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Proteger nuestro ambiente es parte de la defensa del patrimonio nacional

 

 

 

GUALEGUAYCHÚ: un camino para la defensa del medio ambiente

Por Dr. Horacio Micucci

Consejo Nacional del Foro Patriótico y Popular

9 de junio de 2010

 

“Según la voz de mando, nuestros países deben creer en la libertad de comercio (aunque no exista), honrar la deuda (aunque sea deshonrosa), atraer inversiones (aunque sean indignas) y entrar al mundo (aunque sea por la puerta de servicio).

“Entrar al mundo: el mundo es el mercado. El mercado mundial, donde se compran países. Nada de nuevo. América latina nació para obedecerlo, cuando el mercado mundial todavía no se llamaba así, y mal que bien seguimos atados al deber de obediencia.

Esta triste rutina de los siglos empezó con el oro y la plata y siguió con el azúcar, el tabaco, el guano, el salitre, el cobre, el estaño, el caucho, el cacao, la banana, el café, el petróleo... ¿Qué nos dejaron esos esplendores? Nos dejaron sin herencia ni querencia. Jardines convertidos en desiertos, campos abandonados, montañas agujereadas, aguas podridas, largas caravanas de infelices condenados a la muerte temprana, vacíos palacios donde deambulan los fantasmas...

Ahora es el turno de la soja transgénica y de la celulosa. Y otra vez se repite la historia de las glorias fugaces, que al son de sus trompetas nos anuncian desdichas largas.”.

Eduardo Galeano.

"La historia puede ser considerada desde dos puntos de vista, dividiéndola en historia de la naturaleza e historia de los hombres. Sin embargo, no hay que dividir estos dos aspectos: mientras existan hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionan recíprocamente. Y así a cada paso que damos se nos recuerda que en modo alguno gobernamos la naturaleza como un conquistador a un pueblo extranjero, como alguien que se encuentra fuera de la naturaleza, sino que nosotros, seres de carne, hueso y cerebro, pertenecemos a la naturaleza y existimos en su seno, y todo nuestro dominio de ella consiste en el hecho de que poseemos sobre las demás criaturas, la ventaja de aprender sus leyes y aplicarlas en forma correcta".

Federico Engels, Dialéctica de la naturaleza

El problema de la contaminación ambiental ha llegado a los medios de comunicación. En Argentina, en distintas provincias y ciudades, el hombre común ha empezado a vislumbrar que su vida y la de los suyos está en peligro por variados problemas ambientales. Desde que el caso de Gualeguaychú llegó a las primeras planas de los diarios, se ha extendido esta preocupación. Y varios pueblos y provincias muestran a sus habitantes, hombres comunes, personas casi siempre ignoradas, salir a las calles con sus familias protestando por diversos motivos ligados a la contaminación de su entorno con el consecuente perjuicio para su salud y para la continuidad de sus actividades cotidianas: radicación de industrias contaminantes, explotaciones mineras también contaminantes, deforestación indiscriminada justificada en la urgencia de ganancias empresarias con su consecuencia de inundaciones y desertificación, contaminación industrial de cursos de agua, etc.

Como nunca antes la posibilidad de unificación de las protestas por este tema preocupa a los gobernantes. La posibilidad de confluencia del pueblo de Gualeguaychú (esa Fuenteovejuna argentina) con la población de la Cuenca Matanza-Riachuelo quita el sueño a más de uno de ellos.

La radicación de industrias contaminantes (caso Gualeguaychú), la deforestación indiscriminada y sin estudios previos de impactos indeseables, el monocultivo (de soja en Argentina o de eucaliptos en Uruguay, extendiéndose al litoral argentino), la explotación minera contaminante, etc. producen tarde o temprano contaminación de las aguas, el aire, la tierra, desertificación o inundaciones incontrolables, etc. con su consecuente perjuicio social principalmente contra los sectores más desprotegidos.

Medite el lector ¿Cuánto de lo ocurrido en Tartagal o las inundaciones o sequías del Norte es consecuencia evitable?. ¿Y cuánto de la contaminación de la cuenca Matanza-Riachuelo?

