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ATROFIAS MUSCULARES ESPINALES
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Trastornos de comienzo en la lactancia o la infancia, caracterizados por
atrofia del músculo esquelético debida a degeneración progresiva de las
células del asta anterior medular y de los núcleos motores del tronco del
encéfalo.
La mayor parte de los casos son autosómicos recesivos y parecen debidos a
mutaciones alélicas de un locus simple de un gen localizado en el cromosoma 5.
Existen cuatro variantes principales.
La atrofia muscular espinal tipo I (enfermedad de Werdnig-Hoffmann) se
inicia en la vida intrauterina o se hace sintomática entre los 2 y 4meses de
edad. La mayoría de los niños afectados son hipotónicos al nacer y todos
presentan retraso del desarrollo motor hacia los 6 meses. El 95% fallecen
entre el año y año y medio de edad y todos alrededor de los 4 años,
generalmente por fallo respiratorio.
En la atrofia muscular espinal tipo II (intermedia) la mayor parte de los
lactantes y niños presentan síntomas alrededor de los 6 a 12 meses y todos
ellos antes de los 2 años de edad; <25% de los niños afectados aprenden a
sentarse y ninguno llega a caminar o gatear. Clínicamente, los niños presentan
hipotonía y debilidad muscular flácida, arreflexia y fasciculaciones que
pueden ser difíciles de ver en los niños muy pequeños. Pueden presentar
disfagia. La enfermedad generalmente es mortal en fases tempranas de la vida,
sobre todo debido a complicaciones respiratorias. Sin embargo, la progresión
puede detenerse espontáneamente, produciendo una debilidad muscular permanente
no progresiva.
La atrofia muscular espinal tipo III (enfermedad de Wohlfart-Kugelberg-Welander)
comienza entre los 2 y los 30 años de edad. Los hallazgos anatomopatológicos y
el tipo de herencia son similares a los de la forma aguda (tipo I), pero su
evolución es más lenta y la esperanza de vida más prolongada. La debilidad y
atrofia muscular son más evidentes en los miembros inferiores, comenzando en
el cuádriceps y en los flexores de la cadera. Posteriormente se afectan los
miembros superiores. La debilidad muscular suele progresar de proximal a
distal. Algunos casos familiares son secundarios a déficit enzimáticos
específicos (p. ej., deficiencia de hexosaminidasa).
La atrofia muscular espinal tipo IV tiene un patrón hereditario variable
(recesivo, dominante, ligado a X), comienza en la vida adulta (30 a 60 años de
edad) y tiene una evolución lenta. En ocasiones es imposible su diferenciación
con la esclerosis lateral amiotrófica.
Diagnóstico y tratamiento
Generalmente, el diagnóstico se confirma mediante la demostración
electromiográfica de una denervación sin afectación del nervio periférico; los
estudios de velocidad de conducción nerviosa son normales. Ocasionalmente se
realiza una biopsia muscular. Las enzimas musculares séricas (CPK, aldolasa)
pueden estar ligeramente elevadas. La amniocentesis no es diagnóstica.
No existe tratamiento específico. La fisioterapia y algunos aparatos
especiales pueden ser útiles en pacientes con trastornos estáticos o
lentamente progresivos al prevenir la escoliosis y las contracturas.
TRASTORNOS DE LAS RAÍCES NERVIOSAS
La herniación de disco intervertebral (v. más adelante), con o sin
alteraciones degenerativas de la columna, es la causa más frecuente de
afectación radicular. Los cambios óseos de la AR o la osteoartritis,
especialmente de la columna cervical y lumbar, pueden producir compresión
aislada de raíces nerviosas. Menos frecuentemente, la meningitis crónica,
sobre todo la carcinomatosa, produce afectación de múltiples raíces. Otras
patologías que pueden presentarse con síntomas radiculares son los abscesos y
tumores epidurales, los meningiomas espinales y los neurofibromas (v. cap.
177). La diabetes mellitus puede producir una radiculopatía dolorosa torácica
o de las extremidades. La infección por herpes zóster generalmente produce una
radiculopatía dolorosa con hipoestesia de distribución en un dermatoma y un
exantema característico; además puede dar lugar a radiculopatía motora con
debilidad muscular miotónica y arreflexia.
