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'La Vuelta de Obligado'

Alejandro J. Betts

 

 

A primera vista, dos hechos históricos separados por casi un siglo y medio entre sí, no puedan tener nada en común. Sin embargo, ambos acontecimientos están unidos por el mismo cordón umbilical: La soberanía nacional. Mi refiero al 20 de noviembre de 1845 y el 2 de abril de 1982. En la primera fecha, más de 20 naves de guerra de la alianza colonial anglo-francesa, quebraron las defensas Argentinas, luego de un cañoneo de 8 horas, en el combate de la Vuelta de Obligado, sobre el Río Paraná.

En esta batalla contra los gringos europeos, la defensa de Mansilla consistía de 4 baterías con 35 cañones cuyos obuses eran de 4, 8, 10, 12, 16 y 24 libras de peso y tres líneas de cadenas sobre 24 barcazas desmanteladas, cerrando el paso del río. El General contaba con 2000 hombres. Sabía que la fuerza invasora era muy superior a la suya y, con ese ingenio innato que caracteriza nuestro pueblo, improvisó una barrera de contención que consistía de tres cadenas gruesas que cruzaban las proas, cubiertas y popas de las barcazas sujetas a las orillas por un extremo, al bergantín nacional “Republicano”, y del otro a unas grandes anclas clavadas en tierra.

La escuadra anglo-francesa contaba con once naves mayores cuya artillería era de a 80, 64, 46, 32 y 24 libras respectivamente, en un total de 113 cañones. Hubo tres vapores “Fulton”, “Firebrand” y “Gorgon”; 6 bergantines “Dolphin”, “Fanny”,“Procide”, “Pandour”, “Philomel” y “San Martín” y las corbetas “Cadmus” y “Expeditive”, mas nuevas embarcaciones auxiliares. Los obuses de los invasores eran de gran calibre y la artillería tenía caño estriado, una maravilla de la época que daba gran precisión en el tiro.

A las nueve de la mañana, la primera salva cae sobre las barricadas de tierra apisonada entre maderos que hacían los parapetos de la defensa de los hombres que defendían la Patria. De ahí salen la andanada de hierro y bronce de los gauchos que metían bala sin asco contra los invasores, contestando el fuego enemigo, mientras el batallón de los Patricios levantó en el aire los acordes del Himno Nacional. La lucha era dura, sin cuartel ni respiro y pese a la desigualdad en la artillería, los bergantines “Dolphin” y “Pandour” quedaron fuera de combate mientras las bocas de algunas de las baterías federales eran reventadas por los pesados obuses de la alianza.

Las municiones de la defensa comenzaron a escasear, habían tirado casi 4000 tiros. A la caída de la tarde ya no quedaban más y poco a poco, la artillería incesante de la escuadra extranjera calló las restantes baterías de la defensa. Los ingleses desembarcaron y fueron rechazados por una carga a la bayoneta. Desde el río continuó el cañoneo y los franceses vinieron a reforzar la tropa de desembarco. Todo era sangre y cuerpos mutilados entre escombros y metal partido de las baterías federales. Los anglo-franceses sufrieron 150 bajas en tierra y el repliegue argentino comenzó al anochecer con las banderas en alto pero, 250 hombres muertos y 350 heridos.

La Segunda Lucha Desigual contra una Fuerza Multinacional.

El 2 de abril de 1982, nuestra Nación recuperó legítimamente su territorio insular de las Islas Malvinas que los ingleses habían arrebatado casi un siglo y medio antes, el 3 de enero de 1833. Esta recuperación, herró profundamente el orgullo anglo-sajón y, en consecuencia, la Primer Ministra Thatcher despachó una fuerza naval de 115 buques (Un fuerza sin precedentes luego de la Segunda Guerra Mundial) que puso proa al Atlántico Sur con la misión impostergable de reconquistar militarmente el territorio nacional argentino que nuestro país había recuperado incruentamente días antes. Esta fuerza imponente tenía los portaaviones “Invincible” y “Hermes” como buques de insignias, acompañados por una fuerza naval de destructores, fragatas misilísticas y buques de apoyo armados, sumando más de treinta unidades de combate.

