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Neuropatías hereditarias |
Las neuropatías hereditarias se clasifican en neuropatías sensitivo-motoras y
neuropatías sensitivas. (Para las neuropatías hereditarias motoras, v.
Trastornos de la neurona motora inferior y superior, más atrás). La neuropatía
hereditaria sensitivo-motora más frecuente es la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth
(v. más adelante). Otras menos comunes comienzan al nacimiento y dan lugar a
una incapacidad grave. En las neuropatías sensitivas, que son infrecuentes, la
pérdida de la sensibilidad distal al dolor y la temperatura es más importante
que la alteración de la sensibilidad vibratoria y posicional. El principal
problema es la amputación de los pies debido a la anestesia al dolor, con
infecciones frecuentes, incluyendo osteomielitis.
Neuropatía hereditaria motora y sensitiva tipos I y II (enfermedad de
Charcot-Marie-Tooth, atrofia muscular peroneal). Es un trastorno
relativamente frecuente, generalmente autosómico dominante, caracterizado por
debilidad y atrofia muscular, fundamentalmente en los músculos peroneales y
distales de las piernas. Los pacientes pueden presentar simultáneamente otros
trastornos degenerativos (p. ej., ataxia de Friedreich) o antecedentes
familiares de ellos. Los pacientes con neuropatía tipo I comienzan en la mitad
de la infancia con pie caído y atrofia muscular distal lentamente progresiva,
dando lugar a las «piernas en cigüeña». Posteriormente aparece atrofia de los
músculos intrínsecos de las manos.
Además existe un déficit de la sensibilidad vibratoria y termoalgésica con un patrón de distribución «en guante y calcetín». Los reflejos tendinosos profundos están abolidos.
En los miembros de la familia portadores sin afectación clínica
importante, los únicos signos pueden ser pies cavos o dedos en martillo en los
pies. Las velocidades de conducción nerviosa son lentas y las latencias
distales están prolongadas. Anatomopatológicamente existen desmielinización y
remielinización segmentarias. Los nervios periféricos engrosados a veces son
palpables. El trastorno progresa lentamente y no afecta a la esperanza de
vida. El tipo II sigue una evolución más lenta y la debilidad muscular suele
aparecer en una época más tardía de la vida. Los pacientes presentan una
velocidad de conducción relativamente normal, pero tienen una baja amplitud de
los potenciales evocados. La biopsia del nervio muestra una degeneración
walleriana.
Neuropatía hereditaria motora y sensitiva tipo III (neuropatía intersticial
hipertrófica, enfermedad de Dejerine-Sottas). Es un raro trastorno autosómico
recesivo que comienza en la infancia con debilidad muscular progresiva,
alteración de la sensibilidad y arreflexia. Inicialmente puede simular una
enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, pero la afectación motora progresa más
rápidamente que en aquella. La biopsia de nervio muestra desmielinización y
remielinización que dan lugar a un engrosamiento de los nervios periféricos
«en bulbo de cebolla».
La distribución característica de la debilidad muscular, las deformidades del
pie, los antecedentes familiares y las alteraciones electrofisiológicas
confirman el diagnóstico. Es posible el estudio genético de la enfermedad,
pero no existe un tratamiento específico. Puede ser útil el consejo
profesional a los pacientes jóvenes para prepararlos ante la progresión de la
enfermedad. Las medidas terapéuticas conservadoras consisten en refuerzos
ortopédicos para corregir el pie caído y en ocasiones la cirugía para la
estabilización ortopédica del pie.
NEUROFIBROMATOSIS
Conjunto de trastornos hereditarios autosómicos dominantes designados como
tipo 1 (neurofibromatosis periférica, enfermedad de von Recklinghausen) y el
tipo 2, menos frecuente (neurofibromatosis central), caracterizado por
neurinomas del acústico bilaterales.
El tipo 1 se transmite a través del cromosoma 17 y el tipo 2 con el cromosoma
22. En el tipo 1 existe una afectación o pérdida de las propiedades supresoras
tumorales de la neurofibromina.
Síntomas, signos y diagnóstico
En la neurofibromatosis tipo 1, un tercio de los pacientes son asintomáticos y
se identifican durante exploraciones de rutina, un tercio presenta
alteraciones cutáneas y el otro tercio tiene alteraciones neurológicas.
Las lesiones cutáneas características consisten en máculas similares a pecas
de color marrón claro (manchas café con leche) localizadas principalmente en
el tronco, pelvis y cara flexora de los codos y rodillas; estas manchas son
aparentes ya en el nacimiento o en la infancia en >90% de los pacientes. Los
tumores cutáneos del color de la piel, de varias formas y tamaños aparecen en
la infancia tardía; pueden existir desde unos pocos hasta varios miles. Más
raramente presentan nódulos subcutáneos por crecimiento amorfo de las células
de Schwann -dando lugar a estructuras irregularmente engrosadas y
distorsionadas (neuromas plexiformes)- o de los huesos subyacentes produciendo
deformidades a veces grotescas. Las alteraciones esqueléticas incluyen
displasia fibrosa, quistes óseos subperiósticos, vértebras festoneadas,
escoliosis, seudoartrosis y ausencia del ala mayor del esfenoides (pared
posterior de la órbita), con el consiguiente exoftalmos pulsátil.