Síntomas y signos
La disfunción de las raíces nerviosas, generalmente secundaria a compresión
crónica o invasión de la raíz, produce un síndrome radicular característico
constituido por dolor y déficit neurológico segmentario. La afectación de la
raíz anterior (motora) produce debilidad y atrofia de los músculos inervados
por la raíz. La afectación de la raíz posterior (sensitiva) causa alteraciones
sensitivas en la distribución del dermatoma correspondiente. Los reflejos
tendinosos profundos segmentarios correspondientes están disminuidos o
ausentes. Las lesiones extensas con efecto de masa a nivel cervical, torácico
o lumbar pueden comprimir la raíz y la médula espinal simultáneamente,
especialmente en pacientes con estenosis del canal, por lo que al síndrome
radicular se añade una mielopatía.
El dolor radicular se desencadena con los movimientos de la columna, al toser
o estornudar y con las maniobras de Valsalva, que transmiten el aumento de
presión a la raíz a través del espacio subaracnoideo. La afectación de las
raíces lumbares inferiores y sacras superiores que forman el nervio ciático
producen dolor en las nalgas, en la cara postero-lateral del muslo, la
pantorrilla y el pie (ciática). Las lesiones de la cola de caballo afectan a
múltiples raíces lumbares y sacras, produciendo síntomas radiculares en ambos
miembros inferiores y alteración de las funciones esfinteriana y sexual. Las
lesiones torácicas producen disestesias «en banda» alrededor del tórax o los
flancos. El dolor radicular cervical se irradia al hombro, brazo y mano o a la
nuca dependiendo del nivel de la lesión.
Diagnóstico
Las Rx simples de columna pueden mostrar cambios artríticos o metástasis
vertebrales. La TC permite determinar las dimensiones del canal medular y la
presencia de invasión de los agujeros intervertebrales. La RM proporciona
imágenes de alta definición de las lesiones espinales, reemplazando a la
mielografía en la mayor parte de los casos. La determinación de proteínas,
glucosa y células y los cultivos del LCR permiten diferenciar la meningitis
neoplásica de otras meningitis crónicas. La electromiografía y los potenciales
evocados ayudan a localizar el nivel y a determinar la gravedad de las
lesiones radiculares. Las velocidades de conducción nerviosa son normales,
pero en los músculos inervados por una o más raíces afectadas existe actividad
espontánea (ondas positivas y fibrilaciones) y disminución del reclutamiento
de unidades motoras. La estimulación repetitiva del nervio mediano, peroneo o
tibial posterior puede mostrar un retraso de los potenciales evocados a nivel
de su entrada en la raíz correspondiente.
Tratamiento
El tratamiento sintomático puede realizarse con relajantes musculares,
estimulación nerviosa eléctrica transdérmica o medios tópicos. El tratamiento
específico depende de la etiología de la radiculopatía. Los tumores epidurales
o meníngeos deben tratarse con radiación de los segmentos medulares afectados
y corticoides (dexametasona, 10 mg en bolo i.v. seguido de 4 mg/6 h).
Si los
síntomas y signos continúan progresando rápidamente a pesar de este
tratamiento, está indicada la descompresión quirúrgica. Si existe compresión
medular por deformidad ósea suele ser necesaria la cirugía. En pacientes con
diseminación meníngea difusa por tumores embrionarios puede utilizarse
metotrexato intratecal para intentar disminuir la progresión tumoral. Los
abscesos epidurales y subdurales requieren drenaje quirúrgico inmediato y
antibióticos durante 6 a 8 sem.
Los síntomas secundarios a diabetes mellitus
se manejan fundamentalmente con un buen control de la glucemia. Las
infecciones severas por herpes zóster se tratan con fármacos antivirales (p.
ej., aciclovir, vidarabina). Los corticoides administrados precozmente pueden
reducir la incidencia de neuralgia postherpética en pacientes >60 años de
edad. Los meningiomas y neurofibromas requieren excisión quirúrgica.
