Alcohol: Término aplicado a los miembros de un grupo de compuestos
químicos del carbono que contienen el grupo OH.
Dicha denominación se utiliza comúnmente para designar un compuesto
específico: el alcohol etílico o etanol. Proviene de la palabra árabe al-kuhl,
o kohl, un polvo fino de antimonio que se utiliza para el maquillaje de
ojos.
En un principio, el término alcohol se empleaba para referirse a cualquier
tipo de polvo fino, aunque más tarde los alquimistas de la Europa medieval
lo utilizaron para las esencias obtenidas por destilación, estableciendo
así su acepción actual.
Los alcoholes tienen uno, dos o tres grupos hidróxido (-OH) enlazados a
sus moléculas, por lo que se clasifican en monohidroxílicos,
dihidroxílicos y trihidroxílicos respectivamente.
El metanol y el etanol son alcoholes monohidroxílicos. Los alcoholes
también se pueden clasificar en primarios, secundarios y terciarios,
dependiendo de que tengan uno, dos o tres átomos de carbono enlazados con
el átomo de carbono al que se encuentra unido el grupo hidróxido.
Los alcoholes se caracterizan por la gran variedad de reacciones en las
que intervienen; una de las más importantes es la reacción con los ácidos,
en la que se forman sustancias llamadas ésteres, semejantes a las sales
inorgánicas.
Los alcoholes son subproductos normales de la digestión y de los procesos
químicos en el interior de las células, y se encuentran en los tejidos y
fluidos de animales y plantas.
Etanol: El alcohol de vino, alcohol etílico o etanol, de fórmula C2H5OH,
es un líquido transparente e incoloro, con sabor a quemado y un olor
agradable característico.
Es el alcohol que se encuentra en bebidas como la cerveza, el vino y el
brandy. Debido a su bajo punto de congelación, ha sido empleado como
fluido en termómetros para medir temperaturas inferiores al punto de
congelación del mercurio, -40 °C, y como anticongelante en radiadores de
automóviles.
Normalmente el etanol se concentra por destilación de disoluciones
diluidas.
El de uso comercial contiene un 95% en volumen de etanol y un 5% de agua.
Ciertos agentes deshidratantes extraen el agua residual y producen etanol
absoluto.
El etanol tiene un punto de fusión de -114,1 °C, un punto de ebullición de
78,5 °C y una densidad relativa de 0,789 a 20 °C.
Desde la antigüedad, el etanol se ha obtenido por fermentación de
azúcares. Todas las bebidas con etanol y casi la mitad del etanol
industrial aún se fabrican mediante este proceso.
El almidón de la patata (papa), del maíz y de otros cereales constituye
una excelente materia prima. La enzima de la levadura, la cimasa,
transforma el azúcar simple en dióxido de carbono.
La reacción de la fermentación, representada por la ecuación C6H12O6 ±
2C2H5OH + 2CO2 es realmente compleja, ya que los cultivos impuros de
levaduras producen una amplia gama de otras sustancias, como el aceite de
fusel, la glicerina y diversos ácidos orgánicos.
El líquido fermentado, que contiene de un 7 a un 12% de etanol, se
concentra hasta llegar a un 95% mediante una serie de destilaciones.
En la elaboración de ciertas bebidas como el whisky y el brandy, algunas
de sus impurezas son las encargadas de darle su característico sabor
final.
La mayoría del etanol no destinado al consumo humano se prepara
sintéticamente, tanto a partir del etanal (acetaldehído) procedente del
etino (acetileno), como del eteno del petróleo. También se elabora en
pequeñas cantidades a partir de la pulpa de madera.