Igual que ocurrió en la batalla de la Vuelta de Obligado, los ingleses no vinieron a solas a Malvinas. El núcleo de la fuerza reconquistadora fue 35 unidades navales de última generación extraídas - sin la correspondiente autorización previa - del bloque de la OTAN. Estas unidades de superficie eran consideradas como “inexpugnables” por los expertos, porque sus sistemas de armas misilísticas eran de última tecnología y contaban con el apoyo aéreo de 72 aviones “Sea Harrier” y “Harrier”, también con sistemas de armas ultramodernos que fueron adaptados para el uso del misil norteamericano “Sidewinder” y por último 271 helicópteros armados con sistemas misilísticos franceses y ametralladoras de 30mm.

En ese entonces el Reino Unido era la tercera potencia política y militar del mundo. Además, ha de sumar su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con derecho a veto, que luego ejerció en ese Consejo. Es miembro principal de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y socio de la Comunidad Económica Europea (CEE). Huelgan los comentarios; no era un contrincante cualquiera. Además, por razones de índole política en el Reino Unido, una vez impartida la orden de proseguir a las Malvinas, esta fuerza no podía ser apartada de su objetivo: El desembarco en el archipiélago que se produjo finalmente el 22 de mayo, en la Bahía de San Carlos.

Para llegar a esa instancia, el mito de la “Armada inexpugnable” cayó con un estruendo inesperado. El 4 de mayo la escuadrilla “Litoral” lanzó dos misiles sobre la flota inglesa hundiendo la nave más moderna de esa fuerza, el destructor “Sheffield”.

Por primera vez desde junio de 1945, una unidad naval británica se fue a pique en una acción militar. De ahora en más, los mirlos argentinos les harían la vida imposible a los “Cóndores” gringos. Al finalizar el choque cruento entre las partes, el “Task Force 317” estaba totalmente diezmada, 5 naves hundidas, siete destruidas fuera de combate diecinueve con averías de consideración, incluyendo la nave insignia, el portaaviones “Invencible”.

Consumieron a los Comandantes de la Fuerza de Tareas dos preocupaciones dominantes: que, a menos Puerto Argentino fuera reconquistado antes del 15 de junio dado que las limitaciones logísticas combinadas con el factor clima serían lo suficientemente grave para impedir que las tropas británicas cumplieran su misión; y la segunda era que la pérdida de uno de los dos portaaviones, el “Hermes” o el “Invencible”, implicaría la eliminación de la ya inadecuada cobertura aérea y obligaría un retiro inmediato. El Almirante Woodward informó a sus subalternos francamente diciéndoles que; “Si perdemos el “Invencible”· la operación corre serio peligro de fracasarse. Si perdemos el “Hermes” todo habrá terminado. Un torpedo afortunado, el impacto de una bomba o un misil, y hasta un gran accidente a bordo, sería lo suficiente para provocar nuestro retiro de la zona.”

La entrada en su diario para el día 13 de junio dice así: “Ya estamos al límite de nuestras posibilidades, con solo tres naves sin mayores defectos operativos. La fuerza de destructores y fragatas está reducida a capacidad cero. Ninguno del tipo 21 está en condiciones de combate. Todos están cayéndose a pedazos.”

No era sorprendente pues que el Almte. Woodward emplazó al Gral. Moore que el ejército inglés ocupara Puerto Argentino el mismo 14 de junio, o lo reembarcara y se retirara.

En la batalla terrestre, las cosas no eran muchas mejores. La resistencia era mucho mayor a lo esperado, y las bajas ingleses casi igualaban a las sufridas por nuestra tropa. El jefe de las Fuerzas Terrestres Británicas, el Gral. Jeremy Moore, opinaba en términos muy similares a su par Naval: “Entramos (en Puerto Argentino) raspando. Si los argentinos hubiesen resistido cinco minutos más, nosotros no podíamos resistir esos cinco minutos. Todavía sigo sin entender por qué se rindieron. Yo no esperaba que la rendición se diera en el momento en que se dio. Al finalizar los combates, muchos de mis cañones más grandes tenían menos de 20 proyectiles cada uno para continuar luchando.”

Así pues, tanto las aguas y las orillas del Paraná como los mares y las tierras de las Malvinas en el Atlántico Sur fueron abonadas con la sangre de los invasores en sendas batallas en que simplemente el coraje criollo achicó la enorme superioridad de las fuerzas aliadas de los atacantes. A esto se llama sencillamente el orgullo de la soberanía nacional.

Alejandro J. Betts

Fueguino-Malvinense

DNI 17.843.238

 




 

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