HERNIACIÓN DEL NÚCLEO PULPOSO
(Herniación o prolapso del disco intervertebral)
Las vértebras están separadas entre sí por discos cartilaginosos constituidos
por un anillo fibroso externo y un núcleo pulposo interno. Los cambios
degenerativos (con o sin traumatismo) pueden dar lugar a una protrusión o
herniación del núcleo a través del anillo fibroso, generalmente en la columna
cervical o lumbar; el núcleo pulposo se desplaza en sentido posterior o
postero-lateral hacia el espacio extradural. Cuando el núcleo herniado
comprime o irrita una raíz nerviosa a nivel lumbosacro, se produce una
ciática. La protrusión posterior puede comprimir la médula o la cola de
caballo, especialmente cuando existe una estenosis congénita del canal
medular.
En la región lumbar, más del 80% de las hernias afectan a las raíces L-5 o
S-1; en la columna cervical, las radiculopatías más comunes son la C-6 y C-7
(v. tabla 183-2).
Síntomas y signos
Aparece dolor en la distribución de la raíz comprimida, que puede comenzar
súbita e intensamente o bien de forma insidiosa. Empeora con el movimiento y a
veces con la maniobra del Valsalva, al toser, reírse o defecar. Además pueden
existir parestesias o entumecimiento en la zona de distribución sensitiva de
la raíz y disminución o ausencia de los reflejos, también en los segmentos
correspondientes a la raíz afectada. En la herniación lumbosacra, la elevación
del miembro inferior extendido (que estira las raíces) puede producir dolor en
la espalda o la pierna (v. cap. 59); en las hernias cervicales, la flexión o
inclinación del cuello es dolorosa. Los músculos inervados por la raíz
comprimida pueden llegar a estar débiles, atróficos y flácidos y mostrar
fasciculaciones. La compresión de la médula cervical puede producir paresia
espástica de los miembros inferiores. La compresión de la cola de caballo
generalmente da lugar a retención urinaria o incontinencia por pérdida de la
función esfinteriana; estos signos son indicativos de la necesidad de atención
urgente.
Diagnóstico y tratamiento
En la Rx simple de columna generalmente se aprecia una disminución del espacio
discal. La TC o la RM permiten determinar las dimensiones del canal y pueden
mostrar la protrusión discal. La electromiografía ayuda a identificar las
raíces afectadas.
El tratamiento debe ser conservador, ya que la mayoría de los pacientes con
dolor lumbar o radicular se recuperan sin cirugía -más del 95% en 3 meses- si
no existe déficit neurológico importante. Las molestias agudas pueden
aliviarse con reposo y relajación. El reposo prolongado en cama está
contraindicado. Además pueden utilizarse analgésicos, tranquilizantes suaves y
relajantes musculares para aliviar el dolor.
En las radiculopatías lumbares, la tracción no ha demostrado beneficio
generalmente. Si existen déficit neurológicos objetivos (debilidad muscular,
déficit sensitivo) persistentes o progresivos o si el dolor radicular es
severo y resistente al tratamiento, se considerará el tratamiento quirúrgico.
Los procedimientos de elección habitualmente son la discectomía microscópica,
la laminectomía o la extirpación quirúrgica del material herniado. También se
están evaluando otras técnicas como la eliminación del material discal
protruido por vía percutánea. No se recomienda la disolución del material
discal herniado con inyecciones locales de la enzima quimopapaína. Las
lesiones que producen una compresión aguda medular o de la cola de caballo (p.
ej., que produce retención urinaria o incontinencia) requieren tratamiento
quirúrgico inmediato.
En las radiculopatías cervicales, la descompresión quirúrgica suele ser
efectiva si no responden al tratamiento conservador.
ESPONDILOSIS CERVICAL
Alteraciones degenerativas de los discos y anillos intervertebrales con
formación de osteofitos que estenosan el canal cervical o los agujeros de
conjunción.
Los pacientes con estenosis congénita del canal medular presentan un riesgo
aumentado de espondilosis. Si se produce una compresión medular aparece un
mielopatía progresiva con desarrollo típico de una marcha espástica.