Desde el punto de vista del interés argentino, proteger nuestro ambiente y sus características favorables para la inmensa mayoría de la población y no para unos pocos, es parte de la defensa del patrimonio nacional, que incluye la defensa de nuestras aguas, tierras y aire y las mujeres y hombres que habitan en Argentina, de toda acción depredatoria.

El modelo aplicado en nuestro país desde hace una treintena de años es responsable de muchas catástrofes ambientales y perjuicios humanos. En su afán de privilegiar sin límites las ganancias de un pequeño número de empresas se ha herido sin control y sin mínimos estudios de impactos ambientales al entorno en el que viven millones. Hemos escuchado hablar por décadas del “progreso” puesto de manifiesto por cifras de una supuesta “macroeconomía”. Pero esas cifras son, en realidad, las cuentas del enriquecimiento obsceno de los beneficiarios de la entrega y del empobrecimiento inaudito de la inmensa mayoría de los habitantes de nuestro suelo.

Se nos habló de una supuesta teoría del “derrame” por el cual había que permitir ese enriquecimiento para que las sobras del banquete cayeran sobre los más pobres, pero esto nunca ocurrió. Sólo asistimos a la existencia de una minoría, cada vez más opulenta y poderosa, frente a una mayoría creciente de pobres cada vez más pobres. El Progreso, para ser verdadero, se debe manifestar en el bienestar del conjunto social y la fortaleza de la Nación.

En los dos párrafos del epígrafe se sintetizan dos cuestiones principales en el debate de la política ambiental, que Gualeguaychú encierra.

En el primer párrafo, de Eduardo Galeano, se encuentra una cuestión fundamental que está detrás de la instalación de la pastera: la inclusión de nuestros países como subordinados y dependientes de la potencias imperialistas que deciden que papel, dentro del carácter de dependientes, nos asignan en su proyecto “globalizador” y de que forma concreta pagaremos el tributo de los esclavizados, con miseria de nuestro pueblo, entrega de nuestro patrimonio y deterioro de nuestro medio ambiente.

El segundo párrafo de Federico Engels nos hace notar que hay otra forma de considerar al medio ambiente. Las potencias que se disputan el mundo sólo se preocupan en establecer ciertos parámetros aceptables de contaminación. Esos parámetros serán tanto menos exigentes cuanto menos se las controle y tiene como fin la maximización de la ganancia, no importa el costo en vidas (en tiempo o calidad de la misma) o en deterioro de nuestro patrimonio ambiental. En el concepto de Engels el hombre es parte del medio ambiente (la naturaleza). Si partimos de esta concepción no vemos al ambiente como algo externo. Precisamente son las potencias y sus monopolios los que ven ese ambiente como algo a conquistar (precisamente “como un conquistador a un pueblo extranjero”) sin otra contención que las limitaciones que se le impongan.

Estas dos concepciones están en del debate sobre si Botnia contamina o no.

Un poco de historia

Botnia es un ejemplo en el tipo de explotación de recursos naturales que nos impone nuestra condición de países dependientes en un mundo dividido en países opresores y países oprimidos.

Es una fábrica de pasta de celulosa (no una papelera, como se dice). La diferencia es importante porque la parte contaminante del proceso de fabricación de papel es principalmente la producción de pasta de celulosa. Para las potencias la ecuación cierra: se colocan las fábricas de pasta en nuestros países oprimidos (cerca de las plantaciones de árboles de donde se obtiene la materia prima) y las productoras de papel cerca de los consumidores en los países del “primer mundo”. Como ha dicho la ingeniera uruguaya Anahit Aharonian: “...El valor agregado se va para China o para Europa, donde tengan el mercado. Las plantas de celulosa al lado de los troncos, las plantas de papel al lado del mercado, ese es el negocio de ellos.”

El origen de la radicación de empresas contaminantes en los países oprimidos puede rastrearse fácilmente.

Derivar el peligro...

En efecto, Noam Chomski ha escrito que Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro durante el gobierno de Bill Clinton y ahora presidente de la Universidad de Harvard, cuando se desempeñaba como principal economista del Banco Mundial, en 1991, había manifestado en un memorando interno, que el banco debía alentar a las industrias contaminantes a mudarse a los países más pobres del planeta. Sostenía ese personaje, en un documento que se filtró a la prensa que "la medida de los costos de la contaminación causante de enfermedades depende de los egresos previstos por un aumento de la morbilidad y la mortalidad.” Agregando: "Desde ese punto de vista, una cierta cantidad de contaminación causante de enfermedades debe hacerse en el país con el costo más bajo, que será la nación con los menores salarios. Creo que la lógica económica de descargar basura tóxica en el país donde existen los salarios más bajos es impecable, y debemos encararla".

