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MIASTENIA GRAVE
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MIASTENIA GRAVIS |
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Trastorno caracterizado por debilidad muscular episódica secundaria a pérdida
o disfunción de los receptores de acetilcolina.
En la miastenia grave se produce un ataque autoinmune que destruye o altera la
función de los receptores postsinápticos de acetilcolina de la unión
neuromuscular, interfiriendo con la transmisión de los impulsos nerviosos al
músculo.
El mecanismo primario que conduce a la formación de los anticuerpos
es desconocido. La enfermedad es más frecuente en el sexo femenino;
generalmente comienza entre los 20 y 40 años, pero puede aparecer a cualquier
edad.
La miastenia neonatal es un síndrome de debilidad muscular generalizada que
afecta al 12% de los recién nacidos de mujeres con miastenia grave debido a la
transmisión placentaria de anticuerpos de forma pasiva en el embarazo. Los
síntomas desaparecen en varios días o semanas, coincidiendo con la disminución
del título de anticuerpos. La miastenia congénita es un trastorno autosómico
recesivo, poco frecuente, de la transmisión neuromuscular que comienza en la
infancia. Se caracteriza por ausencia de receptores de acetilcolina y su
patogenia no es autoinmune. Es frecuente la presentación clínica con
oftalmoplejía.
Síntomas y signos
Los síntomas más frecuentes son ptosis palpebral, diplopía y fatigabilidad
muscular tras el ejercicio. Los músculos oculares se afectan inicialmente en
el 40% de los pacientes e incluso hasta en el 85%. Son frecuentes la
disartria, disfagia y debilidad muscular proximal de los miembros. La
sensibilidad y los reflejos tendinosos son normales. Las manifestaciones
varían en intensidad en el curso de horas a días. Puede desarrollarse una cuadriparesia generalizada, especialmente durante las recurrencias. Algunos
pacientes presentan síntomas bulbares (p. ej., alteración de la voz,
regurgitación nasal, atragantamiento, disfagia). La afectación de los músculos
respiratorios, que puede constituir una amenaza vital, aparece en cerca del
10% de los casos. La miastenia grave ocular es un subtipo de la forma
generalizada con afectación exclusiva de los músculos extraoculares.
Diagnóstico
El diagnóstico de sospecha se establece por cualquiera de los síntomas y
signos comentados anteriormente y se confirma con la prueba del edrofonio, un
fármaco anticolinesterásico con una breve duración de acción (<5 min) que
produce una mejoría del cuadro. Se cargan 10 mg de edrofonio en una jeringa y
se administran 2 mg i.v.; si no aparece ningún efecto en 30 seg se administra
el resto. Si padece miastenia grave, la función muscular mejora de forma
súbita y breve. La prueba también permite diferenciar entre una crisis
miasténica y colinérgica en un paciente diagnosticado previamente; el paciente
con una crisis miasténica mejora y si es una crisis colinérgica empeora.
Debido a la posibilidad de que aparezca una depresión cardiorrespiratoria,
durante la prueba deben tenerse preparados medios para mantener la respiración
y atropina (como antídoto).
Las pruebas electrofisiológicas y las alteraciones serológicas confirman el
diagnóstico de forma inequívoca. En un 60% de los pacientes, los estudios de
transmisión neuromuscular muestran una respuesta disminuida en la amplitud del
potencial de acción compuesto del músculo con la estimulación repetitiva a 2 o
3 Hz. La electromiografía de fibra simple puede mejorar su sensibilidad hasta
un 95%. Los anticuerpos antirreceptor de acetilcolina se detectan en el suero
del 90% de los pacientes con miastenia generalizada, pero sólo en el 50% de
los que presentan la forma ocular. Los niveles de anticuerpos no se
correlacionan con la gravedad del trastorno. La TC o RM mediastínicas pueden
detectar un timoma asociado.
La miastenia grave puede ser difícil de tratar, por lo que los pacientes con
enfermedad moderada o severa deben ser seguidos por un especialista
experimentado.
Los anticolinesterásicos y la plasmaféresis mejoran los síntomas; los
corticoides, los fármacos inmunosupresores y la timectomía pueden alterar el
curso de la enfermedad por interferencia con su patogenia autoinmune.
El anticolinesterásico más comúnmente utilizado es la piridostigmina, a dosis
entre 60 y 240mg v.o. cada 3 o 4 h. La dosis debe ajustarse cuidadosamente
según las necesidades individuales, y las reagudizaciones leves pueden
requerir un incremento de las dosis habituales. Los pacientes con disfagia
severa y dificultad para la deglución por la mañana pueden tratarse con
cápsulas de acción prolongada administradas por la noche. Estos fármacos
pueden producir dolor abdominal cólico y diarrea que, en algunos pacientes,
son menos intensos con piridostigmina que con neostigmina. Para estos efectos
secundarios gastrointestinales puede administrarse atropina (0,4 a 0,6 mg v.o.
2o 3 veces al día) o propantelina (15 mg v.o. 3 o 4 veces al día). Cuando se
precisa tratamiento parenteral (p. ej., debido a disfagia) puede sustituirse
la piridostigmina por neostigmina (1 mg equivale a 60 mg de piridostigmina).
Los anticolinesterásicos pueden no mejorar todos los síntomas, especialmente
la parálisis de músculos extraoculares; en este caso puede probarse la
efedrina, 25mg v.o. 3 o 4 veces al día, como adyuvante. El tratamiento
farmacológico y los síntomas clínicos deben controlarse estrechamente. Los
pacientes con paresia respiratoria que no responden al tratamiento requieren
soporte respiratorio completo (v. Ventilación mecánica, cap. 66).
La sobredosificación de neostigmina o piridostigmina produce debilidad
muscular clínicamente indistinguible de la debida a la miastenia. El trastorno
puede hacerse refractario al tratamiento, por lo que todo paciente que ha
evolucionado bien y se deteriora debe someterse a la prueba del edrofonio i.v.
para determinar la causa. Si el paciente mejora, indica que la dosis de
mantenimiento era inadecuada. Si empeora, la dosis era excesiva o la
enfermedad es refractaria.
Los corticoides son útiles para el tratamiento a largo plazo y menos para las
crisis. Generalmente, una dosis de 60 a 70 mg de prednisona a días alternos
induce una mejoría en pocos meses, tras lo cual puede reducirse la dosis al
mínimo necesario. La azatioprina tiene una tasa de éxito similar a dosis de
150 a 200 mg/d. Estos fármacos deben administrarse con las precauciones
habituales.
La timectomía está indicada en la mayoría de los pacientes con la forma
generalizada; tras la misma, el 80% de los casos inician una remisión o
precisan dosis de mantenimiento menores. Si está presente un timoma, siempre
debe extirparse para prevenir su extensión mediastínica. La plasmaféresis
puede ser útil antes de la timectomía en pacientes refractarios y durante las
crisis.
http://manualmerck.tripod.com/MMCap183.htm