Clínicamente predomina el dolor acompañado de signos radiculares en el
dermatoma más afectado, generalmente entre C-5 y C-6 o C-6 y C-7. La
compresión de las raíces en el agujero de conjunción produce debilidad,
atrofia y arreflexia segmentarias en el miembro superior; la compresión
medular, en cambio, da lugar a hiperreflexia, hipertonía, afectación de la
sensibilidad vibratoria y respuesta cutáneo-plantar extensora en miembros
inferiores.
Diagnóstico y tratamiento
Las Rx de la columna, incluyendo proyecciones oblicuas de los agujeros de
conjunción, muestran cambios degenerativos con osteofitos y estrechamiento del
espacio discal. Si el diámetro sagital del canal cervical es <10 mm, es
bastante probable que exista una compresión medular. La TC permite estimar el
diámetro del canal medular, pero la RM es la prueba de elección.
En ocasiones, la clínica mejora o se estabiliza espontáneamente. El
tratamiento conservador se basa en el uso de un collarín blando,
antiinflamatorios, relajantes musculares y analgésicos suaves. La laminectomía
descompresiva está indicada cuando el paciente presenta signos de mielopatía
con compresión medular demostrada en las pruebas de imagen. Cuando está
indicada la cirugía, el abordaje anterior o posterior se determina en función
de los síntomas y la anatomía patológica.
TRASTORNOS DE LOS PLEXOS
Las alteraciones de los plexos braquial y lumbosacro producen un trastorno
mixto, motor y sensitivo, del miembro correspondiente. El patrón no se
corresponde con la distribución de las raíces o nervios individuales. Los
trastornos del plexo braquial superior afectan al hombro y los de la parte
inferior del mismo a la mano. En los niños, la tracción durante el parto puede
causar una plexopatía; en los adultos, las causas más frecuentes son los
traumatismos y la invasión metastásica (típicamente, el carcinoma de mama o
pulmón en el plexo braquial y las neoplasias intestinales o genitourinarias en
el plexo lumbosacro). Si el plexo se encuentra en el campo de radiación (p.
ej., en el carcinoma de mama) puede aparecer una plexopatía por fibrosis. En
los pacientes diabéticos puede desarrollarse una plexopatía lumbar dolorosa
asociada a pérdida de peso. Otras causas son los hematomas secundarios a
tratamiento anticoagulante que comprimen el plexo lumbosacro; ocasionalmente,
la neurofibromatosis (v. más adelante) puede afectar a los plexos.
La neuritis braquial aguda (neuralgia amiotrófica) aparece fundamentalmente en
varones, sobre todo en adultos jóvenes aunque puede darse a cualquier edad. La
causa es desconocida aunque se sospecha un proceso inflamatorio vírico o
inmunológico. Se caracteriza por dolor supraclavicular y por debilidad
muscular y disminución de los reflejos con mínimas alteraciones sensitivas en
la distribución del plexo braquial. En 3 a 10 d se desarrolla una paresia
grave que posteriormente revierte en los meses siguientes. En 2/3 de los
pacientes está afectada la porción superior del plexo y por tanto la
musculatura proximal.
Diagnóstico y tratamiento
La EMG y los estudios de conducción ayudan a la localización de las lesiones.
Los potenciales de acción sensitivos pueden tener una amplitud disminuida o
estar ausentes en la distribución correspondiente, y los músculos inervados
por las divisiones afectas del plexo pueden presentar signos de denervación.
La TC o RM de los plexos braquial o lumbosacro permiten detectar masas en
pacientes con cáncer o hematomas. La extensión tumoral al interior del espacio
epidural puede observarse mediante RM o mielografía. En las lesiones
metastásicas del plexo braquial, los potenciales evocados registrados tras
estimulación del nervio mediano pueden mostrar un retraso del potencial en el
punto de Erb.
El punto de lesión local de un nervio puede identificarse mediante el signo de
Tinel, que consiste en la aparición de parestesias distales en la distribución
del nervio, desencadenadas por la percusión de éste por encima de la
compresión.
Los corticoides no han presentado eficacia en la neuritis braquial aguda. La
cirugía puede estar indicada en los traumatismos, hematomas y neoplasias
benignas o metastásicas. Las lesiones metastásicas deben tratarse con
radiación y/o quimioterapia. El control adecuado de la glucemia ayuda al
tratamiento de las plexopatías diabéticas.