Por eso la Unión Europea aprobó la directiva de enviar a los países oprimidos las industrias contaminantes y esta es la razón por la cual hace medio siglo el Banco Mundial financia la forestación en las márgenes de los ríos Paraná y Uruguay. En Uruguay la ley de promoción de la forestación data de 1987. Se avanzó primero sobre los bosques naturales y ahora sobre terrenos aptos para la agricultura y la ganadería. Los países imperialistas, en el caso que nos ocupa, erradican la parte contaminante: la producción de pulpa de celulosa.

¿Cómo se produce la pasta de celulosa?

En estas pasteras se produce la pasta de celulosa a partir de madera. Primero se trituran los troncos hasta convertirlos en pulpa, que es amarilla por el contenido de lignina, que integra la madera de los árboles. Si el proceso se detuviera allí se podría producir papel de baja calidad como el de los diarios o el usado para hacer paquetes. Para obtener el papel blanco de alta calidad y de mayor valor agregado la pulpa debe blanquearse, para lo cual existen tres tecnologías:

a) con cloro elemental. Es la más nociva, existe en varios países inclusive en la Argentina, pero las fábricas que lo emplean son de dimensiones relativamente pequeñas.

b) con dióxido de cloro (tecnología ECF) como la instalada en BOTNIA en Fray Bentos. Es 20% menos contaminante, pero la de BOTNIA , por su tamaño, contaminará a una escala monumental.

c) libre de todo tipo de cloro (tecnología TCF) con ozono, que es la más cara y la única con niveles bajos de contaminación.

En el sistema que usa cloro elemental, éste al combinarse con otras sustancias produce dioxinas, que son cancerígenas. Esta tecnología desde hace unos 25 años fue siendo reemplazada por el uso de dióxido de cloro que es el que dicen que emplearán las empresas en cuestión.

La que utiliza cloro elemental es la más nociva y se usa todavía. En la Argentina, hay fábricas radicadas que emplean este método y, por supuesto, la situación generada por la movilización de los pueblos costeros del Uruguay ha desnudado que tampoco el gobierno argentino se ha preocupado por el tema. .

Por último la tecnología libre de cloro, que usa oxígeno como blanqueador, es la única con niveles bajos de contaminación. Pero al ser más cara es eludida por las empresas. Es que éstas buscan maximizar las ganancias, no importa que lo hagan a expensas de dañar al medio ambiente y a sus pobladores. Esa es su ley.

La empresa toma agua del río Uruguay y la devuelve a su cauce como efluentes después de usar dióxido de cloro. Como la planta es de gran tamaño (BOTNIA producirá un millón de toneladas métricas de pulpa de celulosa por año) es muy grande la contaminación potencial. La pastera dice que las aguas residuales serán tratadas antes de su vertido en el río.

La planta toma diariamente del Río Uruguay el mismo volumen de agua que todas las ciudades costeras, devolviéndolo al cauce a altas temperaturas. La temperatura de los efluentes líquidos arrojados al río afectará al ecosistema ya que esa zona, donde se produce acumulación sedimentaria, es una región de desove de los peces.

Monocultivo, latifundio y extranjerización de la tierra: ¿suena a conocido?

Pero la instalación de las papeleras empezó antes. Como paso previo se procedió a desarrollar en Uruguay grandes extensiones de plantaciones eucaliptus. Conviene transcribir las denuncias de la ingeniera agrónoma uruguaya Anahit Aharonian, ante la promoción de monocultivo del eucaliptus globulus, ideal para la extracción de mayor cantidad de celulosa: "Es el más adecuado por su textura y color. Los empresarios dicen que la pulpa de fibra corta (como la del eucalipto, el abedul o la acacia) brinda volumen y buenas propiedades de impresión. Pero el eucalipto es el que tiene más demanda, porque la pulpa que se obtiene de él ofrece un papel de buena calidad y más económico.” (...) "Y como estas plantaciones se hacen en zonas donde había pradera, se pierde la riqueza de la misma y se da un golpe mortal a la biodiversidad. Los eucaliptos, además, no permiten el crecimiento de otra vegetación y rompen radicalmente el equilibrio de nuestro medio" (...) "Los impactos en nuestros suelos se producen porque se ha constatado acidificación de los mismos y extracción de importantes volúmenes de agua. Cuando hay sequía, el eucalipto crece más ya que se nutre del agua de napas más profundas: es un competidor muy fuerte de cualquier otra vegetación".

