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Algunos son ateos sólo cuando hace mal tiempo.
Hay cuatro clases de problemas, los que no tienen solución y no hay que gastar recursos en ellos, los que tienen solución, los que se resuelven solos y podemos arruinarlos tratando deresolverlos nosotros y los que ya están resueltos y no estamos enterados. El éxito está en saber reconocer cada uno de ellos.
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VIGOREXIA |
Aunque la vigorexia no es precisamente un trastorno de la alimentación, si
guarda con estos mucha relación pues sus causas subyacen en los problemas
de índole socio-cultural, los afectados presentan falta de aceptación y dismorfia corporal, además de un narcisismo patente parecido al de las
personas anoréxicas; mientras las anoréxicas se ven gordas y luchan por
rebajar y además lucen su flacura con orgullo; las persona vigoréxicas se
sienten escualidas y quieren aumentar cada día más su masa muscular y
también lucen con orgullo su apariencia exageradamente musculosa.
El psiquiatra estadounidense Harrison G. Pope del Hospital Mac Lean de la
Facultad de Medicina de Harvard en Belmonte (Massachusetts) y sus colegas
de las Universidades de Providence y de Keele denominaron como vigorexia a
un trastorno mental relacionado con la adicción a la musculación que
descubrieron mientras investigaban el uso y abuso de los esteroides
anabólicos en los fisicoculturistas.
Pope, quien comenzó a estudiar el trastorno a principios de la década de
1990, publicó diez años después el primer estudio comparado y controlado
sobre Vigorexia en la Gaceta de Psiquiatría de Estados Unidos. La
investigación descubrió que entre los más de nueve millones de
estadounidenses que acuden regularmente a gimnasios, cerca de un millón
podrían estar afectados por este desorden.
Las personas que padecen vigorexia tienen tal obsesión por verse
musculosas que se miran constantemente en el espejo y nunca se ven
satisfechos. Como se ven muy delgados para su gusto emplean todos los
medios disponibles para aumentar su masa muscular. Se aíslan en el
gimnasio durante horas para levantar pesas y aunque estén lesionados
siguen tratando de sacar más músculos; siguen dietas bajas en grasas y
ricas en hidratos de carbono y proteínas para aumentar la masa muscular
-sin tener en cuenta el desbalance- y abusan de sustancias como hormonas y
esteroides anabólicos. Estas últimas producen el aumento de la masa
muscular, pero también anomalías hepáticas que con el tiempo pueden
degenerar en cáncer de hígado.
La enfermedad deriva entonces en un cuadro obsesivo compulsivo que hace
que las personas afectadas se sientan fracasadas, abandonen sus
actividades y se encierren en gimnasios día y noche. El ejercicio comienza
a tener prioridad por sobre cualquier actividad social, e incluso laboral.
Son capaces de rechazar buenos trabajos para no sacrificar sus horas de
gimnasio, además evitarán situaciones en que tengan que mostrar su cuerpo
ya que consideran no es lo suficientemente bueno como para enseñarlo. Para
evitar la angustia de mostrarlo, visten desde el cuello a los pies con
ropa muy amplia.
Pope y su equipo de investigadores consideran al respecto que: " la
vigorexia está relacionada con el desorden obsesivo compulsivo. Y que,
probablemente, existe cierta predisposición biológica que hace que ciertos
hombres sean más obsesivos que otros. En el trastorno obsesivo compulsivo
clásico, la gente lava sus manos trescientas veces al día, por ejemplo.
Esto es lo mismo, sólo que en vez de existir una obsesión por la limpieza
y una compulsión por lavarse las manos, hay una preocupación por los
músculos y una compulsión por levantar pesas y comer proteínas".
Pero aunque biológicamente pueden existir explicaciones a este trastorno
-por desequilibrios en los niveles de serotonina y otros neurotransmisores
cerebrales- no cabe duda de que los factores socio-culturales y educativos
tienen una gran influencia. Los hombres, al igual que las mujeres, son
sometidos a un constante bombardeo mediático del ideal actual del cuerpo
perfecto, además se les enseña que un aspecto físico vigoroso es sinónimo
de confianza personal, éxito o incluso salud.
Los tratamientos de las personas afectadas por vigorexia, por lo tanto,
tienen que ser multidisciplinares y combinar la farmacología con terapias
cognitivo-conductuales. Desafortunadamente muchos enfermos se niegan a
recibir tratamiento, aunque admiten que temen dejar las pesas, los
anabolizantes y esteroides, ante la perspectiva de acabar atrofiándose
físicamente.
La vigorexia no es estrictamente un trastorno alimentario, pero sí
comparte la patología de la preocupación obsesiva por la figura y una
distorsión del esquema corporal. Por eso cuando el doctor Pope escribió
por primera vez sobre este trastorno lo llamó "anorexia reversa", porque
era como la anorexia nerviosa, pero al revés: mientras en la anorexia hay
una búsqueda enfermiza por la delgadez, en la vigorexia la hay por el
volumen. Así los pacientes aquejados de vigorexia comparten con los
dismórficos y anoréxicos los mismos pensamientos obsesivos y siguen unos
rituales reiterativos ante el espejo que les devuelve su imagen
distorsionada.
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