SÍNDROMES DE COMPRESIÓN DEL DESFILADERO TORÁCICO
Grupo de síndromes definidos, caracterizados por dolor y parestesias en la
mano, cuello, hombro o brazos.
Incluyen el síndrome de compresión neurovascular de la cintura escapular, el
síndrome del escaleno y el síndrome de la costilla cervical. Son más
frecuentes en mujeres, generalmente entre los 35 y 55 años. Su patogenia es
desconocida. Las alteraciones pueden ser secundarias a compresión de los vasos
subclavios y a veces del tronco inferior o medio del plexo braquial contra una
costilla cervical, una 1.ª costilla torácica anómala o una inserción o
posición anormal de los músculos escalenos.
El síndrome puede sospecharse por la distribución de los síntomas. El dolor y
las parestesias suelen distribuirse por la cara interna de los brazos y a
veces se extienden hacia la pared torácica anterior adyacente. Muchos
pacientes presentan afectación sensitiva entre leve y moderada en la
distribución de C-8 a T-1 en el lado doloroso y tienen alteraciones vasculares
autonómicas importantes en la mano, incluyendo cianosis, edema y (más
raramente) fenómeno de Raynaud o gangrena distal.
Diagnóstico y tratamiento
Existen varias maniobras para demostrar la compresión de estructuras
vasculares (p. ej., al extender el plexo braquial), pero no tienen un valor
claramente demostrado. Entre los datos de ayuda para el diagnóstico se
encuentran la auscultación de soplos en la clavícula o el vértice de la axila
y el hallazgo de una costilla cervical mediante la Rx simple. La obstrucción
parcial o espasmo de las arterias o venas axilares pueden demostrarse mediante
angiografía, pero tampoco proporcionan una evidencia incontrovertible del
trastorno.
La mayoría de los pacientes responden a la fisioterapia y los ejercicios. Si
se identifica una costilla cervical o una obstrucción de la arteria subclavia,
el especialista debe decidir si es necesaria la cirugía.
NEUROPATÍAS PERIFÉRICAS
Síndromes constituidos por déficit sensitivo, debilidad y atrofia muscular,
disminución de los reflejos tendinosos profundos y síntomas vasomotores,
aislados o en combinación.
Las neuropatías periféricas pueden afectar a un solo nervio (mononeuropatía),
a dos o más nervios en zonas separadas (mononeuropatía múltiple) o a muchos
nervios simultáneamente (polineuropatía). Puede estar afectado primariamente
el axón (p. ej., diabetes múltiple, enfermedad de Lyme, uremia o agentes
tóxicos) o bien la vaina de mielina o las células de Schwann (p. ej.,
polineuropatía inflamatoria aguda o crónica, leucodistrofias o síndrome de
Guillain-Barré). La lesión de las fibras finas mielínicas o amielínicas da
lugar a una pérdida de la sensibilidad termoalgésica; la afectación de las
fibras mielínicas gruesas da lugar a un déficit motor o propioceptivo. Algunas
neuropatías (p. ej., toxicidad por plomo, dapsona, picadura de garrapata,
porfiria o síndrome de Guillain-Barré) afectan principalmente a las fibras
motoras; otras (p. ej., ganglionitis neoplásica de raíces dorsales, lepra,
SIDA, diabetes mellitus o intoxicación crónica por piridoxina) afectan sobre
todo a los ganglios de las raíces dorsales o a las fibras sensitivas,
produciendo síntomas sensitivos. Ocasionalmente, se afectan también los pares
craneales (p. ej., síndrome de Guillain-Barré, enfermedad de Lyme, diabetes
mellitus y difteria). La identificación de cada modalidad afectada ayuda a
determinar la causa.
Etiología
La causa más común de lesión localizada de un solo nervio es el traumatismo.