Continua la agrónoma mencionada: “...estamos asistiendo a una latifundización y extranjerización de la tierra a pasos agigantados, a una velocidad muy grande.

Para abastecer una papelera con una capacidad de producción de 300 mil toneladas son necesarias 50 mil hectáreas de plantaciones de monocultivos. Plantas como la de Fray Bentos (1 millón de toneladas al año) requieren superficies cultivables de unas de 200 mil hectáreas.

Los resultados son siempre los mismos: latifundización y extranjerización de la tierra, concentración de poder, expulsión de la población rural, pérdida neta de empleos a nivel local ya que la mano de obra necesaria es muy poca, agotamiento de suelos y recursos hídricos, pérdida de biodiversidad. Pese a las promesas de ‘desarrollo’ que acompañan a las plantaciones, los impactos no hacen más que agravarse a medida que se incrementa el área plantada.

La inacción oportuna de los gobiernos argentinos desde el comienzo

Lo anterior explica la inacción de los gobiernos argentinos. Es que ¿porqué iban a criticar un proyecto que comparten?. ¿No hubieran hecho ellos lo mismo?. ¿Acaso no hay en Argentina plantas que contaminan igual los ríos y producen pulpa?:

¿No son conocidas las “amistades” de este gobierno con las petroleras REPSOL y Panamerican?. No es notoria la extranjerización y extensión del latifundio en Argentina con el beneplácito de éste y anteriores gobiernos?. ¿No se apostó al monocultivo de soja?

¿Porqué se habrían de escandalizar si su proyecto es también latifundio, extranjerización de la tierra, monocultivo y aumento de exportaciones en beneficio de un puñado de monopolios exportadores, burguesía intermediaria nativa (pero no nacional) cuyos intereses son los de las potencias a las que se asocian?

Todo con su secuela de miseria, desocupación, pérdida de la independencia nacional y contaminación y destrucción del ambiente. ¿O la política pesquera no demuestra eso? ¿O la contaminación del Río de La Plata y la cuenca del Matanza-Riachuelo no demuestra eso?

El fallo de la Corte de La Haya

Recientemente se produjo el fallo de la Corte de La Haya. En su oportunidad dijimos que era un error buscar allí la solución ya que nunca se produciría un dictamen que afecte a los intereses del primer mundo.

En este fallo, si bien se reconoce que la planta de Botnia fue construida en violación de los Acuerdos entre Uruguay y Argentina sobre el manejo del Río Uruguay, no dicta ninguna medida que signifique el cierre de la planta. Más aún, indica que no se ha demostrado que la planta contamine. Sólo insta al control conjunto.

Esta visión del hecho consumado es la concepción por la cual un hecho de fuerza adquiere legalidad con el tiempo. Veamos sino en el caso de Malvinas. Si se analizara desde esta concepción no interesaría que fuera una ocupación colonial ilegítima en su origen. La ocupación da derechos. O sea, una concepción de país imperialista.

Y sobre la contaminación, se parte de que los valores de los contaminantes se encuentran en intervalos de normalidad.

Esta resolución indignó al pueblo de Gualeguaychú, fortaleciendo su voluntad de lucha.

Sin embargo grupos de investigadores de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA, que estuvieron realizando estudios en Gualeguaychú, antes y después de la puesta en marcha de la planta, hicieron conocer, en un comunicado, su discrepancia sobre el fallo de la Corte. En ese comunicado se concluye que “la actividad de la pastera no es inocua para el medioambiente y que no fue bien elegido el lugar del enclave”.

