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Algunos son ateos sólo cuando hace mal tiempo.
Hay cuatro clases de problemas, los que no tienen solución y no hay que gastar recursos en ellos, los que tienen solución, los que se resuelven solos y podemos arruinarlos tratando deresolverlos nosotros y los que ya están resueltos y no estamos enterados. El éxito está en saber reconocer cada uno de ellos.
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Todo pasa y todo queda |
| Gabriela Pousa |
“Pero no era la felicidad, era tan sólo una tregua.”
Mario Benedetti
Ante todo, debería aclarar que estas líneas no pueden considerarse sino como
un aporte al gobierno nacional. De no ser interpretadas de ese modo, entonces,
basta decir que son apenas “conjeturas” que no intimidan y mucho menos
desestabilizan (ver, al respecto, reciente jurisprudencia).
¿Por qué esta aclaración? Pues porque cualquier opinión manifiesta que no
concuerde con el deseo del matrimonio que ocupa la presidencia, parece tener
acceso directo a alguna lista donde el oficialismo aglutina conspiradores,
desestabilizadores, etc. Lista que por cierto, es cada vez más extensa. En
breve, poca será la diferencia entre esta y la guía, sumando claro está, las
páginas blancas, las doradas y las páginas amarillas…
Entre tanto, “todo pasa y todo queda”, como dice el poeta. La mejor exégesis
del llamado “nuevo” escenario político nacional, la da una sola imagen
ratificando aquello que suele decirse cuando se le adjudica mayor definición
que mil palabras: a escasos minutos de la asunción, el flamante Jefe de
Gabinete, se sentó entre medio de Julio De Vido y Ricardo Jaime.. Una
perfecta fotografía de la realidad.
Más allá de sus manifiestas buenas voluntades, que en política
lamentablemente no gravitan, Sergio Massa inauguró su asenso con una suerte
de cátedra sobre los beneficios de la nacionalizació n de Aerolíneas
Argentinas. Como si el cargo no lo hubiera sorprendido, como si hubiese
estado estudiando el libreto a recitar con antelación a aquello que se
presentó a la ciudadanía como medida sorpresiva ante un “portazo” inesperado
para quienes habitan la residencia de Olivos.
En algún momento habrá que detenerse a analizar por qué todo cuanto sucede
tiene un tufillo diferente a cómo se lo vende…
La llamada “oxigenación” pedida por diferentes sectores de la sociedad tras
la, ahora asumida, derrota del kirchnerismo en el Senado derivó en la salida
del inefable Alberto Fernández capaz de conmover peligrosamente, aunque sea
por un instante, con su crítica sagaz a ciertos des-manejos de los últimos
conflictos en el seno del poder, dilatados pero no resueltos, es decir,
tratados al mejor “estilo K”. Estilo que sigue en su apogeo sin que se lo
haya abandonado jamás.
Ahora bien, el primer síntoma a tener en cuenta es la desmedida algarabía
por una partida, (posiblemente maquillada o furtiva), y el arribo de Sergio
Massa como si este llegara con una varita mágica a renovar en forma
inmediata la función pública. Es obvio que los argentinos necesitan
aferrarse a una esperanza con desesperación casi malsana. Basta observar
cómo el vicepresidente, Julio Cobos, se transformó en héroe de la noche a la
mañana, para entender la conducta social característica de un pueblo sumido
en la carencia, y anoticiado tardíamente del fraude que representó votar a
Cristina Fernández si daba lo mismo no votar, y que Néstor Kirchner
siguiera, como sigue, en su lugar.
Los signos de madurez que, de tanto en tanto, algunas manifestaciones
populares dejan aflorar, no terminan de afianzarse, y se pasa raudamente de
la crisis a la naturalidad. Es cierto que los procesos de transformació n
social siempre fueron largos, con un sinfín de vaivenes en el medio de la
trama donde se suelen gestar. En ese sentido es injusto juzgar cuando los
cambios aún no se han producido y hay asignaturas pendientes que saldar.
Este reemplazo de un funcionario o dos, con amenazas de algunos más que se
supone, antes o después, también se irán es superficial frente al reclamo de
“oxigenación”. Y es que el problema central no son los nombres sino la
permanencia de un modelo de hacer política, basado en la confrontación, el
apriete y la división social, que se perpetúa sin que nada lo haya alterado
y sin que la experiencia enseñe o el fracaso convoque a la reflexión en vez
de asentar la porfía del error.
No es Guillermo Moreno ni siquiera Luis D’Elía el problema. El problema es
la metodología kirchnerista cualquiera sea quien la ejecute más abajo o más
arriba. Ni el INDEC, ni las retenciones, ni las tarifas o la nacionalizació
n de Aerolíneas son conflictivos por sí mismos.
Las demandas perentorias de la gente desoídas, los inocultables traspiés, el
visible rumbo cuesta abajo en el que vamos no han generado reacciones
consecuentes con un cambio. Posiblemente, pretender que la sociedad política
y conyugal que dirige a la Argentina, reaccione frente a lo evidente es
pedir una transformació n estructural, para la cual han demostrado,
innumerablemente, absoluta incapacidad y desgano soberano.
Ante el estallido del conflicto, apenas si responden con un retiro
“espiritual” en El Calafate, un silencio que dura entre 48 y 72 horas no
más, y la ratificación del “estilo K” con redoblada apuesta a un modo de
gobernar y de vivir, el cual si se quiere es aún más complicado y difícil de
alterar. La crispación, la altanería y la estrategia del as en la manga
mantienen a la ciudadanía en un estado de incertidumbre que no le permite
definir si creer y apostar, regresar al hastío o mantenerse alerta porque
puede llegar, en el momento menos pensado, la estocada final.
Lo cierto es que, en el mientras tanto, “todo pasa y todo queda”. Pasó la
glorificación de Alfredo De Angeli cuyo paradero ni siquiera se sabe ya,
pasó la ausencia en el escenario de Néstor Kirchner generando una
inexplicable sensación de regreso al llano, situación impensable tratándose,
nada más ni nada menos, que del artífice del “estilo K”, pasó el festejo del
campo al tamizar que, sin política agropecuaria con reglas de juego
definidas y respetadas, no hay forma de progresar, pasó el vendaval de
oxígeno y excitación que provocó en el Senado una oratoria sin gritos ni
agravios desempatando a favor del reclamo social…
Pasó tanto en realidad que los almanaques parece que hubiesen dejado caer
hojas en cantidad, y sin embargo, fueron pocos días, un par de semanas, nada
más. Y todo está maquillado pero esencialmente igual. No se trata de
pesimismo ni de profecía porque definir lo que vendrá es casi un enigma, un
rompecabezas con fichas que no encastran para avizorar un escenario de
progreso y paz u otro de conflictividad que derive en una nueva batalla
campal.
Lo cierto es que, el sector agropecuario, aportó mucho más que un reclamo
sectorial. Legó una radiografía sin distorsión de la metodología
kirchnerista incapaz de variar por su naturaleza intrínseca.
Si las voces que se sumaron al grito rural acallan creyendo que, alterando
nombres en un gabinete que no gestionó jamás, las soluciones ya están; antes
de lo pensado volveremos a encontrarnos señalados, etiquetados y vueltos a
convertir en enemigos desprevenidos en medio de una guerra que sólo en
apariencia había cesado. Sino, ¿por qué, en Balcarce 50, sigue acumulándose
arsenal?
Se disparan entre ellos con agravios, y afanosamente se busca la figura
capaz de devolver alguna suerte de unidad que sólo la mentada “caja”
oficial, cuando estuvo abultada, pudo conquistar.
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