Una actividad muscular violenta o la hiperextensión forzada de una
articulación puede producir una neuropatía focal, al igual que los
microtraumatismos repetidos (p. ej., manejo de pequeños instrumentos que deben
sujetarse con fuerza, martillos neumáticos por la vibración excesiva). La
parálisis por presión o atrapamiento generalmente afecta a los nervios
superficiales (cubital, radial, peroneo) en las prominencias óseas (p. ej., en
el sueño profundo o en la anestesia en sujetos delgados o caquécticos y a
menudo en alcohólicos) o en canales anatómicos estrechos (p. ej., síndrome del
túnel carpiano). La parálisis por compresión también puede ser secundaria a
tumores, hiperostosis, yesos, muletas o posturas forzadas prolongadas (p. ej.,
en jardineros). La hemorragia en un nervio y la exposición al frío o a
radiación también pueden producir una neuropatía. Una mononeuropatía puede ser
consecuencia de invasión tumoral directa.
La mononeuropatía múltiple suele ser secundaria a enfermedades del colágeno
(p. ej., poliarteritis nodosa, LES, síndrome de Sjögren, AR), sarcoidosis,
trastornos metabólicos (p. ej., diabetes, amiloidosis) o infecciones (p. ej.,
enfermedad de Lyme, infección por VIH). Algunos microorganismos pueden
producir mononeuropatías múltiples por invasión directa de los nervios (p.
ej., lepra).
La polineuropatía debido a trastornos febriles agudos puede ser secundaria a
toxinas (p. ej., en la difteria) o a una reacción autoinmune (p. ej., en el
síndrome de Guillain-Barré); la polineuropatía que aparece en ocasiones tras
la vacunación probablemente es también autoinmune (v. también Encefalitis
vírica aguda y Meningitis aséptica, cap. 176).
Los agentes tóxicos suelen causar polineuropatías, pero en ocasiones también
mononeuropatías. Éstos incluyen emetina, hexobarbital, barbital, clorobutanol,
sulfamidas, difenilhidantoína, nitrofurantoína, alcaloides de la vinca,
metales pesados, monóxido de carbono, triortocresil fosfato, ortodinitrofenol,
solventes y otros venenos industriales y ciertos fármacos antirretrovirales
(p. ej., zalcitabina, didanosina).
Los déficit nutricionales y trastornos metabólicos también son causa de
polineuropatía. El déficit de vitamina B es la causa más frecuente (p. ej., en
el alcoholismo, beriberi, anemia perniciosa, déficit de piridoxina inducido
por isoniazida, síndromes de malabsorción e hiperemesis gravídica). También
puede aparecer una polineuropatía en el hipotiroidismo, porfiria, sarcoidosis,
amiloidosis y uremia. La diabetes mellitus puede causar polineuropatía
sensitivo-motora distal (la más frecuente), mononeuropatía múltiple y
mononeuropatía focal (p. ej., de los pares craneales motor ocular común y
motor ocular externo).
Las neoplasias malignas pueden producir una polineuropatía a través de una
gammapatía monoclonal (mieloma múltiple, linfoma), de invasión por amiloide,
de déficit nutricionales o como un síndrome paraneoplásico.
Mononeuropatías específicas. Las mononeuropatías simples y múltiples se
caracterizan por dolor, debilidad muscular y parestesias en la distribución
del nervio o nervios afectados. La mononeuropatía múltiple es asimétrica; los
nervios pueden afectarse todos simultáneamente o de forma progresiva. La
afectación extensa de muchos nervios puede simular una polineuropatía.
Parálisis del nervio cubital. Suele ser secundaria a traumatismo del nervio en
el canal cubital del codo por apoyo repetido sobre el codo o por crecimiento
óseo asimétrico tras una fractura en la infancia (parálisis cubital tardía).
El nervio cubital también puede ser comprimido en el túnel cubital carpiano.
La afectación cubital se caracteriza por parestesias y déficit sensitivo en el
5.º dedo y la mitad medial del 4.º, debilidad y atrofia de los músculos
aductor del pulgar, abductor del 5.º dedo e interóseos. La parálisis cubital
crónica severa produce una deformidad de la mano «en garra». Los estudios de
conducción nerviosa permiten identificar la localización de la lesión. Debe
intentarse un tratamiento conservador antes de decidir la reparación
quirúrgica.