Los neurofibromas (tumores formados por células de Schwann y fibroblastos
neurales) raramente aparecen antes de la pubertad y pueden notarse a lo largo
del trayecto subcutáneo de los nervios periféricos. Los neurofibromas pueden
afectar a las raíces espinales y crecen de forma característica a través de
los agujeros de conjunción formando una masa intra y extraespinal (tumores «en
pesas»). El componente intraespinal puede comprimir la médula. Los neuromas
plexiformes pueden afectar a los nervios periféricos produciendo déficit
distales a la lesión. Los tumores de los pares craneales incluyen gliomas
ópticos, que producen ceguera progresiva, y neurinomas acústicos (schwannoma
vestibular) que pueden dar lugar a vértigo, ataxia, cofosis y acufenos. Estos
trastornos generalmente son progresivos.
En la neurofibromatosis tipo 2 suelen existir neurinomas acústicos bilaterales
que suelen hacerse sintomáticos alrededor de los 20 años de edad. Los
familiares de los pacientes pueden presentar gliomas o meningiomas y algunos
padecen cataratas juveniles.
Ambos tipos pueden diagnosticarse en base a los criterios expuestos en la
tabla 183-3.
Tratamiento
Los neurofibromas que producen síntomas importantes pueden extirparse o
irradiarse, aunque la cirugía puede impedir la función del nervio afectado. No
existe ningún tratamiento general disponible. Es fundamental el consejo
genético.
SÍNDROME DE PROTEUS
Trastorno hereditario autosómico dominante caracterizado por macrocefalia,
lipomas, hemangiomas, asimetría de los miembros superiores o inferiores y pies
grandes y planos (pies en mocasín).
Este síndrome recibe su nombre por el dios griego Proteus, que se manifestaba
con diferentes formas. Su causa es desconocida. Otras manifestaciones incluyen
hipocalcemia, convulsiones y atrofia muscular. El tratamiento es sintomático.
TRASTORNOS DE LA TRANSMISIÓN NEUROMUSCULAR
La miastenia grave es el trastorno de la transmisión neuromuscular más
frecuente (v. más adelante).
El síndrome de Eaton-Lambert es un trastorno presináptico debido a alteración
de la liberación de acetilcolina de las terminaciones nerviosas (v.Síndromes
paraneoplásicos del SNC, cap. 177).
El botulismo también es secundario a una disminución de la liberación de
acetilcolina de las terminaciones presinápticas (v. cap. 28). La toxina
producida por las esporas de Clostridium botulinum se une a las prolongaciones
de la terminación colinérgica del nervio de forma irreversible. Como
consecuencia aparece debilidad muscular grave, a veces con compromiso
respiratorio, poco tiempo después de la ingestión de alimentos contaminados.
Existe una leve disminución de la respuesta a la estimulación repetitiva, pero
se produce un incremento pronunciado de la misma tras el ejercicio o con la
estimulación repetitiva rápida (a 20 Hz).
Algunos fármacos y tóxicos pueden bloquear la unión neuromuscular. Los
fármacos colinérgicos usados en el tratamiento de la miastenia grave, los
insecticidas organofosforados y muchos gases bloquean la transmisión
neuromuscular por depolarización de los receptores postsinápticos por un
exceso de acetilcolina. Ello da lugar a miosis, broncorrea y debilidad
muscular seudomiasténica. Los aminoglucósidos y los antibióticos
polipeptídicos disminuyen la liberación presináptica de acetilcolina y la
sensibilidad de la membrana postsináptica a la misma. Sobre todo con altos
niveles séricos, estos antibióticos pueden aumentar el bloqueo neuromuscular
en pacientes con defectos latentes o manifiestos de la transmisión
neuromuscular. El tratamiento prolongado con penicilamina puede producir un
síndrome reversible que recuerda clínica y electromiográficamente a la
miastenia grave. El tratamiento consiste en la retirada del fármaco o agente
tóxico y en el suministro de soporte respiratorio y cuidados intensivos. La
atropina, a dosis de 0,4 a 0,6 mg v.o. 3 veces al día, disminuye la secreción
bronquial en pacientes con hiperactividad colinérgica.
El síndrome del hombre rígido se caracteriza por el inicio insidioso de
rigidez progresiva del tronco y, en menor grado, de los miembros inferiores y
superiores. Los pacientes están, por lo demás, sanos y en la exploración sólo
se detecta hipertrofia y rigidez muscular. La EMG muestra sólo la actividad
eléctrica de la contracción normal. El síndrome puede ser autoinmune; se han
encontrado autoanticuerpos contra la decarboxilasa del ácido glutámico. Sólo
es posible un tratamiento sintomático. El diazepam es el único fármaco que
disminuye la rigidez muscular de manera consistente. Los resultados de la
plasmaféresis son objeto de discusión.
El síndrome de Isaac es un trastorno de causa desconocida que produce
predominantemente síntomas en las extremidades. Las alteraciones pueden
originarse en un nervio periférico, porque se anulan con curare y generalmente
persisten con la anestesia general.
El síntoma necesario para el diagnóstico es la mioquimia: pequeños espasmos musculares continuos descritos como movimientos en «bolsa de gusanos». Generalmente presentan también espasmo carpopedal, calambres intermitentes, aumento de la sudación y seudomiotonía (déficit de la relajación tras una contracción muscular mantenida pero sin «bombardeos»: la alteración electromiográfica característica de laverdadera miotonía). La carbamazepina o la difenilhidantoína pueden aliviar los síntomas.