Los investigadores atribuyen a los nutrientes eliminados como efluentes por Botnia una floración de algas verdeazules, conocidas como cianobacterias, cuya magnitud no tuvo precedentes para el canal principal del río Uruguay. “La abundancia de algas alcanzó 18 millones de células por mililitro, lo cual excede el nivel indicado por la Organización Mundial de la Salud como nivel de alerta 3, peligroso para la salud humana”, sostienen los investigadores de la UBA. Estas cianobacterias, cubren la superficie y consumen oxígeno produciendo, por ejemplo, muerte de peces como el sábalo que habitan en el barro del cauce. Se incrementaría así algo que ya viene ocurriendo con este pez. En efecto, sus larvas son alimento de las del dorado y el surubí.

La sobrepesca de sábalo para la exportación está conduciendo a la disminución consecuente del surubí y el dorado. Esto es una muestra de lo complejo que es el estudio del impacto ambiental de la introducción de una planta en un determinado lugar.

Agregan los investigadores de Exactas que la abundancia de algas “fue mil veces mayor que el máximo histórico registrado en el río Uruguay” (...). “Cabe señalar que estas algas producen cianotoxinas que se liberan particularmente cuando hay roturas celulares como las que se observaron al analizar las muestras del cúmulo al microscopio”, señalan los investigadores y dicen que, “combinados con la floración algal, se observaron productos que estarían asociados a los efluentes de la planta”.

El aire también fue modificado, según los científicos de la UBA. Se comprobó que en 78 días se detectaron valores de concentración de ácido sulfhídrico superiores al nivel de detección de olor durante una o más horas. Esta sustancia, no provoca trastornos graves pero su característico olor a “huevo podrido”, puede provocar molestias y afecta la calidad de vida de los lugareños. Se sostiene que “...el emplazamiento de la industria no es el apropiado desde el punto de vista de la capacidad de la atmósfera para diluir contaminantes y porque favorece su transporte hacia territorio argentino” ya que “los vientos soplan hacia la Argentina en el 72 por ciento de los casos en los que no hay calma, favoreciendo las posibilidades de contaminación transfronteriza”,

Sin embargo el fallo considera que no se ha demostrado los efectos contaminantes de la planta y la variante atmosférica no fue tenida en cuenta por la Corte.

Es decir, el punto de vista de medir algunos parámetros de contaminación no es lo suficientemente abarcativo de las distintas alteraciones que una planta de la envergadura de Botnia puede producir en el ambiente y las personas que en el habitan.

En esta concepción, la pregunta es ¿cuál es el nivel tolerable de contaminación? Esta es una concepción del “primer mundo” donde el ambiente es un obstáculo externo a la ganancia, y donde los lugareños son vistos como una objeto más de ese medio, cuyas vidas o la calidad de las mismas son un dato menor o, en todo caso si se las afecta serán “un daño colateral”.

Esta concepción no contempla además los múltiples efectos acumulativos o de alteración de las especies vegetales y animales y sus consecuencias a largo plazo.

El reciente desastre petrolero en el Golfo de México debería hacer pensar que si eso ocurre entre una potencia como EE. UU frente a una empresa de una potencia aliada como Gran Bretaña, que ocurriría frente a países dependientes como los nuestros en un hecho de similares características.

En aspectos meteorológicos y ecológicos, que son sistemas complejos, a menudo entra en vigencia la conocida como “teoría del caos” en matemáticas. En estos sistemas de comportamiento caótico, estudiados por la caología, una insignificante variación de los parámetros causales desencadenan efectos de magnitud desproporcionada. Es el conocido “efecto mariposa” (que debe ser tenido en cuenta en estos casos) sintetizado en aquella frase de que el aletear de una mariposa en Pekín puede producir una tempestad en Nueva York.

Un buen ejemplo de esto es el ya mencionado caso del vinculo entre el sábalo y el surubí. La pesca depredadora del sábalo condujo a la disminución del surubí pintado (Pseudoplatystoma coruscans) que es una especie que supera el 1,60 metro de longitud total y los 50 kilos, y apenas ha sido estudiada. En la ciudad de Paraná, entre octubre y febrero de 1976-77, representaba más del 22 por ciento de las capturas comerciales, equivalente a 13,7 kg/pescador/día, y en 2002-03 alcanzó solamente los 0,4 kilos/pescador/día. Y como siempre, los más perjudicados son los más pobres. No hay derrame de la riqueza. Los primeros frigoríficos se manejaron con volúmenes relativamente bajos de exportación. Pero con el fin de la convertibilidad, las cifras se dispararon. Los dueños de las factorías comenzaron a ganar casi $1.000 por tonelada, mientras a los pescadores siguieron pagando 50 y hasta 25 centavos por pieza, de 2 a 3 kilos.