Síndrome del túnel carpiano (v. cap. 61). Se debe a una compresión del nervio
mediano en la cara palmar de la muñeca, entre el ligamento transverso
superficial del carpo y los tendones -perpendiculares- de los músculos del
antebrazo que flexionan la muñeca y la mano. Puede ser uni o bilateral.
Clínicamente, produce parestesias en la mitad radial de la palma de la mano y
dolor enla muñeca y la palma; en ocasiones, el dolor es proximal al lugar de
la compresión, en el antebrazo y el hombro. El dolor puede ser más intenso por
la noche. Posteriormente puede aparecer un déficit sensitivo en la cara palmar
de los tres primeros dedos y debilidad y atrofia de los músculos que controlan
la abducción y oposición del pulgar. Este síndrome debe diferenciarse de la
compresión de la raíz C-6 debida a radiculopatía cervical.
Parálisis del nervio peroneo. Suele ser secundaria a compresión del nervio
contra la cara lateral del cuello del peroné. Es más frecuente en pacientes
encamados y caquécticos y en personas delgadas que suelen cruzar las piernas.
Se caracteriza por debilidad en la dorsiflexión y eversión del pie (pie
caído). Ocasionalmente, aparece déficit sensitivo en la cara anterolateral de
la parte inferior de la pierna y en el dorso del pie o en el espacio entre el
1.º y 2.º metatarsianos. El tratamiento de las neuropatías compresivas
generalmente es conservador (p. ej., evitar cruzar las piernas). Las
neuropatías incompletas suelen seguirse clínicamente y presentan habitualmente
una mejoría espontánea. Si no se recuperan puede estar indicada una
exploración quirúrgica.
Parálisis del nervio radial (parálisis «del sábado noche»). Se debe a una
compresión del nervio contra el húmero: por ejemplo, al dejar caer el brazo
sobre el respaldo de una silla durante una intoxicación o un sueño profundo.
Los síntomas incluyen debilidad de los extensores de la muñeca y los dedos
(muñeca caída) y, en ocasiones, déficit sensitivo en la cara dorsal del primer
espacio interóseo. El tratamiento es similar al de la neuropatía compresiva
peroneal.
Polineuropatías específicas. Las polineuropatías son relativamente simétricas
y suelen afectar a las fibras motoras, sensitivas y vasomotoras
simultáneamente. Pueden afectar al cilindro axonal o a la vaina de mielina y
pueden ser agudas (p. ej., síndrome de Guillain-Barré) o crónicas (p. ej., en
la insuficiencia renal).
Las polineuropatías secundarias a trastornos metabólicos (p. ej., diabetes
mellitus) o insuficiencia renal suelen desarrollarse lentamente, a menudo en
meses o varios años. Con frecuencia se inician con alteraciones sensitivas en
las extremidades inferiores que suelen ser más intensas distalmente que a
nivel proximal. En general predominan las disestesias, entumecimiento, dolor
urente o déficit de la sensibilidad propioceptiva y vibratoria. El dolor suele
empeorar por la noche y puede agravarse con el tacto o los cambios de
temperatura en la zona afectada. En los casos más severos, existen signos
objetivos de pérdida sensitiva, típicamente con una distribución «en guante y
en calcetín». El reflejo aquíleo y otros reflejos tendinosos profundos están
disminuidos o ausentes. Cuando la alteración sensitiva es grave pueden
aparecer úlceras indoloras en los dedos o articulaciones de Charcot. El
déficit sensitivo y propioceptivo puede producir alteraciones de la marcha. La
afectación motora da lugar a debilidad y atrofia muscular distal. El sistema
nervioso autónomo puede estar afectado adicional o selectivamente, produciendo
diarrea nocturna, incontinencia fecal o urinaria, impotencia o hipotensión
postural. Los síntomas vasomotores son variables. La piel está pálida y seca,
a veces con una coloración oscura y puede presentar una sudación excesiva. Los
cambios tróficos (piel fina y brillante, uñas excavadas y con surcos,
osteoporosis) son frecuentes en los casos severos de larga evolución.
