la quiebra al folclore cultural argentino, como sí
lo hizo la desocupación.
En alguna medida el corralón
financiero contribuyó indirectamente, ya que al no poseer las personas
plata en efectivo ni tampoco disponible en las cuentas bancarias, los
ladrones apelaron a robos en domicilios y a secuestros para tomar el
dinero guardado 'bajo el colchón'.
La
degradación de la sociedad rápidamente tuvo expresión televisiva, siendo la bisagra del
antes y el después la
aparición de los reality-shows, luego las cumbias con letras descarnadas,
fueron el recurso para atraer
la audiencia.
Los pogramas comenzaron a elevar fuertemente su contenido
lascivo y erótico fuera de los horarios de protección al menor. Los
programas de televisión apelaron a la presentación de personajes que
mostraban las miserias humanas de la peor manera.
Los
argentinos que sostenían las costumbres del trabajo, la familia, la
correcta educación de los hijos y los buenos modales pasaron a ser una
minoría en el país.
El ente regulador de dichas emisiones sólo sancionaba con multas los
'excesos', pero no con la suspensión de los programas, los que ganaban
más con los excesos que lo que perdían con multas. Se había
legalizado la decadencia del folclore cultural argentino.
La vida
degradada de los argentinos, comenzó a no tener valor o a tener el
valor que la letra de las cumbias de protesta le daban, primero en
la persona de los policías salvajemente cazados a diario, luego con la
aparición de los robos express (robos de 1 a 3 minutos de duración por
poco dinero pero muy frecuentes) y posteriormente los secuestros express
(secuestros de liberación rápida por el exigüo rescate que se pedia)
que culminaron con secuestros seguidos de muerte aún habiendo pagado
rescate.
El
país más tranquilo del mundo según el sentir de los Argentinos,
había pasado a ser uno de los más peligrosos, incluso muchos
Israelíes residentes en la Argentina preferieron irse a vivir a Israel,
aun en plena época de Sharon. Se comenzó a comparar la situación
Argentina con la Colombiana y se palpita el temor de estar en ese camino
(agosto de 2002).
El
ahora uno de los países más inseguros del mundo, también ostenta
ser el país productor de alimentos donde la gente enferma y muere
por causas relacionadas con la desnutrición.
Son muchos
los detalles que podría haber querido volcar en ésta nota, muchos de
ellos han sido citados en otros artículos (crisis
economico financiera de la Argentina). Sin embargo he señalado los
que a mi criterio constituyen el paradigma del cambio social y cultural
de la Argentina. Porque en base a su detección podremos aplicar
respuestas correctivas.
Aun las
situaciones más complejas, donde se pueden ensayar muchas
soluciones y todas parecen o simplemente son buenas, reconocen una
causalidad y una solución que prima por sobre las otras.
En
Argentina, el cambio sociocultural que vivimos reconoce varias causas,
pero fundamentalmente una por encima de las demás, la pérdida de
empleo. El desempleo es el factor más distorsivo y el que llevó a la
pérdida de lo que los argentinos más apreciábamos y hoy hemos
perdido, nuestro folclore cultural.
Para que
viven las personas si no es para progresar, gozar la paz, amar al
prójimo, compartir, ayudar y vivir en armonía? Existe otra forma
de transitar por la vida que signifique vivir? La vida de los argentinos
ha quedado suspendida desde que el desempleo comenzó a crecer.
La
solución que debe aplicarse para encauzar el drama social por el buen
camino será entonces la recuperación del empleo, en cuanto
recuperación de la dignidad, del horizonte para la juventud, de la
certidumbre.
Lamentablemente,
los niños desnutridos y con alteraciones orgánicas cerebrales no
podrán ver totalmente los efectos correctivos cuando lleguen.
Tampoco quienes por
efecto de una carencia de control y contención social transitaron el
camino de la droga y del crimen. Tampoco podrán vivir el resto de sus
días plenos, los familiares de las víctimas.
Probablemente,
el pueblo argentino esté teniendo en ésta crisis sociocultural la
guerra que ordenó a otros países en el mundo, ya que la gran mayoría
de los argentinos vió a la guerra de Malvinas por televisión como una
serie o como un campeonato de futbol.
A la
Argentina de hoy, la gran
mayoría del pueblo la sufre, unos más y otros menos, pero no se le
escapa a nadie, todos quedaremos marcados. Ésta es nuestra guerra.
La
recuperación del empleo es posible en Argentina. La barrera más
importante a superar, es el clientelismo político, que por sostener una
gigantesca estructura de dirigentes intermedios muy bien remunerados por
un lado y mediante
subsidios de desempleo por otro intenta 'contener' la crisis social tratando y
muchas veces logrando, votos cautivos.
Pero
cuando la miseria es tan grande, ni el clientelismo político, ni los subsidios alcanzan. Por eso
un empleo, además de ser monetariamente más satisfactorio para el
empleado y su familia, le dará lo
que el subsidio no otorga, dignidad, verdadera inserción social y algo
más, un futuro para armar de a poco entre todos.
Con la
devaluación, aunque mal instrumentada y sin sistema financiero que
otorgue créditos para los productores y exportadores, se ha
comenzado a movilizar aquel orgullo argentino, la cultura del trabajo
ligada al ingenio criollo aplicado al mismo.
Si el gobierno tuviera el
valor de rehabilitar el sistema financiero y ayudar al sector
productivo, de algún modo veríamos como la gente desarraigada en las
grandes urbes vuelve al interior del país, a los distintos pueblos a
aportar su cuota de trabajo y creatividad para rápidamente recrear el
empleo y la dignidad perdidos.
Ya no
andaremos como en un auto, cómodos, ahora tendremos que retomar la
bicicleta, a la que haremos andar pedaleando con nuestro esfuerzo, pero
igualmente andaremos, ya que el auto quedó arrumbado, porque por ahora
no tenemos como repararlo. Pero la bicicleta es nuestra y nada nos
privará del esfuerzo para usarla.
agosto de
2002.
Dr.
Francisco L. Loiácono