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Si la juventud es un defecto, es un defecto del que nos curamos demasiado pronto. James Russell Lowell
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EL HOMBRE LADRILLO

 

por el Dr. Guillermo Aldo Luder, ã Derechos reservados

Definir el primer tema y los objetivos de cualquier columna periódica sea gráfica, virtual u otra, es una tarea ardua. Más si se trata de una columna política.

            Debe ser convocante, y  agradable. Debe invitar al pensamiento, inducir preguntas en el lector y a la vez dar pautas para la propia respuesta, o sea que también debe provocar. Serán acuerdos o desacuerdos en el pensamiento y en la expresión y dado el carácter pluralista del género elegido no debe ser ofensivo, por lo menos para la generalidad de las personas.

            En política un artículo puede buscar varias cosas pero sólo dos de ellas engloban todas las cosas que se pretendan buscar. Una es influir, la otra es reflexionar. Las dos son legítimas y constantemente vemos muestras de ellas en la vida política, en el que hacer político. La diferencia es que una forma busca apoyo y definición política, pretende convencer directa o indirectamente, la otra sólo invita al apoyo y como algo inevitable, en ambas se encuentra  la inclinación ideológica del que escribe.

Sin embargo estas dos formas se reducen al quehacer político, que irremediablemente se termina identificando con tal o cual sector. Es lógico que así suceda, el hombre desde que forma sociedades busca su organización, (lo hace desde que vive en pequeñas comunidades) y cada sector pelea y discute para imponer su forma de organizar sobre la sociedad en que vive y desarrolla. Lo hace esencialmente  por que cree que esa forma es el bien común por lo menos para la mayoría de los integrantes de su comunidad. Es decir que la vida política se nutre de la búsqueda de consenso y esa búsqueda supone sectores diferenciados en como ejercer la actividad política. Esto se llama pluralidad de ideas.

Lo dicho me lleva a imaginar a la gente dentro de una comunidad, en mayor o menor medida y con mayor o menor vocación y dedicación, moviéndose, expresándose, aprobando, acordando ideas y llevando esas ideas a la práctica. Esto se llama organización política, donde las personas, ya no sólo como individuos sino como población, son las protagonistas de dicha organización. En la historia política de la humanidad, con aciertos y errores, esta organización es lo que convierte una simple comunidad, en un Estado. En el medio y como distintos grados de desarrollo encontramos a la sociedad y a la Nación. En síntesis, la Población como protagonista de la vida política y el quehacer  político. Parte de lo que surge de la población en movimiento, deviene en gobierno, con sus instituciones y formas de ejercerlo.

A esta altura podemos preguntarnos sobre una situación que en los últimos tiempos se está dando con mayor profundidad y es el descreimiento de la población con el gobierno que surge de ella misma.

El problema puede ser, que en todo el escalafón organizativo (Comunidad – Sociedad – Nación -  Estado), y digo puede ser por cortesía, los que llevan a la práctica el  quehacer político y ejercen la actividad política han tergiversado sus acciones colocando al hombre como objeto de la política.

Reflexionemos sobre esto: Cuando uno en Ciencia Política estudia las causas del Estado una de ellas es la causa material, identificando a la población con esta.

Pero, cual es la causa material, los brazos y piernas de las personas o los pensamientos y actividades de esos brazos y piernas. En otras palabras el hombre como ladrillo de un edificio denominado estado o el hombre parte motora de ese estado.

Por lo que escribimos antes, pienso que la “parte motora de ese estado”.

Considerar al hombre como objeto de la política, adormece momentáneamente al hombre pero también se adormece a si misma. Si tomamos al hombre como objeto y no como sujeto, estamos perdiendo al protagonista de La Política, y sin ese protagonista, La Política deja de estar. El hombre ladrillo no se mueve, no se expresa, no aprueba, no acuerda ideas y por supuesto no lleva ideas a la práctica. El hombre ladrillo no se organiza. Pero como el hombre no es un ladrillo, volvemos al principio, el hombre sino le gusta lo que encuentra y vivencia, seguirá moviéndose y acordando ideas, esta vez a espalda de la organización existente, lo que lleva a otro problema. Ese actuar del hombre a espalda de la organización existente puede llevar a la desorganización del estado como tal, tema que tiene suficiente entidad para ser tratado por sí sólo en forma separada.

De ahí el objetivo fundamental que busca esta columna, influir en la revitalización de LA POLITICA donde el hombre este centrado como sujeto de la misma.

                                                                                                Guillermo Aldo Luder.

NOTA: El Dr. Guillermo Luder es Abogado y Escribano,

 

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En un restaurante: _¡Y como quiere el señor sus huevos? _Yo, con toda mi alma.

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