La polineuropatía nutricional es frecuente en pacientes alcohólicos y
malnutridos. La axonopatía primaria puede conducir a una desmielinización y
destrucción axonal en los nervios más gruesos y largos. No está claro si en
este caso la causa es un déficit de tiamina u otra vitamina (p. ej.,
piridoxina, ácido pantoténico, ácido fólico). La neuropatía por déficit de
piridoxina generalmente aparece en pacientes en tratamiento con isoniazida
para la TB; los niños con deficiencia o dependencia de piridoxina pueden
presentar convulsiones. Hay una debilidad y atrofia muscular simétricas de las
extremidades a nivel distal que suelen ser rápidamente progresivas, en
ocasiones acompañadas de déficit sensitivo, parestesias y dolor. El dolor y la
sensación de calambre, frialdad, quemazón o entumecimiento en las pantorrillas
y los pies pueden empeorar con el tacto. Cuando la etiología no es obvia
pueden administrarse complejos polivitamínicos, aunque no han mostrado un
beneficio claro.
Menos frecuentemente, puede existir una polineuropatía exclusivamente
sensitiva que comienza con dolor y parestesias periféricas y progresa
proximalmente hacia la pérdida de todas las modalidades sensitivas. Puede
aparecer como un síndrome paraneoplásico en carcinomas (especialmente en el
broncogénico), tras la ingestión de cantidades excesivas de piridoxina (>0,5
g/d) y en la amiloidosis, hipotiroidismo, mieloma y uremia. La neuropatía
inducida por piridoxina se resuelve al retirarla.
Diagnóstico
Las claves para la detección de un trastorno sistémico pueden hallarse en la
exploración física y en la historia clínica. Estos hallazgos incluyen
exantemas, úlceras cutáneas, fenómeno de Raynaud, pérdida de peso, fiebre,
masas y linfadenopatía.
El hemograma puede mostrar los megaloblastos de la anemia perniciosa o los
hematíes granulados de la intoxicación por plomo. Las pruebas de función
hepática y la fosfatasa alcalina pueden sugerir un cáncer oculto, la
creatinina plasmática una insuficiencia renal y los niveles de glucosa una
diabetes mellitus. Debe analizarse la orina en busca de porfirinógenos,
porfobilinógenos y metales pesados. Las anomalías de las proteínas séricas y
la inmunoelectroforesis pueden ayudar al diagnóstico de neuropatía asociada a
mieloma múltiple o gammapatía monoclonal, así como al diagnóstico de
neuropatía desmielinizante. Otras pruebas necesarias pueden ser la
determinación de crioglobulinas y la fijación del complemento. También debe
evaluarse la función tiroidea, especialmente en pacientes con síndrome del
túnel carpiano.
La electromiografía y las pruebas de velocidad de conducción confirman el
diagnóstico de neuropatía y determinan los nervios lesionados, el tipo de
fibra (sensitiva o motora) predominantemente afectada y si la patología es
axonal o desmielinizante. Las lesiones desmielinizantes enlentecen la
velocidad de conducción nerviosa y prolongan las latencias distales y las
ondas F; puede determinarse la presencia de bloqueos por desmielinización
focal. Los procesos axonales producen actividad espontánea en el EMG y bajas
amplitudes de los potenciales evocados con preservación relativa de la
velocidad de conducción. En el síndrome del túnel del carpo, la conducción
está enlentecida a través del ligamento transverso del carpo, prolongando la
latencia al abductor corto del pulgar o bloqueándola completamente. La
latencia distal sensitiva está alargada del mismo modo. La biopsia muscular
puede ser fundamental para el diagnóstico específico en algunos casos (p. ej.,
triquinosis, sarcoidosis, poliarteritis). La biopsia del nervio sural
raramente está indicada.
Pronóstico y tratamiento
El tratamiento de la afectación sistémica (diabetes mellitus, insuficiencia
renal, mieloma múltiple, tumor) puede frenar la progresión y mejorar los
síntomas. Las lesiones traumáticas con la transección completa del nervio
requieren la aposición quirúrgica. Las neumopatías de atrapamiento pueden
requerir inyecciones de corticosteroides o descompresión quirúrgica. La
fisioterapia y las férulas disminuyen el grado o gravedad de las contracturas.
http://manualmerck.tripod.com/MMCap183.htm