El Río Uruguay es un ambiente frágil que es muy sensible a toda alteración, dicen los expertos. Está al borde de su capacidad de recepción de fósforo, por ejemplo. El argumento de que los efluentes de ciudades ribereñas contamina más no es aceptable. Esa contaminación también debe eliminarse.

La virtual justificación que ha dado la Corte de La Haya al emprendimiento ya ha alentado a latifundistas correntinos que planean una nueva radicación de Botnia en esa provincia.


Otro punto de vista
Frente a la concepción descripta de fijar intervalos aceptables a algunos contaminantes, existe otra concepción distinta: el enfoque precautorio. Este enfoque surge de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992) que consagró, en su "Declaración de Río", una serie de principios esenciales al desarrollo sostenible.

Uno de ellos es el denominado "principio o enfoque precautorio" que, frente a una eventual obra o actividad con posibles impactos negativos en el medio ambiente, permite que la decisión política que no da lugar a su realización, se base exclusivamente en indicios del posible daño sin necesidad de requerir la certeza científica absoluta.

Es decir, en este caso, existe inversión de la carga de la prueba. No son los afectados los que deben demostrar la contaminación, sino la empresa (en este caso Botnia) debe demostrar que no contamina ni contaminará.

Aquí se considera todo elemento nuevo, analizando sus efectos económicos, pero incluyendo los impactos sociales y ambientales, a largo plazo. Es lo que se denomina sustentabilidad económica, ambiental y social.

En lo económico se considera no solo la ecuación de ganancias de la empresa sino lo que se aporta en trabajo y mejora de la calidad de vida de la población

En vez de preguntar ¿qué nivel de daño es aceptable?, un enfoque precautorio pregunta:

1.- ¿es realmente necesaria esta actividad? ¿qué beneficios y perjuicios implica?

2.- ¿cuáles son las alternativas para este producto o actividad?¿cuáles son más convenientes?

3.- ¿cuánta contaminación puede evitarse?.

Respecto a la primer pregunta, y considerando el tamaño de la planta y el peligro que encierra, la razón de estas características está centrada en un jugoso negocio internacional pero que no aporta a un proyecto de independencia nacional.

Ya hablamos de los efectos del latifundio de eucaliptos. Veamos las razones de la construcción de una planta como Botnia: hay un dato interesante sobre la razón del gran tamaño de la empresa: se afirma que de cada diez bobinas de papel que se producen en el mundo, una se utiliza para impresión de libros, cuadernos, folletos, diarios, recibos, facturas, papel higiénico, papel de uso sanitario y clínico, etc, y nueve para embalaje lujoso de artículos innecesarios que se consumen principalmente en las grandes ciudades del Norte. Estadísticamente, un ciudadano norteamericano consume cien veces más papel que un uruguayo, pero no lee cien veces más.

Según datos del Instituto para los Recursos Mundiales, el consumo anual per cápita mundial de papel y cartón fue de 52 kilos en 2004, pero si se observa el consumo por país se ve que los llamados países “desarrollados” consumieron en promedio 175 kilos, en tanto que los de los llamados “en vías de desarrollo”, consumieron apenas 20 kilos.

Por ejemplo, mientras que Finlandia consume 334 kg, Estados Unidos, 312 kg y Japón, 250 kg, un consumo que pareciera bajo de 20 kilos- puede alcanzar perfectamente para cubrir las necesidades básicas de papel.

Es decir, sólo la ganancia de la industria papelera justifica este emprendimiento que afecta la vida humana y la biodiversidad. Y no tiene que ver con el uso necesario de papel para mejorar la calidad de vida y la cultura ya que ese sobreconsumo está destinado a papel para regalos suntuosos, propaganda de empresas (bancos y bienes de alto costo) pero no libros.

Un emprendimiento sustentable no necesita estos monstruos industriales. Un proyecto de país independiente, como en nuestro caso, necesita otro desarrollo industrial.

Sobre el tamaño de las empresas que conviene construir en nuestros países oprimidos hemos sostenido más de una vez la necesidad de establecimientos de menor envergadura y diseminados. Por razones de defensa nacional el desarrollo industrial no debe ser como el pino que crece mucho en altura pero que se cae fácilmente ante la primer tormenta, ante la primer agresión externa, debe ser como el césped, diseminado y difícil de destruir y más adecuado a la defensa nacional ante las agresiones imperialistas inevitables que tendrá un país oprimido que quiere ponerse de pié. Es decir la construcción de pocas y grandes empresas hace frágil ese desarrollo ante las potenciales agresiones, por eso un desarrollo industrial adecuado debe balancear gradualmente la distribución geográfica industrial. Lo anterior vale para Uruguay y para Argentina.

El tipo de tecnología aplicable también tiene que ver con esto. La moderna concepción de “tecnología apropiada”, postulada por investigadores de la OMS y la OIT, es aplicable aquí. Esta se define como una tecnología científicamente válida, técnicamente eficaz pero se agrega la exigencia de que sea socialmente aceoptable. Este último ítem significa, para nuestros países dependientes, que sea una tecnología que responda a un proyecto de independencia nacional y satisfacción de las necesidades del pueblo.

El tipo de industrias tiene que ver, también, con la disminución de desechos. A menudo vemos movilizaciones populares oponiéndose a la instalación de lugares de enterramiento de desechos urbanos. El aumento de los desechos tiene fundamentalmente que ver con una industria donde predomina lo descartable. Este tipo de producción centra en la posibilidad de compra de una parte minoritaria de la población que renueva permanentemente sus stocks mientras la mayoría no tiene acceso a ellos. Si se pensara en la satisfacción de las necesidades de todos debe entrarse en un tipo e producción de objetos durables y reparables. Lo que a su vez generaría empleos en el área reparaciones. El reciclado y la recuperación son parte de este concepto más general de tipo de industria.

Es decir, hay una unidad, una relación entre las esferas productivas, de distribución y de consumo. Quien plantea sólo el reciclado olvida la esfera productiva y distributiva. Y en la decisión de qué y cómo se produce hay decisiones de política ambiental. A veces los costos aumentarán pero se evitarán otros costos en la forma de males sociales, viviendas destruidas, enfermedades evitables, etc.

Como se ve desde esta concepción precautoria la instalación de Botnia es injustificable.

Por último, toda radicación en un área como el Río Uruguay implica previamente una evaluación estratégica, a largo plazo, de los efectos en toda la cuenca, no sólo de la zona aledaña.

Algunas de estas cuestiones han sido propuestas por la Fundación Ambiente y Recursos Naturales y por su presidente, el constitucionalista Daniel Sabsay. Asimismo se sostiene en alguno de los documentos de dicha fundación que si la Directiva 2000/60/CE del Parlamento Europeo y del Consejo (por la que se establece un marco comunitario de actuación en el ámbito de la política de aguas) fuera norma jurídica aplicable para la cuenca del río Uruguay, sería imposible, y por lo tanto absolutamente inviable, la radicación Botnia y otras mega plantas de pasta de celulosa de igual o mayor escala.

El debate económico

En última instancia, está también en juego una pregunta fundamental de la economía, cuya respuesta condiciona todo el desarrollo posterior.

¿El fin de la economía es estar al servicio de la ganancia o de las necesidades de los pueblos (incluyendo la independencia de los países a los que pertenecen)?.

Existe, además, una versión desarrollista que supone que la existencia de estas inversiones extranjeras provocarán un desarrollo industrial que a la larga significará mejora en las condiciones de vida de la población. Como se ve un nuevo matiz en la teoría del derrame, de la visión liberal, por la cual era loable el enriquecimiento de unos pocos ya que esa riqueza al fin se derramaría sobre los más pobres. Cosa que nunca ocurrió.

Esta teoría supone que, siendo nuestros males originados en ser productores de materias primas, la industrialización por la vía de la inversión extranjera provocaría el desarrollo que mejoraría las condiciones de vida. Se ignora que está totalmente demostrado que esta inversión se lleva más de lo que deja. El caso de las mineras, que están hasta libres de impuestos y sólo dejarán contaminación, es un ejemplo. Otro es el drenaje en ganancias trasladadas al exterior y el agotamiento de reservas de la industria petrolera privatizada en Argentina.

La frase “no importa el color del gato con tal que se coma el ratón” de Deng Tsiao Ping, artífice de la China Social imperialista actual, es la síntesis de esta teoría.

Pero resulta que el color del gato importa si nos planteamos una Argentina soberana y de democracia grande.

Desde esta concepción se admite minería contaminante como Pascua Lama que dejará contaminación ambiental y destrucción de los glaciares. O, en el caso de Andalgalá, el intento de hacer desaparecer pueblos.

El reciente veto, por parte del Poder Ejecutivo, a la ley de defensa de los glaciares demuestra como los poderes políticos se subordinan a los intereses de grandes grupos económicos, aunque lesionen el medio ambiente y perjudiquen a las poblaciones.

Ocurre que el imperialismo no es sólo un factor externo de opresión que se pone de manifiesto en el deterioro de los términos de intercambio. Es además un factor interno de opresión de las potencias imperialistas, aliadas a sectores del empresariado de intermediación y terratenientes, que son nativos pero no nacionales.

Esta concepción es hija de la llamada teoría del desarrollo de las fuerzas productivas que fructificó en la URSS cuando abandonó la concepción socialista. Entre otras, la de que el elemento más importante de las fuerzas productivas de un país es el hombre y no la máquina. O, como decía Ramón Carrillo, que en el hombre argentino reside la verdadera Nación.

La concepción neo – desarrollista (que se expresa en el actual gobierno y en opositores) siempre está dispuesta a subordinarse a las potencias y busca agradarlas con la idea de integrarse al mundo globalizado y recibir inversiones extranjeras como vía de desarrollo.

Es la que está atrás de inversiones como Botnia en Uruguay y tantas similares en Argentina. Esto explica que sectores del gobierno y de la oposición estén molestos con Gualeguaychú. Y que se generen proyectos similares en la minería, en el petróleo, etc.

Contra Gualeguaychú

Por lo anterior algunos tienen miedo al ejemplo de Gualeguaychú. El gobierno y Clarín, más allá de sus disputas, coinciden en esto. Resulta sorprendente que sectores nacionales tengan miedo a esta experiencia siendo, como es, una lucha de todo un pueblo contra la expoliación contaminante del capital extranjero.

La participación protagónica de los pueblos es imprescindible para una política ambiental de independencia nacional.

Esto ha sido defendido como una propuesta en la UN. En efecto, el Principio 10 de Rio 92 establece que “El mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda. En el plano nacional, toda persona deberá tener acceso adecuado a la información sobre el medio ambiente de que dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales y las actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad de participar en los procesos de adopción de decisiones. Los Estados deberán facilitar y fomentar la sensibilización y la participación de la población poniendo la información a disposición de todos. Deberá proporcionarse acceso efectivo a los procedimientos judiciales y administrativos, entre éstos el resarcimiento de daños y los recursos pertinentes”.

Resulta sorprendente que sectores supuestamente progresistas y sectores supuestamente nacionales se atemoricen frente a Gualeguaychú y reclamen que la Gendarmería los saque del puente, pidiendo el orden de los imperios, la PAX ROMANA.

Es preciso que los sectores verdaderamente patrióticos y progresistas no equivoquen el enemigo.


Los pueblos salvarán a los pueblos
Estamos ante un problema ambiental inseparable de qué proyecto de Nación tengamos.

Sólo si los pueblos se unen para tomar en sus propias manos la defensa del Medio Ambiente, como parte de su lucha por la defensa del patrimonio nacional y de su derecho a una vida digna, se podrán resolver estas cuestiones.

Es preciso un proyecto de Argentina independiente donde se defiendan nuestras aguas, nuestra tierra, nuestro espacio aéreo y lo más importante del patrimonio nacional: nuestras mujeres, nuestros hombres y nuestros niños. Y su futuro.



Bicentenario de la Revolución de Mayo

1810 - 25 de Mayo - 2010

FORO PATRIOTICO Y POPULAR

Recuperar el patrimonio nacional; establecer la soberanía popular; garantizar la independencia argentina.

Av. Caseros 828, P.: 1º, Depto: 3 - CP: 1152. Ciudad Autónoma de Buenos Aires - República Argentina

 

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